Argentina transita una encrucijada entre los indicadores macroeconómicos que el Gobierno exhibe como señales de recuperación y la experiencia cotidiana de una ciudadanía que percibe su situación como deteriorada. En ese espacio de tensión, el sistema bancario acusa el peso de regulaciones que inflan artificialmente la morosidad, mientras los actores políticos —gobernadores del norte, peronismo y oficialismo— comienzan a posicionarse con vistas a las elecciones de 2027. Lo que se debate, en el fondo, es si un cambio proclamado como permanente puede sostenerse cuando la realidad vivida por la ma
Milei enfrenta morosidad bancaria y primeras alianzas electorales rumbo a 2027
La Argentina ya cambió. El cambio es permanente.
¿Por qué un tercio de la morosidad bancaria no es realmente morosidad?
Porque una regulación obliga a los bancos a castigar a clientes que están al día con ellos, solo porque tienen deuda en otro banco. Es como si te penalizaran por un problema que no tuviste con ese acreedor.
¿Y eso qué consecuencia tiene?
Los bancos tienen que apartar dinero para cubrir pérdidas que probablemente nunca ocurran. Eso significa menos crédito disponible para empresas y personas que podrían usarlo para invertir o consumir.
Entonces la regulación que intenta proteger el sistema lo está ahogando.
Exactamente. Es un efecto arrastre que contamina todo. Y en un momento donde la economía es volátil y la gente desconfía, menos crédito es lo último que necesitas.
¿Qué está pasando con los gobernadores del norte?
Están aprendiendo que el dinero del Tesoro Nacional ya no es suficiente moneda de cambio. Quieren negociar ley por ley, con beneficios reales para sus provincias. Es decir, quieren poder real, no migajas.
¿Eso significa que el Gobierno está perdiendo aliados?
No exactamente. Significa que los aliados están cobrando más caro. Y eso, en un año electoral, es un problema porque genera incertidumbre. Los inversores odian la incertidumbre.
¿Puede Milei ganar en 2027?
Si la economía mejora, sí. Pero la economía es un serrucho: sube, baja, sube, baja. Eso no genera confianza. Y la confianza es lo que necesita un Gobierno para ganar cuando la gente siente que su vida no cambió.
El Pulso
- La economía argentina oscila como un serrucho —creciendo y cayendo mes a mes— generando una incertidumbre que paraliza decisiones de empresarios e inversores.
- Un tercio de la morosidad bancaria no refleja impagos reales sino una regulación que arrastra la peor calificación crediticia de cada cliente a todos sus bancos, inmovilizando fondos que podrían destinarse a nuevo crédito.
- Los gobernadores del norte rompen con la lógica de los ATN y exigen negociar ley por ley, elevando el costo político de sus votos en un Congreso que el Gobierno necesita.
- Máximo Kirchner reconoce implícitamente la lógica electoral: si la economía mejora, Milei gana; si no mejora, la oposición tiene chances —una admisión que revela cuánto depende todo del rumbo económico.
- El Gobierno responde con confianza pública —Sturzenegger pronostica reelección, Daza declara que el cambio es permanente— pero esa certeza choca contra la percepción negativa que domina en la mayoría de los hogares argentinos.
Argentina transita una encrucijada entre los indicadores macroeconómicos que el Gobierno exhibe como señales de recuperación y la experiencia cotidiana de una ciudadanía que percibe su situación como deteriorada. En ese espacio de tensión, el sistema bancario acusa el peso de regulaciones que inflan artificialmente la morosidad, mientras los actores políticos —gobernadores del norte, peronismo y oficialismo— comienzan a posicionarse con vistas a las elecciones de 2027. Lo que se debate, en el fondo, es si un cambio proclamado como permanente puede sostenerse cuando la realidad vivida por la mayoría aún no lo confirma.
Argentina vive una doble realidad que no logra reconciliarse. El Gobierno de Javier Milei presenta datos de recuperación —la actividad creció 0,8% en junio y acumuló 1,9% en el primer semestre— pero la mayoría de los argentinos percibe su situación cotidiana como deteriorada: el consumo se resiente, el empleo es frágil y las expectativas se han oscurecido. Ningún dato estadístico parece capaz de cerrar esa brecha.
El patrón de crecimiento es errático: subas y caídas mes a mes que analistas describen como un comportamiento de 'serrucho'. Esa volatilidad alimenta la cautela de empresarios e inversores, quienes ponen sus decisiones en modo de espera mientras el horizonte político de 2027 se vuelve cada vez más relevante.
En el sistema financiero, un problema específico agrava el cuadro. Los bancos que cotizan en bolsa advierten a sus accionistas que aproximadamente un tercio de la mora reportada no proviene de clientes que realmente no pagan, sino de la Comunicación 'A' 7443: una regulación que obliga a aplicar la peor calificación crediticia de un cliente en todo el sistema, aunque con ese banco esté al día. El llamado 'efecto arrastre' obliga a inmovilizar fondos para previsionar préstamos que en muchos casos no son morosos, complicando la oferta de crédito nuevo en un momento en que la economía necesitaría estímulo.
