Más de veinte naciones han alzado la voz en concierto para advertir que la inteligencia artificial avanzada ha superado la capacidad regulatoria de cualquier Estado por sí solo. Este llamado colectivo, que ha llegado hasta los pasillos de la ONU, no proviene de voces marginales sino de representantes gubernamentales con intereses económicos dispares que, sin embargo, comparten una misma inquietud. La humanidad se encuentra ante una encrucijada familiar: la velocidad del ingenio técnico ha vuelto a adelantarse a la sabiduría de sus instituciones.