Tres semanas después de levantar la copa del mundo con España, Lamine Yamal, de diecinueve años, eligió Colombia —no los destinos habituales del estrellato— para recuperar el aliento y la juventud. Su paso por Cartagena y Medellín durante la Feria de las Flores revela algo más que un descanso: es el gesto de un joven que, en la cima del mundo, busca lo auténtico antes que lo predecible. En un deporte donde la fama suele encerrar, Yamal parece empeñado en abrirse paso hacia lo real.