La hipocresía de Putin: acusar de terrorismo mientras se gobierna por el terror

Miles de civiles ucranianos muertos en bombardeos, 20.570 niños deportados a Rusia, opositores políticos asesinados en cárceles rusas, y desplazamientos masivos por destrucción de infraestructura.
Acusar de terrorismo mientras se gobierna por el terror
El editorial resume la contradicción central entre las acusaciones de Putin contra Occidente y su represión sistemática dentro de Rusia.
Mark

¿Por qué Putin haría estas acusaciones sabiendo que son tan fácilmente refutables?

Mimi

Porque no está hablando para los que verifican hechos. Está hablando para su audiencia doméstica, para quienes controla la información. La repetición constante crea una realidad alternativa.

Mark

Pero ¿no hay un riesgo de que el mundo simplemente lo ignore?

Mimi

El riesgo real es el opuesto. Cada acusación falsa que lanza sin consecuencias lo empodera para hacer más. Es un patrón: acusa, niega, repite.

Mark

¿Qué diferencia hay entre lo que acusa y lo que hace?

Mimi

Ninguna, excepto que lo que hace está documentado por organismos internacionales. Él acusa de terrorismo a quienes se defienden de una invasión. Mientras tanto, sus propias fuerzas destruyen hospitales.

Mark

¿Y los que mueren en las cárceles rusas? ¿Navalny fue un caso excepcional?

Mimi

Navalny fue el más visible, pero la represión es sistemática. Periodistas, artistas, cualquiera que critique desaparece o es silenciado. Es terror de Estado, no terrorismo de insurgentes.

Mark

¿Entonces esto es simplemente propaganda?

Mimi

Es más que eso. Es la inversión deliberada de la realidad como herramienta de control. Mientras acusa a otros, consolida su poder en casa.

  • Putin acusa formalmente a países europeos de terrorismo contra Rusia, mientras la evidencia internacional documenta que son las fuerzas rusas quienes han bombardeado sistemáticamente hospitales, escuelas y redes energéticas civiles en Ucrania.
  • La Corte Penal Internacional emitió una orden de arresto contra Putin en 2023 por la deportación ilegal de 20.570 niños ucranianos y por crímenes de guerra confirmados en Bucha, Irpin y Mariúpol.
  • Alexei Navalny, el opositor más visible de Putin, fue envenenado con un agente nervioso militar, encarcelado al regresar a Rusia y murió en una prisión del Ártico en febrero de 2024, en un patrón que se repite con otros críticos del régimen.
  • Medios independientes clausurados, artistas exiliados y ciudadanos designados como 'agentes extranjeros' configuran un sistema de represión interna que contradice directamente el discurso de Putin sobre libertad y soberanía.
  • La brecha entre el relato oficial del Kremlin y los hechos documentados por organismos internacionales se amplía, dejando a miles de civiles ucranianos muertos y a la verdad misma como una de las principales víctimas del conflicto.

Desde el inicio de la invasión rusa a Ucrania en febrero de 2022, Vladimir Putin ha construido un relato en el que Occidente es el agresor y Rusia la víctima, acusando a países europeos de respaldar el terrorismo contra infraestructuras rusas. Sin embargo, la Corte Penal Internacional ha emitido una orden de arresto contra él por crímenes de guerra, más de 20.000 niños ucranianos han sido deportados a Rusia, y dentro de sus fronteras, opositores, periodistas y artistas son perseguidos, encarcelados o eliminados. En la historia larga de los poderosos que nombran el mal en los demás para ocultar el propio, este capítulo resulta particularmente costoso en vidas humanas.

Hace poco más de cuatro años que Rusia invadió Ucrania, y en ese tiempo Putin ha construido un relato que invierte la realidad del terreno. Ante el Kremlin, acusó a países europeos de respaldar el terrorismo contra Rusia. La acusación es casi desafiante en su cinismo.

Desde el 24 de febrero de 2022, ciudades enteras han sido reducidas a escombros. La ONU documentó ataques sistemáticos contra hospitales, escuelas y plantas eléctricas. Durante los inviernos de 2022 y 2023, bombardeos masivos destruyeron la red energética ucraniana, dejando a millones sin luz ni calefacción bajo temperaturas de congelación. En marzo de 2023, la Corte Penal Internacional emitió una orden de arresto contra Putin por crímenes de guerra y la deportación ilegal de 20.570 niños ucranianos. En Bucha, Irpin y Mariúpol se hallaron fosas comunes y civiles ejecutados.

