La comunidad científica argentina rechaza la negación de Salamone sobre la crisis del sistema

Miles de investigadores, becarios y trabajadores del sistema científico enfrentan pérdida de ingresos, desempleo y abandono forzado de carreras profesionales debido a recortes presupuestarios y caída salarial.
¿Por qué cada vez resulta más difícil construir una vida profesional digna haciendo ciencia en Argentina?
La pregunta central que la comunidad científica le plantea al presidente del CONICET sobre el futuro del sistema.
Mark

¿Por qué Salamone insiste en que el sistema se fortalece cuando los números parecen decir lo contrario?

Mimi

Porque está usando cifras de entrada sin contexto. Sí, ingresaron 1.750 becarios en 2024, pero eso no te dice nada si no sabes cuántos se fueron, cuántos renunciaron, cuántos dejaron de recibir prórrogas. Es como contar puertas que se abren sin contar las que se cierran.

Mark

¿Entonces el problema no es la emigración?

Mimi

No es solo eso. Salamone confunde fuga de cerebros con emigración internacional. Pero muchos investigadores abandonan el sistema sin cruzar la frontera. Renuncian, buscan otros trabajos, se desaniman. Eso también es pérdida de capacidades.

Mark

¿Qué tan grave es la caída salarial?

Mimi

Un investigador del CONICET perdió el 40% de su poder adquisitivo en dos años y medio. Eso no es un ajuste. Es una expulsión silenciosa. ¿Cómo retenes talento cuando alguien que gana bien en otro país ve que sus ingresos se desmorona?

Mark

¿Y los jóvenes? Salamone dice que los prioriza.

Mimi

Dice que los prioriza pero las becas posdoctorales cayeron casi 50% en nuevas asignaciones. Las prórrogas desaparecieron. Esos jóvenes no están en blanco, no entraron en carrera. Ahora se quedan sin beca mientras esperan resultados. Es una forma de expulsión.

Mark

¿Cuál es el verdadero problema entonces?

Mimi

El financiamiento de proyectos. Eso es lo que sostiene todo. Si no hay dinero para investigar, no importa cuántas becas ofrezcas. Los grupos científicos no pueden ni comprar lo indispensable. Los doctorandos no avanzan. Es asfixia presupuestaria.

Mark

¿Esto afecta solo a los investigadores o al país?

Mimi

Al país. La ciencia es la base del desarrollo. Si pierdes capacidades estratégicas, pierdes soberanía. Es lo que la comunidad científica está tratando de decir cuando habla de cientificidio.

  • 6.400 puestos de trabajo perdidos en el sistema científico entre diciembre 2023 y junio 2026
  • Salarios de investigadores del CONICET cayeron 40% en términos reales; universidades 33,7%
  • Becas posdoctorales: de 800 en 2022 a 432 en 2025; prórrogas desaparecieron
  • Financiamiento de proyectos se redujo 80%; presupuesto de ciencia es 0,13-0,14% del PBI

Salamone niega 'cientificidio' y afirma que el sistema se fortalece con 1.750 becarios ingresados en 2024, pero investigadores cuestionan cifras descontextualizadas. Entre diciembre 2023 y junio 2026, el sistema perdió 6.400 puestos; salarios cayeron 40% en CONICET y 33,7% en universidades; financiamiento de proyectos se redujo 80%.

La comunidad científica argentina rechaza las declaraciones del presidente del CONICET, Daniel Salamone, quien negó un éxodo de investigadores. Científicos denuncian desfinanciamiento, caída salarial del 40% y pérdida de 6.400 puestos de trabajo en el sistema.

Daniel Salamone, presidente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, se presentó ante Infobea con un mensaje claro: el sistema científico argentino no está en crisis. Los investigadores se van, dijo, pero no por abandono estatal sino por decisiones tomadas bajo gobiernos anteriores. La caracterización de "cientificidio" le pareció falsa, un exagenración de quienes no leen los números con cuidado. En 2024, el CONICET incorporó 1.750 becarios. Mantiene 1.800 posiciones anuales en convocatorias posteriores. Proyecta 2.100 becas para 2026. Desde su perspectiva, la gestión preserva la capacidad científica del país mientras la reorienta hacia mayor impacto productivo.

