Por segunda vez en menos de cinco años, Europa contempla cómo la geografía y la guerra se alían para amenazar su seguridad energética. Tres arterias vitales del comercio mundial de petróleo —Ormuz, Bab el Mandeb y oleoductos saudíes— están comprometidas simultáneamente por conflictos en Oriente Próximo, mientras los daños en refinerías rusas agravan la escasez. El resultado es el mayor repunte de precios energéticos desde la invasión de Ucrania en 2022, recordándonos que la prosperidad moderna sigue atada a rutas marítimas frágiles y a la paz en regiones distantes.