Lo que hace insoportable el discurso de Putin es que mientras acusa a Occidente, su gobierno ha perfeccionado la represión interna. Alexei Navalny fue envenenado con Novichok en 2020, sobrevivió, regresó a Rusia, fue condenado a diecinueve años de cárcel y murió en febrero de 2024 en una prisión del Ártico. El Kremlin negó toda responsabilidad.

Navalny no es un caso aislado. Organizaciones internacionales han documentado una larga lista de opositores y periodistas muertos en circunstancias violentas. Medios independientes fueron clausurados, artistas como Zemfira abandonaron el país, y quienes permanecen enfrentan encarcelamiento o la etiqueta de agentes extranjeros.

Acusar de terrorismo a Occidente mientras se gobierna mediante el terror no es simplemente hipocresía. Es un insulto a los miles de civiles muertos en Ucrania, a los presos políticos dentro de Rusia, y a la verdad misma.

Hace poco más de cuatro años que Rusia invadió Ucrania, y en ese tiempo Vladimir Putin ha construido un relato que invierte completamente la realidad de lo que sucede en el terreno. Ante los diputados reunidos en el Kremlin, acusó a los adversarios de Moscú de recurrir a métodos terroristas contra la población y las infraestructuras rusas, culpando a varios países europeos de respaldar estas acciones. La acusación es descarnada, casi desafiante en su cinismo.

Pero los hechos cuentan una historia radicalmente distinta. Desde el 24 de febrero de 2022, cuando Rusia lanzó su invasión a gran escala contra Ucrania, ciudades enteras han sido reducidas a escombros. La Organización de las Naciones Unidas y la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos han documentado con precisión ataques sistemáticos contra objetivos civiles: hospitales, escuelas, plantas eléctricas, edificios residenciales. Durante los inviernos de 2022 y 2023, bombardeos masivos con misiles y drones destruyeron la red energética ucraniana, dejando a millones de personas sin luz, sin agua, sin calefacción mientras las temperaturas caían bajo cero.

En marzo de 2023, la Corte Penal Internacional emitió una orden de arresto contra Putin y contra Maria Lvova-Belova, la comisionada rusa para los Derechos del Niño, acusándolos de crímenes de guerra y de la deportación ilegal de menores ucranianos hacia territorio ruso. Hasta ahora, Ucrania ha confirmado que 20.570 niños fueron trasladados de esta manera. En ciudades como Bucha, Irpin y Mariúpol, equipos de investigación hallaron fosas comunes y civiles ejecutados. Las fuerzas rusas utilizaron armas explosivas de amplio alcance en zonas residenciales: bombardeos de tanques, artillería pesada, lanzacohetes múltiples, misiles y ataques aéreos.

Lo que hace particularmente insoportable el discurso de Putin es que mientras acusa a Occidente de terrorismo, su propio gobierno ha perfeccionado el arte de la represión interna. El caso de Alexei Navalny encapsula esta contradicción de manera brutal. En 2020, Navalny fue envenenado con Novichok, un agente nervioso de grado militar. Sobrevivió, regresó a Rusia y fue arrestado en el control de pasaportes. Un tribunal ruso lo condenó a diecinueve años de cárcel por fraude y desacato. Murió en febrero de 2024 en una prisión del Ártico. El Kremlin negó toda responsabilidad.

Navalny no es un caso aislado. Organizaciones internacionales de derechos humanos han documentado una lista extensa de opositores, periodistas y exagentes que han muerto en circunstancias violentas, muchos envenenados. Medios de comunicación independientes han sido clausurados y sus periodistas se vieron obligados a exiliarse. Artistas como Zemfira y Monetochka abandonaron el país. Quienes permanecen enfrentan multas, encarcelamiento o la designación de agentes extranjeros.

Putin puede repetir la palabra terrorismo en todos los foros que desee, pero los hechos pesan más que los discursos. Acusar de terrorismo a Occidente mientras se gobierna mediante el terror no es simplemente hipocresía. Es un insulto flagrante a los miles de civiles muertos en Ucrania, a los miles de presos políticos vivos y asesinados en Rusia, y a la verdad misma.

Putin acusó a los adversarios de Moscú de recurrir a métodos terroristas contra la población y las infraestructuras rusas, culpando a varios países europeos de respaldar estas acciones
— Vladimir Putin, ante los diputados de la Duma Estatal
Acusar de terrorismo a Occidente mientras se gobierna imponiendo el terror no es solo hipocresía. Es un flagrante insulto a los miles de víctimas civiles de Ucrania, a los miles de presos políticos vivos y asesinados en Rusia y a la verdad
— Editorial de La Nación
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