En la vastísima cronología del cosmos, la Tierra se mueve hacia días un poco más largos: dentro de unos 200 millones de años, la fricción gravitacional de la Luna habrá ralentizado nuestra rotación hasta que cada jornada dure 25 horas. Este cambio, invisible a la experiencia humana y ajeno a cualquier civilización que hoy podamos imaginar, nos recuerda que el planeta no es un escenario fijo sino un sistema vivo, en perpetua y lentísima transformación. Comprender este proceso no altera nuestro presente, pero sí profundiza nuestra lectura del tiempo geológico y afina las tecnologías que dependen