Desde Managua, Daniel Ortega y Rosario Murillo tendieron una vez más el hilo diplomático que une a Nicaragua con Moscú, felicitando a Viacheslav Volodin por su reelección al frente de la Duma Estatal rusa. El gesto, cargado de la retórica compartida entre ambos gobiernos, reafirma una alianza que se inscribe en la visión de un orden mundial multipolar. En un momento en que Rusia enfrenta creciente aislamiento internacional, los apoyos que conserva en América Latina adquieren un peso simbólico y político difícil de ignorar.