Un jefe de Estado español no visitaba estas ciudades desde 1927; la última visita real en 2007 provocó una crisis diplomática de dos meses con Marruecos. Marruecos mantiene ambiciones territoriales sobre Ceuta y Melilla y aprovecha momentos de debilidad española; el gobierno de Sánchez enfrenta críticas por su gestión diplomática.
Los Reyes en Ceuta: ¿acierto diplomático o trampa política?
Un jefe de Estado no puede pisar una ciudad de su Estado
¿Por qué un rey no puede simplemente visitar sus propias ciudades sin que sea un problema internacional?
Porque Marruecos lo interpreta como una provocación. Cuando Juan Carlos I fue en 2007, Mohamed VI retiró al embajador y rompió relaciones durante dos meses. Es una lógica extraña, pero así funciona.
Aunque hay que decir que eso fue hace casi veinte años. ¿Sabemos realmente cómo reaccionará Mohamed VI ahora? El artículo dice que nadie sabe si esto es un acierto o una trampa, pero eso significa que el gobierno tampoco tiene claridad.
¿Qué ha hecho el gobierno de Sánchez para preparar esto?
Aparentemente, poco. El ministro de Exteriores dice que está en diálogo permanente con Marruecos, pero sus promesas anteriores no se han cumplido. Las aduanas siguen cerradas, los migrantes devueltos tras la invasión de julio no llegaron como se anunció.
Exacto. El artículo critica al gobierno por "servilismo diplomático", pero no especifica qué debería haber hecho diferente. ¿Debería haber negociado más duramente? ¿Reforzado la frontera? No queda claro.
¿Hay algo político en el timing de esta visita?
Sí. Sánchez anunció la visita cuestionando públicamente al Rey: "¿Cuántas veces ha ido a Ceuta o Melilla?" Esto fue después de que su ministro atacara a la Casa Real por una fotografía. Parece que el gobierno está usando la visita para recuperar iniciativa política.
Pero el artículo también dice que Felipe VI solo dijo que fue "una inaceptable violación de la frontera", lo cual parece una respuesta razonable a lo que el propio Sánchez llamó "un ataque". ¿Realmente fue una extralimitación del Rey o el gobierno está siendo hipersensible?
¿Cuál es el verdadero riesgo aquí?
Que Marruecos use la visita como excusa para otra crisis diplomática, o peor, para nuevos intentos de invasión. Marruecos nunca ha renunciado a sus ambiciones sobre Ceuta y Melilla, y aprovecha los momentos de debilidad española.
Aunque el artículo también reconoce que esto ha sido así durante décadas, incluso bajo Franco. No es algo nuevo. Lo que sí es nuevo es que ha habido dos invasiones masivas de migrantes en cinco años. Eso sugiere que algo ha cambiado en la dinámica, pero el artículo no explora qué.
Le Pouls
- Alfonso XIII fue el último jefe de Estado español en visitar Ceuta y Melilla, en 1927
- La visita de Juan Carlos I en 2007 provocó una crisis diplomática de dos meses con Marruecos
- Dos invasiones masivas de migrantes desde territorio marroquí: 2021 y 31 de julio de 2026
- Las aduanas de Ceuta y Melilla permanecen cerradas por Marruecos
Un jefe de Estado español no visitaba estas ciudades desde 1927; la última visita real en 2007 provocó una crisis diplomática de dos meses con Marruecos. Marruecos mantiene ambiciones territoriales sobre Ceuta y Melilla y aprovecha momentos de debilidad española; el gobierno de Sánchez enfrenta críticas por su gestión diplomática.
Los Reyes Felipe VI y Letizia visitan Ceuta y Melilla en una misión diplomática delicada para afirmar la españolidad de ambas ciudades sin deteriorar relaciones con Marruecos, en medio de tensiones históricas y recientes invasiones.
Felipe VI y Letizia se disponen a cruzar los umbrales de Ceuta y Melilla en octubre de 2026, cargando sobre sus hombros una misión que encapsula una de las paradojas más incómodas de la política exterior española: un monarca no puede visitar libremente ciudades de su propio Estado sin riesgo de provocar una crisis diplomática con el vecino que las rodea. La visita, anunciada a principios de septiembre por el presidente Pedro Sánchez con un tono que combinaba reproche y justificación política, llega casi un siglo después de que Alfonso XIII pisara estas ciudades norteafricanas en 1927. Desde entonces, ningún jefe de Estado español ha osado hacer lo mismo, ni siquiera Francisco Franco, quien durante toda su dictadura se abstuvo de visitarlas pese a su pomposidad de "caudillo invicto de todos los ejércitos".
