En las ciudades modernas, millones de personas viven como si cada jornada fuera una emergencia que no termina. La psiquiatra Marian Rojas observa en su consulta un patrón que la medicina ya no puede ignorar: el cuerpo humano, diseñado para el estrés breve y la recuperación, está siendo sometido a una tensión sin pausa que lo desgasta desde adentro. Su advertencia no es un llamado al reposo absoluto, sino a recuperar el ritmo que la biología siempre supo que éramos capaces de sostener.
Marian Rojas advierte: vivimos en modo sprint cuando la vida es una carrera de fondo
Vivimos en modo sprint cuando la vida es una carrera de fondo
¿Por qué Rojas insiste tanto en esta distinción entre sprint y carrera de fondo? ¿No es solo una forma bonita de decir que vivimos demasiado rápido?
Es más que eso. La metáfora funciona porque describe exactamente lo que sucede en el cuerpo. Un sprint requiere todo tu esfuerzo durante segundos o minutos. Una carrera de fondo requiere ritmo, paciencia, gestión de energía. Rojas está diciendo que hemos confundido el tipo de carrera en la que estamos.
Pero aquí hay una pregunta sin responder: ¿cuánto de esto es elección individual y cuánto es estructura? Si tu trabajo exige respuestas inmediatas, si tu economía depende de estar siempre disponible, ¿de verdad puedes simplemente decidir frenar?
Ese es el punto incómodo. Rojas habla de cronopatía como si fuera un problema individual de gestión, pero la sociedad ha construido sistemas que hacen que sea casi imposible no vivir así.
¿Y el cortisol? ¿Eso es verificable o es una simplificación?
Es real. El cortisol es una hormona medible. Lo que es menos claro es cuánto de nuestro malestar actual viene específicamente del cortisol elevado versus otros factores. Rojas lo usa como explicación, pero es una pieza del rompecabezas, no el rompecabezas completo.
Aun así, la recomendación es sólida: necesitamos momentos de desconexión real. Eso no depende de si el cortisol es la causa única o una causa entre varias.
¿Entonces qué hace alguien que vive en una ciudad, con un trabajo exigente, con responsabilidades?
Esa es la pregunta que el artículo no responde completamente. Dice qué hacer, pero no cómo hacerlo cuando todo el sistema presiona en la dirección opuesta.
Der Puls
- La psiquiatra Marian Rojas alerta que vivir en estado de alerta permanente no es productividad, es agotamiento disfrazado de normalidad.
- El cortisol, hormona del estrés diseñada para amenazas breves, permanece elevado semana tras semana en millones de personas sin que el peligro real desaparezca jamás.
- La sociedad ha convertido incluso el descanso en una obligación: vacaciones planificadas como proyectos, fines de semana llenos de tareas, tiempo libre medido y optimizado.
- Rojas acuña el término 'cronopatía' para nombrar esa incapacidad creciente de frenar, un fenómeno que la OMS ya vincula con el deterioro físico y mental sostenido.
- La salida no es eliminar el estrés sino aprender a reconocer cuándo el cuerpo puede recuperar la calma, y hacerlo con intención y sin culpa.
En las ciudades modernas, millones de personas viven como si cada jornada fuera una emergencia que no termina. La psiquiatra Marian Rojas observa en su consulta un patrón que la medicina ya no puede ignorar: el cuerpo humano, diseñado para el estrés breve y la recuperación, está siendo sometido a una tensión sin pausa que lo desgasta desde adentro. Su advertencia no es un llamado al reposo absoluto, sino a recuperar el ritmo que la biología siempre supo que éramos capaces de sostener.
La psiquiatra Marian Rojas ha identificado un patrón que reconocerá cualquiera que viva en una ciudad contemporánea: estamos corriendo como si cada día fuera una carrera de velocidad, cuando la vida debería ser un maratón. El problema no es el estrés en sí, sino haber normalizado una existencia de emergencia permanente, donde las prisas y los estímulos constantes ocupan la atención desde que amanece hasta que cae la noche.
Para describir este fenómeno, Rojas ha acuñado el término «cronopatía»: esa incapacidad creciente para frenar y desconectar. Lo que observa en su práctica clínica es que la sociedad no solo vive deprisa, sino que ha transformado el descanso en otra obligación. Los fines de semana se llenan de tareas. Las vacaciones se planifican como proyectos. El tiempo libre se mide y se optimiza. No queda espacio para simplemente estar.
