En Nueva York, una pequeña panadería llamada Rye ha convertido el pan de centeno —uno de los alimentos más antiguos y humildes de la civilización— en un objeto de deseo y controversia al precio de 60 dólares la hogaza. Lo que parece una anécdota gastronómica es, en realidad, un espejo de preguntas más profundas sobre el valor, el acceso y la identidad en las ciudades modernas. Rye no vende solo pan: vende una idea sobre lo que significa comer bien, y esa idea no todos pueden —ni quieren— costear.