Cuando el mercado laboral de la mayor economía del mundo tropieza, el oro recuerda su papel ancestral como refugio. La caída inesperada de 23,000 empleos en Estados Unidos durante julio reconfiguró las expectativas sobre la política monetaria de la Reserva Federal, empujando al metal precioso a su mejor semana en siete meses con ganancias superiores al 7%. En un mundo donde los rendimientos de otros activos se vuelven inciertos, el oro recupera su brillo no por capricho, sino por lógica: lo que no paga intereses se vuelve más valioso cuando los intereses dejan de importar.