La OTAN alerta sobre el agotamiento de municiones mientras Rusia intensifica ofensiva en Ucrania

La guerra en Ucrania ha generado crímenes que no son colaterales sino parte de la estrategia rusa deliberada, según el informe de la Conferencia de Seguridad de Múnich.
La guerra de Ucrania es la primera guerra imperialista del siglo XXI
Así caracteriza el informe de la Conferencia de Seguridad de Múnich la invasión rusa y sus implicaciones globales.
Mark

¿Por qué la Conferencia de Seguridad de Múnich decidió publicar este informe justo ahora, en febrero de 2023?

Mimi

Porque el momento era crítico. La conferencia reúne a decenas de jefes de Estado y de Gobierno, y necesitaban establecer un marco común para entender qué estaba realmente en juego. No era solo una guerra más, sino una prueba de fuego para todo el sistema internacional.

Mark

El informe dice que los crímenes no son colaterales sino parte de la estrategia. ¿Qué diferencia hay?

Mimi

Es la diferencia entre daño inevitable en la guerra y crimen deliberado. Si los crímenes son parte de la estrategia, significa que Rusia no está tratando de minimizarlos, sino que los está usando como herramienta. Eso cambia completamente cómo se juzga la guerra.

Mark

Muchos países no condenaron la invasión. ¿Eso significa que apoyan a Rusia?

Mimi

No exactamente. Significa que tienen otras prioridades. Para un país africano o latinoamericano, lo que importa es cómo la guerra afecta los precios de los alimentos, no la arquitectura del orden mundial. Hay descontento con Occidente, pero eso no es lo mismo que apoyo a Putin.

Mark

¿Entonces la narrativa de Putin está funcionando?

Mimi

Parcialmente. Encuentra eco en lugares donde hay resentimiento hacia el orden existente. Pero el informe sugiere que incluso los descontentos prefieren el sistema actual a lo que Rusia ofrece. Es un apoyo frío, no entusiasta.

Mark

¿Qué pasa si Rusia gana en Ucrania?

Mimi

Según el informe, sería el comienzo de una era donde las grandes potencias vuelven a marcar territorios por la fuerza. Moldavia sería siguiente, luego los bálticos. El siglo XIX volvería.

  • Stoltenberg advierte que la nueva ofensiva rusa ya ha comenzado con movimientos de tropas detectados
  • Kiev reporta intensificación de bombardeos indiscriminados sobre Bajmut
  • La Conferencia de Seguridad de Múnich califica la invasión como no provocada, con crímenes que forman parte deliberada de la estrategia rusa
  • El informe advierte que una victoria rusa marcaría el inicio de una era postoccidental y retorno a esferas de influencia del siglo XIX
  • Moldavia y los tres países bálticos (Lituania, Estonia, Letonia) son identificados como posibles objetivos de expansión rusa

Stoltenberg advierte que la nueva ofensiva rusa ya ha comenzado y denuncia movimientos de tropas; Kiev reporta intensificación de bombardeos indiscriminados sobre Bajmut. La MSC publica informe anual que caracteriza la agresión rusa como no provocada, con crímenes que forman parte de la estrategia deliberada, respaldada por China.

La OTAN alerta que Ucrania consume munición más rápido de lo que los aliados pueden reemplazarla, mientras la Conferencia de Seguridad de Múnich califica la invasión rusa como desafío al orden mundial.

En los días previos a la Conferencia de Seguridad de Múnich, que abriría sus puertas el 17 de febrero, la organización publicó un informe anual que no dejaba lugar a ambigüedades: la invasión rusa de Ucrania representaba algo más que un conflicto regional. Era, según el documento, un desafío frontal a los cimientos del orden mundial construido después de la Segunda Guerra Mundial. Mientras tanto, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, advertía que Moscú había iniciado ya una nueva ofensiva, con movimientos de tropas que no podían pasar desapercibidos. Desde Kiev llegaban reportes de bombardeos indiscriminados intensificados sobre Bajmut, la ciudad que se había convertido en símbolo de la resistencia ucraniana.

