Durante décadas, las grandes constructoras españolas dieron forma al país con infraestructuras visibles: carreteras, aeropuertos, hospitales. Hoy, entre 2026 y 2030, dirigen hasta 66.900 millones de euros hacia una infraestructura invisible pero igualmente esencial: los centros de datos que sostienen la economía digital global. Es un giro que no solo cambia el tipo de obra, sino la lógica del negocio, pues estas empresas ya no quieren solo construir, sino participar de los frutos de lo que edifican.
Las constructoras españolas apuestan por 66.900 millones en centros de datos
Internet es físico; tiene código postal
¿Por qué las constructoras tradicionales se sienten atraídas por los centros de datos ahora, después de décadas construyendo infraestructuras públicas?
Porque descubrieron que pueden quedarse en el juego. No es solo construir y marcharse. Pueden participar de los ingresos operativos durante años. Es un cambio fundamental en el modelo de negocio.
¿Qué hace que un centro de datos sea tan diferente de una nave industrial normal?
La criticidad. Un centro de datos no puede fallar. Necesita redundancia en todo: electricidad, refrigeración, fibra, seguridad. Un fallo de una hora puede afectar a millones de usuarios. Eso requiere diseño y gestión completamente distintos.
¿Por qué la electricidad es el factor decisivo?
Porque es el recurso más escaso y más caro. Un centro de datos consume enormes cantidades de energía. Si no tienes acceso garantizado a potencia eléctrica, no puedes operar. Por eso el mapa de inversiones se extiende más allá de Madrid y Barcelona.
¿Cuál es el mayor riesgo que ves en esta apuesta masiva?
El talento. Las constructoras pueden levantar edificios, pero necesitan personas que entiendan estas infraestructuras complejas. Eso no existe en cantidad. Y entre anunciar un proyecto y tenerlo operativo median años de trabajo.
¿Es la inteligencia artificial la razón principal de este boom?
Acelera la demanda, pero no es la única. La nube, el comercio electrónico, la banca digital, los servicios públicos conectados, todo crece. La IA simplemente intensificó algo que ya estaba en movimiento.
The Pulse
- La demanda de capacidad de computación crece sin freno impulsada por la inteligencia artificial, la nube y los servicios digitales, y las constructoras españolas compiten por posicionarse antes de que el mercado se consolide.
- ACS y Ferrovial han lanzado plataformas propias con inversiones de miles de millones, apostando por un modelo en el que construir el edificio es solo la entrada al negocio, no el negocio en sí.
- El verdadero obstáculo no es la demanda ni el capital: es conseguir potencia eléctrica suficiente, permisos administrativos ágiles y conexiones de fibra óptica en los lugares adecuados.
- Las regiones españolas fuera de Madrid y Barcelona tienen una ventana de oportunidad, pero deben actuar rápido: entre un anuncio de inversión y un servidor encendido median años de trámites y trabajo especializado.
- La escasez de talento técnico específico para operar estas instalaciones de alta criticidad amenaza con convertirse en el cuello de botella más difícil de resolver a corto plazo.
Durante décadas, las grandes constructoras españolas dieron forma al país con infraestructuras visibles: carreteras, aeropuertos, hospitales. Hoy, entre 2026 y 2030, dirigen hasta 66.900 millones de euros hacia una infraestructura invisible pero igualmente esencial: los centros de datos que sostienen la economía digital global. Es un giro que no solo cambia el tipo de obra, sino la lógica del negocio, pues estas empresas ya no quieren solo construir, sino participar de los frutos de lo que edifican.
Durante generaciones, las grandes constructoras españolas levantaron las arterias visibles del país: autopistas, aeropuertos, hospitales. Ahora excavan en un terreno que no se ve desde la carretera pero que promete movilizar decenas de miles de millones de euros. Los centros de datos son el nuevo campo de batalla, y estas empresas han comprendido que el dinero no está solo en levantar los muros, sino en quedarse después, participando de los ingresos que genera el activo durante años.
Entre 2026 y 2030, solo la construcción y el acondicionamiento de estas instalaciones podría movilizar unos 25.000 millones de euros. Sumando equipamiento, software y servicios, la cifra alcanza los 66.900 millones. Como resume Begoña Villacís, directora ejecutiva de SpainDC: Internet es físico. Tiene código postal. ACS ha formado una plataforma conjunta con Global Infrastructure Partners para operar centros de datos con 1,7 gigavatios de capacidad inicial en tres continentes, con ambición de triplicarla en 2030. Ferrovial, por su parte, invertirá más de 1.000 millones en un campus en Alcobendas con más de 100 megavatios, primer proyecto de su nueva división de infraestructura digital.
