En el transcurso de tres décadas, el número de personas que viven con enfermedad renal crónica se ha más que duplicado, alcanzando a 788 millones de adultos en todo el mundo —uno de cada siete— y convirtiéndose en la novena causa de muerte global con 1,5 millones de vidas perdidas solo en 2023. Un estudio exhaustivo de NYU Langone Health, publicado en The Lancet, recuerda que detrás de estas cifras hay condiciones en gran medida prevenibles: el azúcar elevado en sangre, la hipertensión y la obesidad. La humanidad posee el conocimiento para frenar esta marea; lo que falta es la voluntad polític
La enfermedad renal crónica se convierte en la novena causa de muerte mundial
La enfermedad renal crónica está infradiagnosticada e infratratada
¿Por qué este estudio importa ahora? ¿Qué cambió para que la enfermedad renal crónica de repente sea noticia?
No es que haya cambiado de repente. Lo que cambió es que ahora tenemos datos más completos. Este es el análisis más exhaustivo en casi una década, y muestra que la enfermedad ha crecido de forma dramática: de 378 millones de personas en 1990 a 788 millones en 2023. Eso es más del doble.
Pero espera. ¿Ese crecimiento es porque más gente tiene la enfermedad, o porque la población mundial envejeció y creció? El estudio dice que es por el crecimiento y envejecimiento de la población.
Ambas cosas. La población mundial es más grande y más vieja, y eso significa más casos. Pero también significa que si no hacemos nada, veremos más muertes.
¿Cuántas muertes estamos hablando?
Aproximadamente 1,5 millones de personas murieron por enfermedad renal crónica en 2023. Pero eso es solo la punta del iceberg. La enfermedad también contribuye al 12% de todas las muertes por enfermedades cardíacas.
¿Y eso es verificable? ¿Esos números vienen de dónde?
El estudio analizó 2.230 artículos de investigación publicados y datos de salud nacionales de 133 países. Es el trabajo más exhaustivo que existe sobre esto.
Entonces, ¿cuál es el problema principal que el estudio identifica?
Que la enfermedad está infradiagnosticada e infratratada. La mayoría de las personas que la tienen están en las primeras etapas, cuando aún se puede tratar con medicamentos y cambios en el estilo de vida. Pero muchas personas nunca se enteran de que la tienen.
¿Y en qué regiones es peor?
En África subsahariana, el sudeste asiático, América Latina y otras zonas de bajos ingresos. Allí, pocas personas reciben diálisis o trasplantes porque son demasiado caros y no están disponibles.
¿Qué pueden hacer los gobiernos al respecto?
Los expertos dicen que necesitamos más pruebas de orina para detectar la enfermedad precozmente, y garantizar que los pacientes puedan costear el tratamiento una vez diagnosticados. La OMS ya incluyó esto en su agenda para 2030.
Il Polso
- La enfermedad renal crónica ha pasado de 378 millones de afectados en 1990 a 788 millones en 2023, un crecimiento que refleja el envejecimiento global y el avance de condiciones prevenibles como la diabetes y la hipertensión.
- Con 1,5 millones de muertes anuales y una contribución del 12% a la mortalidad cardiovascular mundial, la enfermedad ejerce una presión silenciosa pero devastadora sobre los sistemas de salud globales.
- El infradiagnóstico y el infratratamiento son la norma, especialmente en África subsahariana, el sudeste asiático y América Latina, donde la diálisis y los trasplantes permanecen fuera del alcance de la mayoría.
- La OMS incorporó formalmente la enfermedad a su agenda en mayo de 2025, con la meta de reducir en un tercio las muertes prematuras por enfermedades no contagiosas antes de 2030, pero la distancia entre la política y la práctica sigue siendo enorme.
- Los investigadores insisten en que la detección temprana mediante pruebas de orina y el acceso garantizado al tratamiento son las palancas más urgentes para cambiar la trayectoria de esta crisis.
En el transcurso de tres décadas, el número de personas que viven con enfermedad renal crónica se ha más que duplicado, alcanzando a 788 millones de adultos en todo el mundo —uno de cada siete— y convirtiéndose en la novena causa de muerte global con 1,5 millones de vidas perdidas solo en 2023. Un estudio exhaustivo de NYU Langone Health, publicado en The Lancet, recuerda que detrás de estas cifras hay condiciones en gran medida prevenibles: el azúcar elevado en sangre, la hipertensión y la obesidad. La humanidad posee el conocimiento para frenar esta marea; lo que falta es la voluntad política y la equidad en el acceso al tratamiento.
Hace treinta y tres años, 378 millones de personas vivían con enfermedad renal crónica. Hoy esa cifra supera los 788 millones. Un nuevo estudio de NYU Langone Health, publicado en The Lancet y presentado en la conferencia Kidney Week de la Sociedad Americana de Nefrología en Houston, documenta que la enfermedad se ha convertido en la novena causa de muerte en el mundo, con aproximadamente 1,5 millones de fallecidos en 2023. El análisis, que revisó más de 2.200 artículos y datos de 133 países, concluye que cerca del 14% de los adultos del planeta padecen esta condición.
Los riñones pierden su capacidad de filtrar desechos de forma gradual y silenciosa. En las primeras etapas no hay síntomas evidentes, pero conforme la enfermedad avanza, los pacientes requieren medicamentos, diálisis o trasplantes. Los investigadores identificaron tres factores de riesgo dominantes —hiperglucemia, hipertensión y obesidad— todos ellos prevenibles o controlables con intervención temprana. Además, la enfermedad no solo mata directamente: contribuye al 12% de toda la mortalidad cardiovascular mundial y fue en 2023 la duodécima causa de pérdida de calidad de vida por discapacidad.