El informe de la Conferencia de Seguridad de Múnich establecía un diagnóstico claro: se trataba de una agresión sin provocación alguna, pero lo que la hacía particularmente grave era que los crímenes cometidos no eran daño colateral de la guerra, sino componentes deliberados de la estrategia rusa. Detrás de todo esto estaba la narrativa revisionista impulsada por Vladimir Putin, una narrativa que encontraba respaldo en China y cierto eco en partes del sur global, donde el descontento con el orden internacional existente ofrecía terreno fértil para el mensaje de Moscú. Putin presentaba la guerra como el fin de un orden dictado por Occidente, especialmente por Estados Unidos, y como el paso necesario hacia un mundo multipolar donde las grandes potencias recuperarían su libertad de acción.

Lo que preocupaba profundamente a los analistas de la conferencia era lo que vendría después de una victoria rusa. No sería simplemente el fin de Ucrania como Estado independiente, sino el comienzo de lo que denominaban una era "postoccidental" y un "nuevo multilateralismo autoritario". En lugar del sistema de naciones basado en la Carta de las Naciones Unidas, el mundo retrocedería a un modelo del siglo XIX donde las grandes potencias trazaban sus esferas de influencia mediante la fuerza bruta. Christoph Heusgen, director de la Conferencia de Seguridad de Múnich, recordó en la presentación del informe que el ministro de Exteriores ruso, Sergúei Lavrov, había dejado clara la intención de Moscú: después de Ucrania vendría Moldavia. Los tres países bálticos —Lituania, Estonia y Letonia— ya estaban convencidos de que pronto entrarían en los planes de expansión rusos.

El informe no dudaba en caracterizar lo que estaba sucediendo: "La guerra de Ucrania es la primera guerra imperialista del siglo XXI, pero no será necesariamente la última". Junto a los planes de expansión rusa, China desarrollaba una política cada vez más agresiva en Asia, sin hacer ningún esfuerzo por ocultar su intención de apoderarse de Taiwán. Las encuestas mostraban que en casi todo el mundo había conciencia de que la agresión rusa marcaba un punto de inflexión en el orden de seguridad internacional.

Pero había una complicación. Mientras que la Asamblea General de las Naciones Unidas había votado de manera clara contra la invasión, muchos países en África, Asia y América Latina se mostraban reacios a condenar explícitamente la agresión rusa o a aislar a Moscú económica y diplomáticamente. En algunas regiones, la guerra era percibida simplemente como un conflicto europeo cuyas consecuencias más relevantes eran el aumento de los precios de los alimentos. Existía, además, un descontento generalizado con el orden mundial existente y una pérdida de fe en su legitimidad.

Sin embargo, el informe ofrecía una matización importante. Ese descontento con el orden mundial no se traducía necesariamente en apoyo a Rusia o China, ni en respaldo al revisionismo autoritario que ambas potencias representaban. Sophie Eisentraut, directora de investigación y publicaciones de la Conferencia de Seguridad de Múnich, lo expresó con una paráfrasis de Churchill: así como la democracia es el peor sistema de gobierno excepto por todos los demás, el orden mundial actual es el peor que existe, excepto por todos los órdenes posibles. Para muchos países, incluso aquellos descontentos con el status quo, la alternativa que ofrecía Moscú resultaba aún menos atractiva. La conferencia que estaba por comenzar tendría que navegar estas contradicciones mientras Ucrania seguía resistiendo bajo un bombardeo cada vez más intenso.

Putin no ha dejado la menor duda de que en su propósito de restablecer el imperio ruso no se siente ligado a los estándares mínimos del Derecho Internacional
— Informe de la Conferencia de Seguridad de Múnich
El orden mundial es el peor que existe con excepción de todos los otros órdenes posibles
— Sophie Eisentraut, directora de investigación de la MSC
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