En la primavera de 2024, un objeto del tamaño de un edificio impactó silenciosamente contra la Luna, dejando una herida de 222 metros que nadie presenció. Meses después, el investigador Robert Wagner descubrió esa cicatriz —bautizada cráter McGetchin— al revisar imágenes rutinarias del Orbitador de Reconocimiento Lunar de la NASA. Lo que encontró no es solo una rareza geológica que ocurre quizás una vez por siglo: es una ventana abierta al tiempo casi real de la formación del cosmos, y una guía para los humanos que pronto volverán a pisar ese suelo.
Nasa descubre cráter lunar 'McGetchin' de 222 metros, el más grande hallado en un siglo
Un impacto que ocurre una vez por siglo, capturado en imágenes de rutina
¿Por qué es tan importante descubrir un cráter que ya estaba allí desde 2024? Parece que simplemente no lo habían visto.
Exacto, pero lo importante no es que esté allí, sino que es el cráter nuevo más grande jamás descubierto en el sistema solar. Eso nos dice algo sobre qué tan raro es un impacto de esta magnitud.
Espera, ¿cuándo se formó exactamente? El artículo dice primavera de 2024, pero ¿cómo saben eso si no lo vieron ocurrir?
Buena pregunta. Los científicos lo datan por la apariencia fresca del cráter en las imágenes, pero tienes razón en ser escéptico. No hay confirmación directa de la fecha exacta.
¿Y por qué importa para las futuras misiones a la Luna? ¿Qué aprenden los astronautas de un cráter?
Aprenden cómo se comporta la superficie lunar bajo impacto, cómo cambia la composición del terreno, cómo se distribuye el calor. Todo eso es información que necesitan para sobrevivir y trabajar allá.
Pero McGetchin es un evento de una vez por siglo. ¿Cuánto de lo que aprenden de este cráter es realmente aplicable a lo que los astronautas enfrentarán en una misión?
Es un punto justo. Pero incluso los impactos pequeños, que ocurren ciento cuarenta veces al año, modifican la superficie. McGetchin es solo el ejemplo más dramático de un proceso constante.
¿Entonces la Luna sigue siendo un lugar peligroso?
Depende de la escala de tiempo. Para una misión de una semana, el riesgo de un impacto grande es prácticamente cero. Pero sí, la Luna está siendo constantemente bombardeada.
¿Y cómo saben que fue un asteroide o un cometa? ¿Encontraron restos?
No, es una inferencia basada en el tamaño del cráter y lo que sabemos sobre los objetos que viajan por el espacio. Pero tienes razón, no hay confirmación directa del tipo de objeto.
¿Qué es lo más sorprendente de este descubrimiento para ti?
Que después de diecisiete años observando la Luna, encontramos algo que los científicos describen como ocurriendo una vez por siglo. Significa que estamos viendo eventos realmente raros en tiempo casi real.
Il Polso
- Un impacto de magnitud centenaria sacudió la Luna en 2024 sin que nadie en la Tierra lo advirtiera en el momento, revelando cuán silenciosa puede ser la violencia cósmica.
- El cráter McGetchin, con 222 metros de diámetro, es veinticuatro veces más grande que los impactos que los científicos detectan habitualmente, rompiendo toda escala de referencia conocida para nuevos cráteres en el sistema solar.
- Las mediciones térmicas del instrumento Diviner revelaron una zona de casi seis kilómetros alrededor del cráter donde las temperaturas nocturnas son nueve grados más frías, añadiendo una capa de misterio geológico al hallazgo.
- El descubrimiento, publicado en Science Advances, transforma lo que parecía una observación rutinaria en un recurso científico crítico para las misiones tripuladas que Estados Unidos y China planean enviar a la Luna.
En la primavera de 2024, un objeto del tamaño de un edificio impactó silenciosamente contra la Luna, dejando una herida de 222 metros que nadie presenció. Meses después, el investigador Robert Wagner descubrió esa cicatriz —bautizada cráter McGetchin— al revisar imágenes rutinarias del Orbitador de Reconocimiento Lunar de la NASA. Lo que encontró no es solo una rareza geológica que ocurre quizás una vez por siglo: es una ventana abierta al tiempo casi real de la formación del cosmos, y una guía para los humanos que pronto volverán a pisar ese suelo.
En la primavera de 2024, un objeto del tamaño de un edificio de tres a seis pisos golpeó la superficie lunar sin testigos. Dejó una cicatriz de 222 metros de ancho. Nadie supo que había ocurrido hasta meses después, cuando Robert Wagner, investigador del Orbitador de Reconocimiento Lunar de la NASA, notó algo inesperado en imágenes de rutina: una mancha brillante rodeada por un halo oscuro. Así nació el cráter McGetchin.
El hallazgo fue catalogado como el cráter nuevo más grande jamás descubierto en el sistema solar y publicado en la revista Science Advances. Según la NASA, un impacto de esta magnitud ocurre en la Luna aproximadamente una vez por siglo. Mientras que la mayoría de los cráteres detectables tienen unos nueve metros de diámetro, McGetchin los supera veinticuatro veces, colocándolo en una categoría completamente distinta.
