En el cruce entre la biología y la cotidianidad doméstica, la genética revela por qué casi todos los gatos de tres colores son hembras: el gen del pelaje naranja vive en el cromosoma X, y solo quienes poseen dos de ellos pueden albergar simultáneamente dos versiones del color. Los machos tricolores existen, pero como excepciones cromosómicas que la naturaleza rara vez permite. La ciencia, que tardó más de un siglo en descifrar este misterio, también nos recuerda que el color del pelaje no escribe el carácter de un animal.