En la Costa Brava, el 25 de julio, la presentadora Susanna Griso eligió unir su vida al empresario Luis Enríquez Nistal no con pompa ni protocolo, sino con la misma naturalidad con que se vive un buen verano entre amigos. En un tiempo en que las bodas de figuras públicas suelen convertirse en producciones mediáticas, Griso optó por la sencillez como acto deliberado y filosófico: sin tacones, sin exclusivas, sin solemnidad forzada. Su única declaración de intenciones fue tan honesta como reveladora: solo quería bailar.