Operar uno de estos centros no se parece a gestionar una nave industrial convencional. Félix de la Fuente, vicepresidente de Aslan, lo describe como un edificio de alta criticidad que debe funcionar sin interrupción las veinticuatro horas, coordinando alimentación eléctrica redundante, baterías, generadores, climatización sofisticada y múltiples rutas de fibra. Un fallo en cualquiera de estos elementos puede dejar sin servicio a millones de usuarios.
El principal criterio para elegir dónde construir, según Román Santos de Digital Realty, ya no es la demanda, que crece sin parar, sino la velocidad para acceder a potencia eléctrica. Esto abre posibilidades para regiones más allá de Madrid y Barcelona, siempre que combinen suelo disponible, conectividad y procesos administrativos predecibles. Pero los anuncios de inversión no son centros operativos: entre solicitar megavatios y encender los primeros servidores median permisos, financiación y años de trabajo. A ese desafío se suma otro menos visible: la escasez de talento especializado, un recurso que la formación existente aún no alcanza a cubrir.
Durante generaciones, las grandes constructoras españolas construyeron las arterias visibles del país: autopistas que cruzaban regiones, aeropuertos que conectaban ciudades, hospitales que salvaban vidas, ferrocarriles que unían territorios. Ahora están excavando en un terreno completamente distinto, uno que no se ve desde la carretera pero que promete movilizar decenas de miles de millones de euros. Los centros de datos son el nuevo campo de batalla, y las constructoras han entendido que el dinero no está solo en levantar los muros.
La apuesta es más profunda. Estas empresas quieren entrar en el juego desde el principio, con el terreno, con la energía, con el diseño inteligente, y quedarse después, participando de los ingresos que genera el activo durante años. Como lo resume Begoña Villacís, directora ejecutiva de SpainDC, la patronal del sector: Internet es físico. Tiene código postal. Entre 2026 y 2030, solo la construcción y el acondicionamiento de estas instalaciones podría movilizar unos 25.000 millones de euros. Cuando se suman equipamiento, software y servicios asociados, la cifra salta a 66.900 millones.
ACS ha formado una plataforma conjunta con Global Infrastructure Partners, el fondo de inversión de BlackRock, para operar centros de datos. El proyecto comenzó con 1,7 gigavatios de capacidad distribuida en Estados Unidos, España y Australia, y aspira a triplicar esa cifra para 2030. Ferrovial, por su parte, invertirá más de 1.000 millones de euros en un campus en Alcobendas, Madrid, con más de 100 megavatios de capacidad. Será el primer proyecto de su nueva división, Ferrovial Digital Infrastructure. Ambas apuestas señalan hacia el mismo lugar: España como destino serio para estas infraestructuras críticas.
Pero operar un centro de datos no es como gestionar una nave industrial cualquiera. Félix de la Fuente, vicepresidente de Aslan, lo explica con precisión: es un edificio de alta criticidad. El mayor reto es mantener una operación continua veinticuatro horas al día, siete días a la semana. Eso significa coordinar alimentación eléctrica redundante, baterías de respaldo, generadores, sistemas de climatización sofisticados, seguridad de múltiples capas y varias rutas de fibra óptica. El recurso más escaso en cualquier lugar, advierte De la Fuente, es la red, la potencia y la capacidad de conexión. Un fallo en cualquiera de estos elementos puede dejar sin servicio a millones de usuarios.
Román Santos, director de Construcción de Digital Realty en España y Portugal, identifica el verdadero cuello de botella: la velocidad para acceder a potencia eléctrica se ha convertido en el principal criterio para elegir dónde construir. El desafío real no es la demanda, que crece sin parar. Es la capacidad del país para absorberla. Esto explica por qué el mapa de inversiones podría extenderse más allá de Madrid y Barcelona. Las regiones que logren combinar suelo disponible, fibra óptica, acceso a potencia eléctrica y procesos administrativos predecibles tendrán más opciones de atraer estos proyectos. Pero hay que ser cauteloso: los anuncios de inversión no son lo mismo que centros operativos. Entre solicitar megavatios y encender los primeros servidores median permisos, financiación, equipamiento especializado y años de trabajo.
Hay otro cuello de botella, menos visible pero igual de real: el talento. Las constructoras necesitan personas que entiendan estas infraestructuras complejas. Existe formación en sectores relacionados, pero falta gente específica del sector, reconoce el vicepresidente de Aslan. La inteligencia artificial ha acelerado la demanda de estos centros, pero no es la única razón. La computación en la nube, el comercio electrónico, la banca digital y los servicios públicos conectados también crecen sin cesar. En este mercado, levantar el edificio es apenas el comienzo. El verdadero valor está en conseguir electricidad confiable, asegurar un cliente que pague, y lograr que los servidores nunca se apaguen.
Notable Quotes
No es una nave industrial; es un edificio de alta criticidad— Félix de la Fuente, vicepresidente de Aslan
El principal reto no es la demanda, sino la capacidad del país para absorberla— Román Santos, director de Construcción de Digital Realty en España y Portugal