Tres décadas después de que Pablo Escobar introdujera hipopótamos africanos en su hacienda colombiana, estos animales se han convertido en una crisis ecológica sin precedentes en América del Sur. Sin depredadores naturales y en un entorno que nunca fue el suyo, la población invasora crece sin freno, alterando ecosistemas frágiles y desafiando a las autoridades a tomar decisiones que no tienen respuesta fácil. Lo que comenzó como el capricho de un narcotraficante se ha transformado en un legado ambiental que Colombia deberá enfrentar durante generaciones.
Los hipopótamos de Escobar: una amenaza ambiental 30 años después
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