El organismo humano fue diseñado para responder ante el estrés puntual: el cortisol se dispara ante una amenaza real, el cuerpo actúa, el peligro pasa y la calma regresa. Pero en la vida moderna la sensación de amenaza nunca cesa. El correo sigue llegando, las notificaciones no se detienen, las responsabilidades se acumulan. El cortisol permanece elevado día tras día, y el cuerpo se desgasta.
La Organización Mundial de la Salud reconoce que cierto nivel de tensión es natural e incluso necesario. Pero cuando esa respuesta se vuelve excesiva y permanente, el bienestar físico y mental se deteriora. Lo que Rojas propone no es suprimir el estrés, sino aprender a reconocer cuándo es posible recuperar la calma y hacerlo con deliberación: mantener rutinas que anclen el día, descansar sin culpa, crear momentos de desconexión real. No son consejos de lujo, son recomendaciones médicas. La pregunta que deja en el aire es si nuestra sociedad está dispuesta a ralentizar lo suficiente para escucharlas.
La psiquiatra Marian Rojas ha identificado un patrón que reconocerá cualquiera que viva en una ciudad moderna: estamos corriendo como si cada día fuera una carrera de velocidad, cuando la vida entera debería ser un maratón. El problema no es el estrés en sí mismo, sino la forma en que hemos normalizado una existencia de emergencia permanente, donde las prisas, las obligaciones y los estímulos constantes mantienen nuestra atención ocupada desde que nos despertamos hasta que nos dormimos.
Rojas, especializada en salud mental, ha acuñado un término para describir este fenómeno: la «cronopatía», esa incapacidad creciente para frenar y desconectar. Lo que observa en su trabajo es que la sociedad actual no solo vive deprisa, sino que ha convertido incluso el descanso en otra obligación más. El fin de semana se llena de tareas pendientes. Las vacaciones se planifican como si fueran proyectos de trabajo. Incluso el tiempo libre se mide y se optimiza. No hay espacio para simplemente estar.
La metáfora del sprint frente a la carrera de fondo revela algo fundamental sobre cómo funciona nuestro cuerpo. El organismo humano está diseñado para responder ante situaciones puntuales de estrés: el cortisol, esa hormona que prepara al cuerpo para la acción, se dispara cuando hay una amenaza real e inmediata. Pero ese mecanismo fue pensado para duraciones cortas. Un depredador aparece, huimos, el peligro pasa, el cuerpo se relaja. El problema de la vida moderna es que la sensación de amenaza nunca termina. El correo electrónico sigue llegando. Las redes sociales siguen notificando. Las responsabilidades siguen acumulándose. El cortisol permanece elevado, día tras día, semana tras semana.
La Organización Mundial de la Salud reconoce que el estrés es una respuesta natural ante las dificultades, incluso necesaria. Cierto nivel de tensión nos ayuda a enfrentar desafíos, a mantener el enfoque, a actuar cuando es necesario. Pero cuando esa respuesta se vuelve excesiva y permanente, afecta tanto al bienestar físico como al mental. El cuerpo se desgasta. La mente se fatiga. La salud se deteriora.
Lo que Rojas propone no es eliminar el estrés por completo, algo imposible e innecesario. Es aprender a reconocer cuándo la situación permite recuperar la calma, y hacerlo deliberadamente. Mantener rutinas que anclen el día. Descansar sin culpa. Crear momentos de desconexión real, no simulada. Permitirse estar sin hacer. Estas no son sugerencias de lujo para quienes tienen tiempo libre; son recomendaciones médicas para quienes quieren seguir siendo funcionales, presentes y sanos. La pregunta que Rojas deja en el aire es si nuestra sociedad está dispuesta a ralentizar lo suficiente para escuchar la respuesta.
Bemerkenswerte Zitate
Vivimos en modo sprint y la vida es una carrera de fondo— Marian Rojas, psiquiatra
La sociedad actual ha normalizado un ritmo de vida en el que incluso el descanso puede convertirse en otra obligación— Análisis de Rojas sobre la cronopatía