En Tlalnepantla, nueve mujeres cruzaron una frontera que pocas habían atravesado antes: la del taller mecánico como espacio propio. Scania México y la GIZ celebraron su graduación como técnicas e ingenieras automotrices, primer fruto de un programa que entiende la equidad de género no como gesto simbólico, sino como palanca de competitividad industrial. En un sector que se transforma aceleradamente hacia la electromovilidad, estas egresadas representan algo más que un logro individual: son el argumento vivo de que el talento diverso es condición necesaria para la innovación.