La Luna, sin atmósfera que frene o destruya los objetos que caen desde el espacio, es un archivo vivo de colisiones cósmicas. Desde 2009, el Orbitador de Reconocimiento Lunar ha identificado al menos mil nuevos cráteres, pero ninguno comparable a este. Lo que hace valioso a McGetchin no es solo su tamaño, sino la posibilidad de estudiar la formación de un cráter en tiempo casi real.
Las observaciones con el instrumento térmico Diviner añadieron otra dimensión al descubrimiento: existe una zona de unos seis kilómetros alrededor del cráter donde, durante la noche lunar, las temperaturas son nueve grados Celsius más bajas que en las áreas circundantes. Estos datos revelan cómo un impacto altera la composición y el comportamiento térmico del terreno.
El conocimiento generado por McGetchin no es solo académico. Tanto Estados Unidos como China desarrollan planes para misiones tripuladas a la Luna, y comprender cómo los impactos transforman la superficie lunar será fundamental para preparar a los astronautas que pronto volverán a caminar sobre ese suelo.
En la primavera de 2024, algo golpeó la Luna. Un objeto del tamaño de un edificio de tres a seis pisos de altura impactó contra la superficie lunar y dejó una cicatriz de 222 metros de ancho. Nadie lo vio llegar. Nadie supo que había ocurrido hasta meses después, cuando Robert Wagner, investigador del Orbitador de Reconocimiento Lunar de la NASA, estaba revisando imágenes de rutina y notó algo que no debería estar allí: una mancha brillante rodeada por un halo oscuro en la región lunar.
El cráter fue bautizado McGetchin, y su descubrimiento representa algo que los científicos describen como extraordinariamente raro. Según la NASA, un impacto de esta magnitud ocurre en la Luna aproximadamente una vez por siglo, o incluso con menor frecuencia. El hallazgo fue tan significativo que mereció publicación en la revista científica Science Advances el miércoles pasado, donde fue catalogado como el cráter nuevo más grande jamás descubierto en todo el sistema solar.
La Luna no es un lugar tranquilo. Durante más de diecisiete años, el Orbitador de Reconocimiento Lunar ha estado observando el satélite desde su órbita, registrando cómo la superficie cambia constantemente bajo el bombardeo del espacio. La sonda ha identificado al menos mil nuevos cráteres durante su misión, que comenzó en 2009. Pero McGetchin es diferente. Mientras que la mayoría de los impactos que los investigadores pueden detectar en las imágenes tienen unos nueve metros de diámetro, este cráter es veinticuatro veces más grande. Los científicos estiman que impactos capaces de producir cráteres de nueve metros generan alrededor de ciento cuarenta nuevas estructuras en la superficie lunar cada año. McGetchin pertenece a una categoría completamente distinta.
La Luna carece de atmósfera, lo que significa que los objetos que viajan desde el espacio no encuentran resistencia alguna. Caen sin obstáculos, sin que nada las frene o destruya antes de que toquen la superficie. Por eso la Luna es un registro vivo de impactos cósmicos, un archivo de colisiones que se remonta miles de millones de años atrás. Aunque el satélite alberga numerosos cráteres, muchos de ellos considerablemente más grandes que McGetchin, lo que hace valioso este descubrimiento es la oportunidad de estudiar la formación de un cráter en tiempo casi real.
Después de que Wagner identificara el cráter, los investigadores utilizaron el instrumento térmico Diviner para realizar observaciones adicionales. Las mediciones revelaron algo intrigante: existe un área de aproximadamente seis punto cuatro kilómetros de diámetro alrededor del cráter donde, durante la noche lunar, las temperaturas son unos nueve grados Celsius más bajas que en las zonas circundantes. Estos datos permiten a los científicos comprender mejor cómo los impactos modifican las características del terreno y cómo la superficie lunar evoluciona con el tiempo.
El equipo del Orbitador de Reconocimiento Lunar ha registrado alrededor de cien mil cambios en la superficie lunar relacionados con impactos de objetos o con los materiales expulsados después de una colisión. La mayoría de estas transformaciones son invisibles desde la órbita, dejadas por partículas tan pequeñas que sus marcas no pueden ser identificadas en las imágenes. Pero McGetchin es diferente. Es visible, es medible, y es un regalo científico para quienes planean llevar humanos de regreso a la Luna.
Tanto Estados Unidos como China están desarrollando planes para futuras misiones tripuladas al satélite. El conocimiento derivado del estudio de McGetchin, de cómo un impacto de esta magnitud transforma el terreno lunar, de cómo altera la composición de la superficie y la distribución del calor, será fundamental para preparar a esos astronautas. Cada detalle sobre la geología lunar, cada medición de cómo cambia el satélite, contribuye a una comprensión más profunda del entorno donde los humanos pronto volverán a caminar.
Citazioni salienti
Los científicos estiman que un impacto de esta magnitud ocurre en la Luna alrededor de una vez por siglo, o incluso más— NASA