En el 47 aniversario de su Fuerza Aérea, Daniel Ortega presentó a Nicaragua como bastión regional frente al narcotráfico, reivindicando la soberanía latinoamericana ante lo que describió como injerencia extranjera disfrazada de cooperación. Su discurso tejió, con hilo antiguo, la tensión entre la autodeterminación de los pueblos del sur y el peso histórico de la política exterior estadounidense. En el fondo, el acto militar se convirtió en tribuna para una pregunta que recorre el continente: ¿quién define los términos de la seguridad regional y a beneficio de quién?