Madrid libera diez zonas de restricciones tras mejora epidemiológica

Comerciantes y hosteleros han sufrido pérdidas significativas de ingresos durante meses de restricciones, con reducciones de producción del 40% reportadas en algunos negocios.
Solo puede venir la gente del barrio y no van a comer lo mismo todos los días
Un empleado de restaurante describe cómo las restricciones de movilidad devastaron los negocios locales.

A mediados de noviembre de 2020, Madrid comenzó a desandar, con cautela, el camino del confinamiento. Diez zonas básicas de salud vieron levantadas sus restricciones de movilidad tras lograr reducir sus contagios de COVID-19 en más de la mitad, una señal de que el esfuerzo colectivo de semanas podía, al fin, traducirse en libertad recuperada. Para comerciantes, hosteleros y vecinos que habían visto sus vidas y sus economías contraídas durante meses, la noticia era un respiro real, aunque las autoridades recordaban que la prudencia seguía siendo la única vacuna disponible.

  • Diez zonas de Madrid —entre ellas Puente de Vallecas, Villaverde y Torrejón de Ardoz— quedan desconfinadas desde el lunes, tras superar el umbral del 50% de reducción de casos exigido por las autoridades sanitarias.
  • Negocios como barberías y restaurantes habían visto caer su facturación hasta un 40%, atrapados entre clientes que no podían cruzar las fronteras del barrio y una clientela local incapaz de sostener el ritmo habitual.
  • La incidencia regional de 328 casos por 100.000 habitantes en 14 días sitúa a Madrid por debajo de la media nacional de 504, un dato que respalda la decisión pero que las autoridades no quieren que se interprete como victoria definitiva.
  • El viceconsejero Antonio Zapatero advierte que el toque de queda, los límites de aforo y los horarios restringidos permanecen intactos en toda la región, y que las cifras absolutas siguen siendo demasiado altas para bajar la guardia.
  • Madrid ya contempla endurecer su propio criterio de desconfinamiento, bajando el objetivo de 500 a 300 casos por 100.000 habitantes, lo que anticipa que la reapertura será lenta y condicionada.

A mediados de noviembre de 2020, la Comunidad de Madrid decidió levantar las restricciones de movilidad en diez zonas básicas de salud que habían logrado reducir sus contagios de COVID-19 en más del 50 por ciento. Las áreas liberadas abarcaban municipios de la periferia y distritos de la capital —Torrejón de Ardoz, Parla, Guadarrama, Villaverde, Puente de Vallecas y Moratalaz—, y a partir de la medianoche del lunes siguiente, sus residentes podrían moverse sin las limitaciones que habían marcado su vida cotidiana durante meses.

Para quienes trabajaban en esos barrios, el alivio era real pero contenido. Rubén, empleado en un restaurante de Puente de Vallecas, explicaba que los fines de semana habían sido especialmente duros: su clientela venía de otros barrios y las restricciones la habían mantenido lejos. Abner, propietario de una barbería en la misma zona, había reorganizado su negocio abriendo los sábados para captar vecinos locales, pero aun así su producción cayó un 40 por ciento, pues la mayoría de sus clientes habituales procedían de Barajas, Móstoles y Rivas. Natalia, residente de Peña Prieta, ya tenía una lista de exposiciones que planeaba visitar en cuanto su zona quedara libre: el ocio, prácticamente inexistente durante el confinamiento, volvía a ser una posibilidad.

La incidencia acumulada regional había descendido a 328 casos por 100.000 habitantes en catorce días, por debajo de la media nacional de 504. Sin embargo, el viceconsejero de Salud Pública, Antonio Zapatero, pidió extremar la prudencia: el toque de queda seguía vigente en toda la región, al igual que las limitaciones de aforo y horarios en establecimientos. Madrid, que inicialmente se había fijado el objetivo de 500 casos por 100.000 habitantes para flexibilizar medidas, ya consideraba bajar ese umbral hasta 300, señal de que la reapertura sería gradual y vigilada. Las cifras mejoraban, pero no era momento de relajarse.

A mediados de noviembre de 2020, Madrid comenzaba a respirar un poco más fácil. La Comunidad había decidido levantar las restricciones de movilidad en diez zonas básicas de salud tras semanas de descenso sostenido en los casos de COVID-19. Para los comerciantes y hosteleros que habían soportado meses de confinamiento, la noticia llegaba como un salvavidas.