Josef Coresh, director del Instituto de Envejecimiento Óptimo de NYU Langone y coautor del estudio, advierte que la enfermedad renal crónica debe ocupar un lugar junto al cáncer y las enfermedades cardíacas en la agenda de los responsables políticos. En mayo de 2025, la OMS la incorporó formalmente a su plan para reducir en un tercio las muertes prematuras por enfermedades no contagiosas antes de 2030.
Sin embargo, Morgan Grams, catedrática de NYU Langone y coautora principal, señala que la enfermedad sigue infradiagnosticada e infratratada, sobre todo en regiones de bajos ingresos donde la diálisis y los trasplantes son escasos y costosos. La solución, según los expertos, pasa por ampliar las pruebas de detección temprana mediante análisis de orina y garantizar que quienes reciben un diagnóstico puedan acceder y costear el tratamiento. El conocimiento existe; el desafío es convertirlo en acción concreta antes de que la cifra vuelva a duplicarse.
Hace tres décadas, 378 millones de personas en el mundo vivían con enfermedad renal crónica. Hoy son 788 millones. Ese crecimiento —más que el doble en treinta y tres años— no es una anomalía estadística sino el reflejo de cómo envejece y crece la población global, y de cómo avanzan las condiciones que dañan los riñones. Un nuevo estudio de NYU Langone Health, publicado en The Lancet y presentado simultáneamente en la conferencia Kidney Week de la Sociedad Americana de Nefrología en Houston a principios de noviembre, documenta que esta enfermedad se ha convertido en la novena causa principal de muerte en el mundo, matando a aproximadamente 1,5 millones de personas en 2023 solo.
Los riñones filtran desechos y exceso de líquido de la sangre. Cuando pierden esa capacidad de forma gradual, el cuerpo acumula lo que debería expulsar. En sus primeras etapas, la enfermedad puede no mostrar síntomas. Pero conforme avanza, los pacientes necesitan intervenciones cada vez más invasivas: medicamentos, diálisis, o un trasplante. El estudio, coordinado por investigadores de NYU Langone junto con la Universidad de Glasgow y el Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington, analizó 2.230 artículos de investigación publicados y datos de salud nacionales de 133 países. Sus conclusiones son claras: aproximadamente el 14% de los adultos en el planeta padecen esta enfermedad, y el número de muertes ha aumentado más del 6% desde 1993.
Lo que hace que este hallazgo sea particularmente grave es que la enfermedad renal crónica no solo mata directamente. También es un factor de riesgo fundamental para las enfermedades cardíacas, contribuyendo a aproximadamente el 12% de toda la mortalidad cardiovascular mundial. En 2023, fue además la duodécima causa principal de pérdida de calidad de vida por discapacidad. Los investigadores identificaron tres factores de riesgo dominantes: niveles altos de glucosa en sangre, presión arterial elevada y obesidad. Estos son, en gran medida, condiciones prevenibles o controlables con intervención temprana.
Josef Coresh, director del Instituto de Envejecimiento Óptimo de NYU Langone y coautor principal del estudio, advierte que "la enfermedad renal crónica es común, mortal y se está convirtiendo en un grave problema de salud pública". Subraya que estos hallazgos respaldan los esfuerzos por reconocer esta afección, junto con el cáncer, las enfermedades cardíacas y los problemas de salud mental, como una prioridad fundamental para los responsables políticos de todo el mundo. En mayo de 2025, la Organización Mundial de la Salud incluyó formalmente la enfermedad renal crónica en su agenda para reducir en un tercio las muertes prematuras por enfermedades no contagiosas antes de 2030.
Pero hay un problema crítico: la mayoría de las personas diagnosticadas se encuentran en las primeras etapas de la enfermedad, cuando el tratamiento con medicamentos y cambios en el estilo de vida aún puede prevenir la necesidad de intervenciones más drásticas y costosas. Sin embargo, según Morgan Grams, catedrática de NYU Langone y coautora principal del estudio, "la enfermedad renal crónica está infradiagnosticada e infratratada". Esto es especialmente cierto en regiones de bajos ingresos. En África subsahariana, el sudeste asiático, América Latina y otras zonas con recursos limitados, relativamente pocas personas reciben diálisis o trasplantes de riñón, probablemente porque estos tratamientos son menos accesibles y más difíciles de costear.
Grams subraya la necesidad de realizar más pruebas de orina para detectar la enfermedad precozmente y de garantizar que los pacientes puedan costear y acceder al tratamiento una vez diagnosticados. Este es el desafío que enfrentan los sistemas de salud: una enfermedad que afecta a casi uno de cada siete adultos en el mundo, que mata a millones y que contribuye a otras muertes, pero que en sus etapas iniciales es manejable. El estudio, parte del esfuerzo más exhaustivo del mundo para monitorear la pérdida de salud —el Carga Mundial de Morbilidad 2023— es la estimación más completa de la enfermedad en casi una década. Sus hallazgos se utilizan ampliamente para orientar la formulación de políticas e informar la investigación en salud global. Lo que viene ahora depende de si los gobiernos y los sistemas de salud pueden convertir esa información en acción.
Citazioni salienti
La enfermedad renal crónica es común, mortal y se está convirtiendo en un grave problema de salud pública— Josef Coresh, director del Instituto de Envejecimiento Óptimo de NYU Langone
La enfermedad renal crónica está infradiagnosticada e infratratada, y necesitamos más pruebas de orina para detectarla precozmente— Morgan Grams, catedrática de NYU Langone Health