La izquierda brasileña movilizó sus mayores protestas en años, con 42.000 personas en Río de Janeiro rechazando la amnistía propuesta por la derecha. Iconos de la música nacional que vivieron el exilio durante la dictadura militar se unieron nuevamente para defender la democracia frente a amenazas institucionales.
La izquierda brasileña toma las calles contra la amnistía a Bolsonaro
No da tiempo de descansar, tenemos que estar siempre alerta
¿Por qué esta protesta fue tan importante en este momento específico?
Porque la izquierda no podía permitirse el lujo de celebrar la condena de Bolsonaro y luego quedarse en casa. La derecha ya estaba moviendo piezas en el Congreso para anular esa sentencia.
Pero espera—¿qué tan probable es que ese proyecto de amnistía prospere? Porque la aprobación en la Cámara es un paso, pero no es lo mismo que convertirse en ley.
Eso es lo que nadie sabe aún. Por eso la gente salió a la calle. Es una advertencia.
¿Y qué significó que los músicos estuvieran allí? ¿Fue solo simbólico o cambió algo?
Fue simbólico, pero el simbolismo importa. Estos hombres vivieron el exilio, vieron caer la dictadura. Cuando vuelven a cantar juntos en defensa de la democracia, le dicen a la gente: esto ya lo hemos hecho antes, sabemos cómo se ve una amenaza.
Aunque hay que notar que el concierto fue en Río, no en todas las ciudades. Las otras treinta ciudades tuvieron marchas, pero sin esa dimensión cultural.
Cierto. Pero 42.000 personas en Río, cifra similar a la que Bolsonaro había reunido allí, eso es un mensaje claro sobre dónde está el poder en las calles ahora.
¿Qué pasa ahora? ¿Cuál es el siguiente paso?
Depende del Senado. El proyecto tiene que pasar por allá. Y la izquierda seguirá en las calles.
Y también depende de si el Supremo Tribunal Federal interviene. Porque esto no es solo un juego legislativo, es una batalla constitucional.
O Pulso
- Bolsonaro condenado a 27 años por liderar intento de golpe el 8 de enero de 2023
- 42.000 manifestantes en Río de Janeiro, cifra similar a concentraciones bolsonaristas previas
- Protestas en más de treinta ciudades brasileñas el domingo
- Derecha aprobó en Cámara de Diputados tramitar con urgencia proyecto de amnistía
La izquierda brasileña movilizó sus mayores protestas en años, con 42.000 personas en Río de Janeiro rechazando la amnistía propuesta por la derecha. Iconos de la música nacional que vivieron el exilio durante la dictadura militar se unieron nuevamente para defender la democracia frente a amenazas institucionales.
Decenas de miles de manifestantes salieron a las calles de Brasil para protestar contra una posible amnistía al expresidente Bolsonaro, condenado a 27 años por liderar un intento de golpe. Músicos legendarios como Caetano Veloso y Gilberto Gil encabezaron un histórico concierto en Copacabana.
Decenas de miles de brasileños tomaron las calles el domingo en las principales ciudades del país para rechazar una amnistía propuesta para Jair Bolsonaro, quien fue condenado hace poco a 27 años de prisión por encabezar un intento de golpe de Estado. Las manifestaciones, las más grandes que ha convocado la izquierda en años, también respondían a la rabia provocada por una iniciativa de la derecha para reformar la Constitución y proteger a los parlamentarios de investigaciones sin autorización previa del Congreso. Entre los manifestantes, el grito de "sin amnistía" fue constante.
En Río de Janeiro, la protesta adquirió una dimensión histórica cuando Caetano Veloso, Gilberto Gil, Chico Buarque, Djavan y Paulinho da Viola subieron a un camión equipado con altavoces en la playa de Copacabana para ofrecer un concierto. Estos músicos, algunos de los más importantes de Brasil, habían vivido el exilio durante la dictadura militar y participado en las grandes movilizaciones por la redemocratización en los años ochenta. Ahora, décadas después, volvían a reunirse para defender la democracia. Gil y Buarque cantaron juntos Cálice, una de las canciones de protesta más icónicas de aquella época.
El momento más emotivo llegó cuando Veloso y Gil entonaron el estribillo de Divino maravilhoso: "É preciso estar atento e forte, não temos tempo de temer a morte" (Debemos estar alerta y fuertes, no tenemos tiempo para temer a la muerte). Los dos octogenarios, vestidos impecablemente de verde y amarillo —los colores de la bandera nacional—, se abrazaron mientras cantaban. La escena condensaba décadas de lucha por la democracia en Brasil.
Las protestas fueron organizadas en tiempo récord y se extendieron por más de treinta ciudades. En Río, la marcha ocupó gran parte de la playa de Copacabana, el mismo lugar donde el bolsonarismo había reunido multitudes durante el juicio contra el expresidente. Un muñeco inflable que representaba a Bolsonaro vestido de presidiario fue rápidamente rodeado por los manifestantes. Según grupos académicos especializados en recuentos de concentraciones, la marcha de Río movilizó aproximadamente 42.000 personas, cifra similar a la que el bolsonarismo había reunido en el mismo escenario meses atrás. La marcha de São Paulo convocó una cantidad comparable.
La urgencia de las protestas respondía a un avance concreto de la derecha. Días antes, la Cámara de Diputados había aprobado tramitar con carácter de urgencia un proyecto para reducir las condenas de los golpistas del 8 de enero de 2023 y la de Bolsonaro, quien fue condenado por liderar la conspiración para mantenerse en el poder después de su derrota electoral ante Luiz Inácio Lula da Silva. La izquierda, que apenas días antes celebraba la condena con fuegos artificiales, ahora salía a las calles para asegurarse de que no fuera anulada.
Marcelo Xavier, diseñador gráfico presente en la manifestación, expresó la sensación de urgencia que atravesaba a los manifestantes: "No da tiempo de descansar, tenemos que estar siempre alerta en las calles. Tenemos el poder de cambiar las cosas, y nosotros no vamos a desistir, porque ellos no desisten". Xavier notó que la izquierda había estado "adormecida" en los últimos tiempos, pero la magnitud de la protesta le sorprendió gratamente.
Aunque la convocatoria partió de movimientos sociales, partidos de izquierda y sindicatos, las banderas partidarias fueron escasas. En cambio, las banderas nacionales aparecieron por todas partes. Los progresistas brasileños llevan tiempo intentando recuperar los colores patrios, que la extrema derecha ha utilizado como símbolos propios durante años. La presencia de esas banderas en las manos de los manifestantes de izquierda representaba un esfuerzo por reclamar la identidad nacional para la democracia.
Citações Notáveis
Tenemos el poder de cambiar las cosas, y nosotros no vamos a desistir, porque ellos no desisten— Marcelo Xavier, diseñador gráfico presente en la manifestación