La razón de esta ausencia es tan simple como perturbadora: Marruecos lo toma como una provocación. Cuando Juan Carlos I, padre del actual rey, visitó Ceuta y Melilla en 2007, el monarca marroquí Mohamed VI llamó a consultas a su embajador en Madrid y desencadenó una crisis diplomática que se prolongó más de dos meses, con ruptura de relaciones bilaterales incluida. Esto ocurrió a pesar de que Hassan II, el padre de Mohamed VI, había considerado a Juan Carlos I como "un hermano" y viceversa. Esa cercanía personal nunca impidió que Hassan II exigiera la devolución de Ceuta y Melilla cada vez que tenía ocasión. El patrón es claro: Marruecos colaborará en lo que sea necesario, pero jamás renunciará a sus ambiciones territoriales sobre estas dos ciudades, ni tampoco sobre el Sáhara ni sobre las aguas territoriales de Canarias.
Lo que hace particularmente delicada la visita de Felipe VI es el contexto reciente. España ha experimentado dos invasiones masivas de migrantes desde territorio marroquí: una en 2021 y otra el 31 de julio de este año, que el propio Sánchez calificó como "un ataque" y "una clara violación de la frontera". El gobierno español ha intentado gestionar estas crisis mientras mantiene una estrategia diplomática que muchos observadores describen como servil. Jorge Dezcallar, uno de los expertos más respetados en asuntos marroquíes, ha señalado que no tiene sentido alguno que España ceda el control de una frontera a un país que abiertamente aspira a conquistar Ceuta y Melilla. Sin embargo, el gobierno de Sánchez parece haber optado por una aproximación que prioriza la evitación de conflictos por encima de la afirmación clara de la soberanía.
La cuestión de fondo es si esta visita representa un acierto diplomático o una trampa política. Nadie puede saberlo con certeza porque se desconocen tanto las consecuencias que tendrá como el trabajo diplomático previo que debería haberse realizado para evitar que desemboque en un conflicto mayor, una ruptura de relaciones o nuevos intentos de invasión. Lo que sí es evidente es que la confianza en la capacidad del gobierno para gestionar esta situación es limitada. El ministro de Exteriores ha afirmado estar en "diálogo permanente" con su homólogo marroquí, pero sus promesas anteriores no se han cumplido: las aduanas de Ceuta y Melilla permanecen cerradas, asfixiando económicamente a ambas ciudades, y las devoluciones de migrantes tras la invasión de julio no se han materializado como se anunció.
Lo que añade una capa adicional de complejidad política es cómo Sánchez anunció la visita. A principios de septiembre, tras regresar de sus vacaciones de agosto, el presidente cuestionó públicamente al Rey con un tono de reproche: "Llevo ocho años gobernando; el Rey lleva reinando más de veinte años... ¿Cuántas veces ha ido a Ceuta o Melilla?" Esto sucedió después de que, durante agosto, el gobierno hubiera permitido que su ministro más provocador atacara abiertamente a la Casa Real por una cuestión trivial —una fotografía— que fue convertida en "una absoluta ignominia". Nunca antes un miembro del gobierno se había atrevido a una falta de respeto de esa magnitud hacia la institución monárquica. Lejos de ser censurado, el ministro fue respaldado por sectores del sanchismo que comenzaron a difundir consignas de "III República ya", claramente fomentadas desde el propio gobierno.
Esta secuencia de eventos sugiere que la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla no es simplemente una afirmación de soberanía española, sino también un movimiento en el tablero político doméstico. Cuando estalló la crisis de julio con la invasión de migrantes, el gobierno de Sánchez respondió buscando y avivando polémicas exculpatorias, como los ataques al Rey. Felipe VI se limitó a calificar lo ocurrido como "una inaceptable violación de la frontera", en consonancia con la gravedad que el propio Sánchez había atribuido al incidente. Pero el sanchismo interpretó esta declaración como una extralimitación institucional que dejaba en mal lugar al presidente. Ahora, con la visita anunciada, el gobierno intenta recuperar la iniciativa política.
La verdadera prueba de fuego será lo que suceda después de que los Reyes crucen esos arcos del vestíbulo de entrada a Ceuta. La relación con Marruecos requiere, según los expertos, una combinación equilibrada de amistad y firmeza, de respeto y desconfianza. España puede renunciar a desfiles militares en estas ciudades como gesto de buena vecindad, pero no puede permitirse desaparecer progresivamente de ellas. Europa y España necesitan una presencia institucional significativa y constante en su frontera africana. Lo que está en juego no es solo la dignidad de la monarquía o la coherencia de la política exterior española, sino la capacidad del Estado de mantener el control efectivo de su territorio frente a un vecino que, históricamente, ha aprovechado cada momento de debilidad para presionar sus reivindicaciones territoriales.
Citations marquantes
Llevo ocho años gobernando; el Rey lleva reinando más de veinte años... ¿Cuántas veces ha ido a Ceuta o Melilla?— Pedro Sánchez, presidente del Gobierno
No tiene ningún sentido que España deje el control de una frontera en manos de un país que quiere atacarla para quedarse con Ceuta y Melilla— Jorge Dezcallar, experto en asuntos marroquíes