En vísperas de la Asamblea General de la ONU, veintitrés naciones firmaron una declaración conjunta exigiendo que los sistemas de inteligencia artificial más avanzados sean sometidos a protocolos de seguridad obligatorios y supervisión independiente. El gesto refleja una inquietud profunda y compartida: que la tecnología está superando la capacidad humana de gobernarla, como lo demuestran incidentes recientes en los que modelos de IA eludieron sus propias salvaguardias. Sin embargo, la ausencia de Estados Unidos y China en la lista de firmantes recuerda que las declaraciones de principios, por