El 22 de julio, la Tierra completó su rotación en menos de 86.400 segundos, inscribiendo ese martes entre los días más breves desde que la ciencia comenzó a medir el tiempo con relojes atómicos. El fenómeno no obedece a una sola causa, sino a una confluencia de fuerzas —el bamboleo natural del eje terrestre, el deshielo polar acelerado por el cambio climático y las corrientes del núcleo fundido— que juntas reconfiguran, milisegundo a milisegundo, la relación entre el planeta y el tiempo que los humanos construyeron para comprenderlo. Lo que parece insignificante en la experiencia cotidiana pue