Matthei rechaza que cambiar la Constitución resuelva problemas de seguridad y cuestiona la suma urgencia con que el Ejecutivo ingresó la reforma al Senado. La exalcaldesa advierte sobre los riesgos de un estado de excepción de 120 días sin autorización previa del Congreso, donde el Presidente podría suspender libertades fundamentales.
Matthei rechaza reforma constitucional de seguridad de Kast: "Está totalmente equivocado"
Cambiecitos chiquititos después de dos reformas fracasadas
¿Por qué Matthei rechaza tan directamente una reforma que viene del propio Gobierno de su coalición?
Porque ve algo más allá del problema inmediato de seguridad. Para ella, normalizar cambios constitucionales para crisis políticas abre una puerta que después es difícil cerrar.
¿Cuál es su principal preocupación con el estado de excepción de 120 días?
Que el Presidente pueda ejercer facultades extraordinarias sin autorización previa del Congreso. Ella lo plantea así: ¿qué pasa si esas facultades caen en malas manos?
¿Esto es solo desacuerdo técnico o hay algo más político?
Es más profundo. Matthei está señalando que después de dos intentos fallidos de reforma constitucional, volver a modificar la Carta Fundamental para resolver problemas coyunturales es un mal precedente.
¿Cómo ha reaccionado el oficialismo a sus críticas?
Con dureza. Senadores como Rodolfo Carter la acusan de encontrarle siempre todo malo al Gobierno. Pero ella sigue hablando, ocupando un espacio que nadie más en la derecha está ocupando.
¿Qué rol juega Matthei en este momento político?
Es la voz incómoda de la derecha. La llaman la "Pepa Grilla" del Presidente porque aparece periódicamente para cuestionar decisiones desde adentro de la coalición.
Il Polso
- Matthei rechaza la reforma constitucional de seguridad ingresada con suma urgencia al Senado
- El nuevo estado de excepción permitiría 120 días sin autorización previa del Congreso
- El Presidente podría suspender libertades fundamentales durante ese período
- Dos procesos constitucionales previos han fracasado
Matthei rechaza que cambiar la Constitución resuelva problemas de seguridad y cuestiona la suma urgencia con que el Ejecutivo ingresó la reforma al Senado. La exalcaldesa advierte sobre los riesgos de un estado de excepción de 120 días sin autorización previa del Congreso, donde el Presidente podría suspender libertades fundamentales.
Evelyn Matthei critica directamente la reforma constitucional de seguridad impulsada por el Gobierno, cuestionando la concentración de facultades presidenciales y advirtiendo contra modificar la Carta Fundamental para resolver crisis políticas.
Evelyn Matthei volvió a colocarse el martes en el lugar incómodo que ha ocupado durante los primeros meses del Gobierno Kast: la voz de la derecha que cuestiona desde adentro. Esta vez su blanco fue directo: la reforma constitucional de seguridad que el Ejecutivo había ingresado al Senado apenas un día antes, con suma urgencia, para crear un nuevo estado de excepción que permitiera al Presidente enfrentar amenazas graves a la seguridad pública.
En Radio Pauta, la exalcaldesa fue tajante. "Si alguien cree que cambiando la Constitución se van a acabar los problemas de seguridad en Chile, está totalmente equivocado", dijo. Su objeción no era marginal. Cuestionó la propia velocidad con que La Moneda buscaba impulsar el cambio: "Le pusieron suma urgencia a un cambio en la Constitución, lo cual me parece raro". Y luego sentenció, sin ambigüedad: "Yo, por lo menos, no reformaría la Constitución".
El núcleo de su preocupación apuntaba a las facultades que la reforma entregaría al Presidente. El proyecto permitía declarar el nuevo estado de excepción por hasta 120 días sin necesidad de autorización previa del Congreso, con la posibilidad de prorrogarlo otros 120 días bajo las mismas condiciones. Solo las extensiones posteriores requerirían acuerdo parlamentario. Durante esos períodos, el Mandatario podría suspender o restringir la libertad personal y de locomoción, limitar derechos de reunión y asociación, interceptar comunicaciones y requisar bienes. Matthei vio en esa concentración de poder un riesgo sistémico. "¿Qué pasaría esto en malas manos?", preguntó retóricamente, y agregó una reflexión más profunda: "A mí no me gustaría nada estar en un gobierno que yo considerara así terrible y que tuviera este tipo de facultades".
Pero su crítica trascendía los detalles técnicos del nuevo estado de excepción. Matthei apuntó a algo más estructural: el patrón mismo de recurrir a reformas constitucionales para resolver crisis políticas. Después de dos procesos constitucionales fallidos, el Gobierno buscaba ahora hacer lo que ella llamó "cambiecitos chiquititos". Esa normalización le parecía peligrosa. "Parece tan absurdo que hayamos tenido dos reformas o dos intentos de reforma constitucional y los dos hayan fracasado, para después terminar haciendo estos cambiecitos chiquititos", disparó. Su advertencia apuntaba al futuro: abrir esa puerta significaba que cualquier problema en salud, educación o cualquier otra área podría terminar justificando la vía fácil de modificar la Carta Fundamental.
No era la primera vez que Matthei se enfrentaba con el corazón de la agenda de seguridad de Kast. La semana anterior había rechazado la posibilidad de desplegar militares en poblaciones, argumentando que ningún militar aceptaría eso y que el combate al crimen organizado debería concentrarse en herramientas operativas e inteligencia. Esa intervención ya había provocado una respuesta particularmente dura del senador Rodolfo Carter, quien la acusó de "encontrarle siempre todo malo" al Gobierno y de favorecer el discurso de la izquierda.
La arremetida de este martes, lejos de desescalar la tensión, reforzaba el rol que Matthei se había construido durante los primeros meses de la administración Kast. En junio, la analista Paula Walker la había bautizado como la "Pepa Grilla" del Presidente: una voz proveniente de la propia derecha que aparecía periódicamente para cuestionar decisiones de La Moneda. Sus intervenciones habían obligado al oficialismo a responderle una y otra vez.
Desde el lado del Gobierno, hubo intentos por cerrar filas. El presidente de la UDI, Guillermo Ramírez, había expresado inicialmente que el partido no podía apoyar una reforma que debilitara la institucionalidad, aunque el Ejecutivo posteriormente realizó ajustes. En Renovación Nacional, senadores como Andrés Longton habían calificado partes del cambio como "algo más simbólico", y diputados de la colectividad advirtieron que cualquier ampliación de atribuciones debía ser compatible con el Estado de Derecho. Matthei valoró que RN convocara a especialistas constitucionales para estudiar la propuesta, pero su mensaje fue claro: el problema de seguridad puede requerir nuevas herramientas, pero no justifica convertir la Constitución en el atajo para resolver cada emergencia política.
Citazioni salienti
Si alguien cree que cambiando la Constitución se van a acabar los problemas de seguridad en Chile, está totalmente equivocado— Evelyn Matthei
¿Qué pasaría esto en malas manos? A mí no me gustaría nada estar en un gobierno que yo considerara así terrible y que tuviera este tipo de facultades— Evelyn Matthei