Desde 1978, China ha plantado 66.000 millones de árboles en un esfuerzo monumental por contener el avance del desierto, pero la ambición de esa gesta ha revelado una paradoja dolorosa: las mismas especies elegidas para proteger la tierra están enfermando a quienes viven junto a ellas. La Gran Muralla Verde, símbolo de voluntad ambiental colectiva, se convierte hoy en un espejo donde la humanidad contempla los límites de su propia ingeniería. Salvar un ecosistema, al parecer, exige algo más que escala y velocidad; exige escuchar la complejidad silenciosa de la naturaleza.
La Gran Muralla Verde de China enfrenta crisis sanitaria por alergias respiratorias
Millones de habitantes en regiones aledañas a las barreras forestales experimentan duplicación de afecciones alérgicas respiratorias graves, incluyendo asma bronquial y fiebre del heno.