Friedrich Merz llegó a la cancillería alemana prometiendo estabilidad, pero nueve meses después su gobierno enfrenta una de las crisis de legitimidad más aceleradas en la historia política reciente de Alemania. Con un 88% de desaprobación ciudadana y probabilidades de destitución equiparables a las de completar su mandato, Merz encarna hoy la fragilidad de los liderazgos que no logran traducir expectativas en gobernanza efectiva. La crisis fronteriza Schengen se ha convertido en el espejo donde los alemanes ven reflejado no solo un problema migratorio, sino la pregunta más profunda sobre quién
Merz enfrenta caída política: su destitución es tan probable como completar su mandato
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