En un ciclo de expansión ganadera que reordena silenciosamente el campo argentino, la producción de reservas forrajeras crece al ritmo de una demanda que ya no tolera la incertidumbre climática ni los sistemas extensivos de antaño. La superficie destinada a maíz, sorgo y alfalfa para alimentar rodeos alcanzará 2,2 millones de hectáreas este año, un 10% más que en 2025, mientras los contratistas forrajeros —eslabón discreto pero esencial de la cadena— renuevan su maquinaria tras años de restricciones que envejecieron el parque tecnológico. Lo que ocurre no es solo un dato agronómico: es la seña