Durante décadas, las grandes constructoras españolas dieron forma al país con infraestructuras visibles: carreteras, aeropuertos, hospitales. Hoy, entre 2026 y 2030, dirigen hasta 66.900 millones de euros hacia una infraestructura invisible pero igualmente esencial: los centros de datos que sostienen la economía digital global. Es un giro que no solo cambia el tipo de obra, sino la lógica del negocio, pues estas empresas ya no quieren solo construir, sino participar de los frutos de lo que edifican.