En el plano político, los gobernadores de Misiones, Salta, Tucumán y Catamarca coordinan una estrategia común. Después de dos años de acuerdos basados en Aportes del Tesoro Nacional, anuncian que negociarán 'ley por ley', exigiendo beneficios concretos para sus provincias y elevando el precio de sus votos sin romper con el oficialismo ni pasar a la oposición.
Desde el peronismo, Máximo Kirchner formuló una lectura que resume la apuesta opositora: si la economía mejora, Milei gana la reelección; si no mejora, la oposición tiene chances. En el Gobierno, Federico Sturzenegger pronosticó la reelección de Milei y su viceministro de Economía, José Luis Daza, sintetizó la postura oficial con una frase: 'La Argentina ya cambió. El cambio es, creo yo, permanente'. Pero esa permanencia proclamada sigue chocando contra la experiencia cotidiana de la mayoría, en un país que aguarda señales más claras antes de decidir en qué dirección moverse.
La Argentina se debate entre dos realidades que no logran reconciliarse. Por un lado, el Gobierno libertario de Javier Milei presenta cifras de recuperación económica: la actividad creció 0,8% en junio respecto de mayo, y acumuló un avance de 1,9% en el primer semestre del año. Por el otro, la mayoría de los argentinos percibe su situación cotidiana como deteriorada. La capacidad de consumo se resiente, el empleo sigue siendo frágil, y las expectativas sobre el futuro personal y nacional se han oscurecido. Es una brecha que el relato oficial, por más datos estadísticos que esgrima, no logra cerrar.
Esa volatilidad económica—que analistas describen como un comportamiento de "serrucho"—marca el pulso de estos meses previos a las elecciones de 2027. La economía creció 0,3% en enero, cayó 2,5% en febrero, rebotó 2,6% en marzo, retrocedió 1,6% en abril, bajó 0,6% en mayo, y finalmente subió 0,8% en junio. Es un patrón que genera incertidumbre tanto en empresarios como en inversores, quienes comienzan a poner sus decisiones en modo de espera hasta tener claridad sobre el panorama político que se aproxima.
Un problema específico agrava la situación del sistema financiero: la morosidad bancaria. Los bancos que cotizan en bolsa han comenzado a revelar a sus accionistas que aproximadamente un tercio de la mora que reportan no proviene de clientes que realmente no pagan, sino de una regulación local que los obliga a aplicar la peor calificación crediticia que un cliente tenga en cualquier banco del sistema, incluso si con ellos está al día. La Comunicación "A" 7443, vigente desde hace años, genera lo que los analistas llaman un "efecto arrastre" que contamina todo el sistema. Los bancos deben inmovilizar fondos para previsionar préstamos que, en muchos casos, no son morosos. Esto complica la oferta de crédito nuevo en un momento en el que la economía necesitaría estímulo.
Mientras tanto, el mapa político se reordena. A poco más de un año de los comicios, los gobernadores del norte—Misiones, Salta, Tucumán y Catamarca—coordinan una estrategia común para ganar peso en las negociaciones con la Casa Rosada. Después de dos años de acuerdos basados en el reparto de Aportes del Tesoro Nacional, estos gobernadores buscan cambiar las reglas del juego. Ya no negociarán por ATN, sino "ley por ley", con beneficios concretos para sus provincias. No pretenden formar un bloque único ni pasar a la oposición, pero sí elevar el precio de sus votos frente a un Gobierno cuyas promesas, según ellos, ya no alcanzan.
En el peronismo, mientras tanto, hay señales de que la competencia electoral está comenzando a tomar forma. Máximo Kirchner, diputado de Unión por la Patria y referente de La Cámpora, soltó una frase curiosa sobre la posibilidad de que Milei logre la reelección: "Que la gana porque está bien la economía". Aclaró que no desea que le vaya mal al país, pero aseguró que será difícil que la realidad mejore con la actual política económica del Gobierno. Es una posición que reconoce la realidad electoral: si la economía mejora, Milei gana; si no mejora, la oposición tiene chances.
En el Gobierno, el ministro de Desregulación y Reforma del Estado, Federico Sturzenegger, insistió esta semana en defender el paquete de reformas impulsado por la administración y pronosticó que Milei será reelecto en 2027. Su viceministro de Economía, José Luis Daza, quien debió reemplazar a último momento al ministro Toto Caputo en una conferencia en el Hotel Alvear, dejó un mensaje que resume la apuesta oficial: "La Argentina ya cambió. El cambio es, creo yo, permanente".
Pero esa permanencia que el Gobierno proclama choca contra una realidad más volátil. Los empresarios y los inversores contemplan el escenario electoral con cautela. Las conversaciones sobre 2027 son cada vez más frecuentes, aunque pocas veces concluyentes. Lo que se dirime es poder, y esas tensiones tienen un impacto innegable en la economía, que amenaza con entrar en modo de espera hasta que el panorama político se aclare. En ese limbo, la morosidad bancaria sigue creciendo, la percepción de los argentinos sobre su situación sigue siendo negativa, y el relato oficial sigue chocando contra la experiencia cotidiana de la mayoría.
Citas Notables
La Argentina ya cambió. El cambio es, creo yo, permanente.— José Luis Daza, viceministro de Economía
Que la gane porque está bien la economía. Si no, pareciera que uno desea otra cosa.— Máximo Kirchner, diputado de Unión por la Patria