En el silencio del intestino humano, bacterias que durante siglos consideramos simples inquilinas resultan ser interlocutoras activas del cerebro. La doctora Teresa Arnandis ha identificado un mecanismo por el cual la flagelina bacteriana activa receptores nerviosos en el colon, desencadenando una cadena de señales que termina reduciendo el apetito sin pasar por las rutas inmunológicas que la ciencia daba por obligatorias. Este hallazgo reescribe el papel de la microbiota intestinal en la fisiología humana y abre horizontes terapéuticos para la obesidad y los trastornos del apetito que apenas