La incidencia acumulada en la región había caído a 328 casos por 100.000 habitantes en los últimos catorce días, por debajo de la media nacional de 504. Este descenso consistente fue lo que llevó a las autoridades sanitarias a tomar la decisión de desconfinar aquellas zonas que habían logrado reducir sus contagios en más del 50 por ciento. Las diez áreas liberadas se distribuían entre varios municipios de la periferia y varios distritos de la capital: Torrejón de Ardoz, Parla, Guadarrama, y en Madrid ciudad, zonas de Villaverde, Puente de Vallecas y Moratalaz. A partir de la medianoche del lunes siguiente, sus residentes podrían moverse sin las limitaciones que habían marcado sus vidas durante tanto tiempo.

Para quienes trabajaban en esos barrios, el alivio era palpable pero también cauteloso. Rubén, empleado en un restaurante de pollo en Puente de Vallecas, explicaba cómo los fines de semana habían sido particularmente duros. Sus clientes provenían mayormente de otros barrios, y con las restricciones de movilidad, su negocio se había visto reducido a los vecinos locales, quienes no podían consumir todos los días al mismo ritmo. Abner, propietario de una barbería en la misma zona, había tenido que reorganizar completamente su operación: abrió los sábados con la esperanza de atraer a más gente del barrio, pero aun así vio caer su producción un 40 por ciento. La mayoría de sus clientes habituales venían de otras zonas como Barajas, Móstoles y Rivas, y durante el confinamiento había perdido innumerables citas.

La medida también representaba un retorno a la vida social que muchos echaban de menos. Natalia, residente de Peña Prieta, había estado acostumbrada a frecuentar el centro de la ciudad antes de las restricciones. Ahora, con la liberación de su zona, ya tenía una lista de exposiciones que planeaba visitar en los días siguientes. El ocio, que había sido prácticamente inexistente en los barrios confinados, volvía a ser una posibilidad.

Aunque el panorama mejoraba, las autoridades no querían que la sociedad bajara la guardia. El viceconsejero de Salud Pública, Antonio Zapatero, enfatizó que el 98 por ciento de las zonas básicas había visto reducidos sus casos en la última semana, pero pidió extremar la prudencia. El toque de queda seguía vigente en toda la región, al igual que las limitaciones de aforo y horarios en establecimientos. Madrid se había fijado inicialmente el objetivo de alcanzar 500 casos por 100.000 habitantes, pero ya estaba considerando bajar hasta 300. Sin embargo, Zapatero fue claro: las cifras seguían siendo muy altas, y no era momento de relajarse. La ventilación natural de espacios cerrados seguía siendo una recomendación fundamental, y las salidas debían limitarse a lo imprescindible.

Un día vendes bien, pero al siguiente no ganas nada porque, al final, solo puede venir la gente del barrio
— Rubén, empleado de restaurante en Puente de Vallecas
No nos relajemos porque las cifras siguen siendo muy altas
— Antonio Zapatero, viceconsejero de Salud Pública
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué fue tan importante para los comerciantes que se levantaran estas restricciones específicamente?

Model

Porque durante meses, sus clientes no podían llegar hasta ellos. Un restaurante o una barbería dependen de gente que viene de otros barrios, de otros distritos. Cuando cierras la movilidad, cierras también tu negocio, aunque técnicamente estés abierto.

Inventor

¿Qué significa una caída del 40 por ciento en producción para un barbero pequeño?

Model

Significa que trabajas más horas por menos dinero. Abner abrió los sábados, cambió sus horarios, hizo todo lo posible. Pero si pierdes el 40 por ciento de tus ingresos durante meses, estás al borde del colapso financiero.

Inventor

¿Por qué las autoridades pidieron prudencia justo después de anunciar la buena noticia?

Model

Porque 328 casos por 100.000 habitantes sigue siendo alto. Es mejor que 504, pero no es seguro. Querían evitar que la gente interpretara el desconfinamiento como que todo estaba resuelto.

Inventor

¿Qué pasaba con las otras 23 zonas que no fueron liberadas?

Model

Seguían confinadas. Esto no fue un desconfinamiento general. Fue quirúrgico: solo las zonas que habían bajado más del 50 por ciento. Los otros barrios tenían que esperar más.

Inventor

¿Cómo cambió esto la vida cotidiana de la gente?

Model

Para algunos, como Natalia, significaba poder volver al centro, visitar exposiciones, recuperar la vida cultural. Para otros, simplemente poder ir a comer fuera del barrio. Eran libertades pequeñas que habían desaparecido.

Want the full story? Read the original at ABC ↗
Contact Us FAQ