Pedro Gil Gregorio advierte sobre el abuso de ansiolíticos en mayores: generan dependencia y deterioro cognitivo

Las personas mayores con ansiedad no diagnosticada sufren deterioro cognitivo acelerado, caídas por medicación inadecuada y aislamiento social que afecta su calidad de vida y autonomía.
Un ansiolítico no es un paracetamol. Generan dependencia y aumentan el riesgo de caídas.
Advertencia del geriatra sobre el abuso de medicamentos ansiolíticos en personas mayores.

La ansiedad en mayores se manifiesta a través de síntomas físicos como insomnio y preocupación excesiva por la salud, no como inquietud verbal, lo que dificulta su detección. El edadismo sanitario normaliza patologías tratables como la ansiedad, retrasando diagnósticos y permitiendo que afecten negativamente a la memoria y autonomía del paciente.

  • La ansiedad en mayores se manifiesta a través de síntomas físicos como insomnio y preocupación por la salud, no como inquietud verbal
  • Los ansiolíticos aumentan el riesgo de caídas y deterioro cognitivo en personas mayores
  • El edadismo sanitario normaliza patologías tratables, retrasando diagnósticos hasta años después

El geriatra Pedro Gil Gregorio advierte sobre la infradiagnosis de ansiedad en personas mayores, confundida con envejecimiento normal, y alerta sobre el abuso de ansiolíticos que generan dependencia y aumentan riesgo de caídas y deterioro cognitivo.

La población envejece más rápido de lo que la sociedad logra comprenderla. En ese desfase, patologías vinculadas a la vejez —especialmente las que tocan la salud mental— permanecen invisibles, confundidas con el paso de los años o simplemente ignoradas. La ansiedad en personas mayores es quizá el ejemplo más claro de este silencio.

Pedro Gil Gregorio, uno de los referentes de la geriatría española, lleva décadas señalando este fenómeno. Su carrera clínica, investigadora y docente ha estado marcada por un objetivo: mejorar la calidad de vida en la vejez mediante diagnósticos más precisos y una comprensión más amplia del envejecimiento. Doctor Cum Laude por la Universidad Complutense de Madrid, ha integrado la Comisión Nacional de la Especialidad, el Comité Evaluador del Fondo de Investigaciones Sanitarias y el Comité Científico de la Fundación Reina Sofía. Hoy, como coordinador del Foro de Ansiedad y Cronicidad, insiste en la necesidad de cambiar el enfoque. Para Gil Gregorio, el edadismo sigue siendo una barrera clave en la atención sanitaria. Muchas patologías del anciano, como la ansiedad, se detectan tarde porque no hay reconocimiento temprano, porque la niebla de la edad y el edadismo impiden ver situaciones patológicas que sí son tratables. El problema no es solo clínico, sino cultural: tendemos a normalizar el malestar emocional en los mayores, restándole importancia.

La ansiedad en personas mayores no se expresa como en otros grupos de edad. Rara vez alguien dirá directamente "estoy ansioso". En cambio, aparece a través de síntomas físicos: insomnio, fatiga, inquietud, preocupación excesiva por la salud. En pacientes con enfermedades crónicas, estos síntomas se mezclan con los de la propia patología, lo que dificulta aún más su detección. Los profesionales sanitarios deben observar señales indirectas: aumento de consultas médicas sin causa clara, evitación de actividades habituales, cambios en el sueño, irritabilidad. Hacer preguntas abiertas sobre el descanso, el miedo a la evolución de la enfermedad o la anticipación de revisiones médicas facilita que el paciente exprese inquietudes que no había identificado como ansiedad.

La relación entre ansiedad y deterioro cognitivo es estrecha. En fases iniciales de deterioro cognitivo o enfermedades neurodegenerativas, la ansiedad es frecuente. El paciente percibe cambios en su memoria o autonomía y eso genera preocupación. A su vez, la ansiedad empeora el rendimiento cognitivo, creando un círculo vicioso. Afecta a la atención y a la memoria inmediata. Cuando una persona está preocupada de forma constante, le cuesta concentrarse y retener información. A nivel fisiológico, la ansiedad aumenta el cortisol, lo que afecta negativamente al cerebro y puede agravar el deterioro cognitivo. Por eso es fundamental valorar el estado emocional en pacientes con quejas de memoria.

