EE.UU., Alemania, Francia, Japón y Reino Unido experimentan rendimientos de bonos a largo plazo en niveles no vistos en años, reflejando desconfianza en la sostenibilidad fiscal. A diferencia de 2008, la crisis no es de liquidez bancaria sino de riesgo soberano: gobiernos muy endeudados necesitan colocar más deuda cuando los inversores exigen mayor remuneración.