En el corazón de la diplomacia europea, lo que parecía un trámite rutinario reveló las fracturas internas de un bloque que busca hablar con una sola voz. La Unión Europea no logró renovar por tres años las sanciones contra 2.600 personas y entidades rusas vinculadas a la invasión de Ucrania, después de que objeciones de última hora sobre oligarcas como Alisher Usmanov rompieran un consenso que parecía asegurado. Este tropiezo no es solo un fallo técnico: es un recordatorio de que la unidad política, especialmente frente a intereses económicos divergentes, es siempre más frágil de lo que aparen