El sistema sanitario, sin embargo, ha priorizado históricamente los parámetros físicos: síntomas, analíticas, evolución funcional. La dimensión emocional ha quedado en segundo plano, en parte porque no siempre se dispone de herramientas sencillas para evaluarla en consulta. Esto hace que muchas veces no se registre ni se trate adecuadamente. La ansiedad en pacientes crónicos es muy frecuente pero está infradiagnosticada. No se identifica ni se registra de forma sistemática, lo que hace que su prevalencia real esté probablemente infravalorada. El Foro de Ansiedad y Cronicidad está diseñando un estudio de prevalencia en pacientes ambulatorios mediante cuestionarios de cribado rápido para cuantificar la ansiedad, identificar barreras diagnósticas y entender mejor cómo afecta a la evolución clínica y a la calidad de vida.

Cuando se trata la ansiedad, el enfoque debe ser combinado: apoyo psicológico, intervenciones no farmacológicas y, si es necesario, tratamiento farmacológico. El ejercicio físico, la estimulación cognitiva, la participación social y las rutinas ayudan a mejorar el estado de ánimo y reducir la ansiedad. Refuerzan la autonomía y el control, que son claves en el bienestar emocional. Sin embargo, existe un abuso importante de ansiolíticos. Se han banalizado, pero un ansiolítico no es un paracetamol. Generan dependencia y en mayores aumentan el riesgo de caídas y deterioro cognitivo. Dado que los reflejos ya son más lentos por la edad, el uso de estos fármacos incrementa considerablemente el riesgo de accidentes, lo que puede desencadenar un efecto en cadena con consecuencias graves. Existen alternativas: intervenciones no farmacológicas y, en casos leves, la fitoterapia, como los extractos de lavanda o de hierba de San Juan. Tienen un efecto calmante y no presentan los efectos secundarios de los ansiolíticos, aunque no son tan eficaces de forma inmediata.

El sistema sanitario enfrenta un déficit de formación, especialmente en lo relacionado con la atención a personas mayores. Durante la formación médica, estas patologías no han tenido el peso suficiente. Además, la geriatría no siempre resulta atractiva para los profesionales, lo que contribuye a que el sistema no esté plenamente preparado para el envejecimiento de la población. Los cambios necesarios pasan por mejorar la formación, la educación sanitaria y el acceso a información rigurosa. Y, sobre todo, integrar la dimensión emocional en la atención al paciente mayor. El principal reto es dejar de normalizar lo que no es normal. Muchas patologías del anciano se detectan tarde porque el edadismo impide reconocerlas a tiempo.

Muchas patologías del anciano, como la ansiedad, se detectan tarde porque el edadismo impide reconocerlas a tiempo
— Pedro Gil Gregorio, geriatra y coordinador del Foro de Ansiedad y Cronicidad
La ansiedad afecta a la atención y a la memoria inmediata. Cuando una persona está preocupada de forma constante, le cuesta concentrarse y retener información
— Pedro Gil Gregorio
The Hearth Conversation Another angle on the story
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¿Por qué la ansiedad en mayores se confunde tanto con el envejecimiento normal?

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Porque los síntomas no son verbales. Un joven dirá "estoy ansioso". Un mayor muestra insomnio, fatiga, preocupación por la salud. Eso parece "normal" a esa edad, así que nadie lo cuestiona.

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¿Y eso tiene consecuencias reales?

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Graves. La ansiedad no tratada empeora la memoria, aumenta el cortisol en el cerebro, acelera el deterioro cognitivo. Además, si se medica con ansiolíticos, el riesgo de caídas se dispara. Un anciano que cae puede perder autonomía para siempre.

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Mencionó que existe un abuso de ansiolíticos. ¿Por qué se prescriben tanto?

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Es más rápido. En una consulta de diez minutos, es más fácil dar una pastilla que explicar técnicas de relajación, ejercicio físico o cambios en el estilo de vida. Pero eso es un error. Los ansiolíticos generan dependencia y no resuelven el problema de fondo.

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¿Cuál sería el enfoque correcto?

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Combinado. Apoyo psicológico, estimulación cognitiva, ejercicio, participación social. Si es necesario, fitoterapia. Los ansiolíticos solo en casos graves, y siempre evaluando el riesgo individual. La autonomía y el control son lo que realmente mejora el bienestar emocional.

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¿Qué papel juega el edadismo en todo esto?

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Es la raíz del problema. Cuando un médico ve a un anciano con síntomas de ansiedad, tiende a pensar "es normal a su edad". Eso retrasa el diagnóstico. Y un diagnóstico tardío significa que la ansiedad ya ha dañado la memoria, la autonomía, la calidad de vida.

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¿Está el sistema sanitario preparado para cambiar esto?

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No. Falta formación, falta tiempo, faltan recursos. La geriatría no atrae a los profesionales jóvenes. Pero es urgente. La población envejece más rápido que nuestra capacidad de entenderla.

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