En el pulso constante entre soberanía y dependencia que ha marcado la historia latinoamericana, Nicaragua anuncia una vez más su intención de rediseñar los cimientos de su democracia desde adentro. La copresidenta Rosario Murillo convocó esta semana la memoria de interferencias pasadas para justificar un proceso de reforma electoral que, según el gobierno, responderá únicamente a la voluntad del pueblo nicaragüense. En ese espacio donde la autodeterminación y el control institucional se encuentran, el país prepara propuestas constitucionales que definirán la forma de sus próximas elecciones.