En la sede de Jesús María, veinticinco personas de seis países distintos cruzaron el umbral que separa la residencia de la pertenencia: Perú les extendió su nombre y ellos juraron honrarlo. La ceremonia, presidida por el superintendente Luis Fares Yunis Herrera, no fue solo un trámite burocrático, sino un recordatorio de que la ciudadanía es, en su esencia más profunda, un pacto de voluntad mutua entre el individuo y la comunidad que lo acoge. En un mundo donde los desplazamientos humanos redefinen constantemente las fronteras de la identidad, este acto reafirma que la nación se construye tamb