En el cruce entre la diplomacia comercial y la narrativa ambiental, el presidente brasileño Lula eligió distinguir entre el líder y su funcionario: respetó a Trump, pero acusó a Marco Rubio de ser un 'latinoamericano frustrado' que sabotea el entendimiento entre las dos mayores democracias del hemisferio. El detonante fue un arancel del 25% impuesto por Washington sobre importaciones brasileñas, justificado en parte con argumentos ambientales que Lula rechaza con datos propios: una caída del 37% en alertas de deforestación amazónica. Lo que se disputa no es solo el comercio, sino quién tiene d