La comunidad científica respondió con rapidez y dureza. No discuten si todos se van. Discuten algo más fundamental: por qué cada vez resulta más difícil construir una vida profesional digna haciendo ciencia en Argentina. La Mesa Federal por la Ciencia y la Tecnología, que convocó la movilización del miércoles pasado en el Obelisco, calificó las declaraciones de Salamone como "las patas cortas de la mentira". El problema, explicaron, no es que Salamone mienta con números inventados. Es que presenta cifras aisladas, sin contexto, como si el termómetro no importara cuando se rompe la institución que lo sostenía. Hasta diciembre de 2023 existía una Subsecretaría de Estudios y Prospectiva dedicada a relevar y analizar la dinámica de la ciencia en el país. Hoy esa área desapareció del organigrama. Sin medición sistemática, los números sueltos pierden sentido.

Los datos que la comunidad científica presenta cuentan una historia diferente. Entre diciembre de 2023 y junio de 2026, el sistema científico-tecnológico argentino perdió 6.400 puestos de trabajo. Pasó de 75.121 trabajadores a 68.721. Eso equivale a siete puestos científicos menos por día. En el CONICET específicamente, se registraron 377 bajas de investigadores de carrera entre diciembre de 2023 y marzo de 2025, de las cuales 145 fueron renuncias. En el mismo período se cancelaron 2.549 becas, 637 de ellas también por renuncia. El 31 de julio de 2026, 379 becarios posdoctorales dejaron de trabajar porque el CONICET decidió no prorrogar sus becas mientras esperaban los resultados de la convocatoria de ingreso a la Carrera del Investigador. No todos emigraron. Muchos simplemente abandonaron el sistema dentro del país, una distinción que Salamone parece ignorar deliberadamente.

El deterioro salarial agrava el cuadro. Los investigadores del CONICET acumularon hasta marzo de 2026 una pérdida del 40% en términos reales respecto de noviembre de 2023. Para docentes e investigadores de universidades nacionales, la brecha alcanzó el 33,7%. Un investigador altamente calificado pierde dos de cada cinco pesos de poder adquisitivo. Bajo esas condiciones, hablar de una política de retención del talento suena a ficción. Juan Pablo Fabroni, becario doctoral en Biología y docente de Genética de la UBA, desarmó el argumento oficial sobre el fortalecimiento de las generaciones jóvenes con números concretos. En 2022 se asignaron 800 becas posdoctorales y 1.400 prórrogas. En 2025, 432 becas sin prórrogas. Una disminución de casi el 50% en nuevas becas y una caída abismal en extensiones que antes permitían sostener trayectorias dentro del sistema. Para doctorandos, la secuencia tampoco muestra fortalecimiento sostenido: 1.200 becas doctorales en 2022, luego 570, 890, 1.100 en años sucesivos. Fabroni preguntó lo obvio: ¿qué pasó con los jóvenes en todos esos años?

El financiamiento de proyectos se derrumbó. Según Jorge Geffner, inmunólogo e investigador del CONICET, entre el 70% y el 80% de las líneas clásicas de financiamiento quedaron prácticamente paralizadas. El presupuesto de financiamiento se redujo un 80%, interrumpiendo líneas de investigación en todas las áreas del conocimiento. Diego Golombek, divulgador científico e investigador del CONICET, ubicó el nivel de financiamiento de la ciencia como uno de los más bajos de la historia argentina: entre 0,13% y 0,14% del PBI. Los salarios están por el piso. El financiamiento para proyectos es inexistente o irrisorio. Fabroni advirtió que la generación joven depende del financiamiento de los proyectos en los que participa. Muchos grupos científicos no pueden comprar lo indispensable. Tienen doctorandos sin poder avanzar.

Raquel Chan, doctora en biotecnología agrícola e investigadora superior del CONICET, directora del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral, fue directa: se está destruyendo la ciencia nacional en forma lenta pero constante y segura. La ciencia es la base del desarrollo nacional. El sistema ya sufre pérdida concreta de capital humano. Se pierden las personas formadas de edad intermedia y jóvenes. Las becas son pocas y magras. Los ingresos a carrera no se otorgan. No hay financiamiento. Todo el conjunto hace un escenario triste. Golombek agregó una dimensión política. Nunca antes vivimos una situación en la que un gobierno ataque e insulte a la ciencia. El segundo problema es ideológico. Hay un éxodo importante de jóvenes que dejan el sistema, ya sea dedicándose a otras actividades, emigrando o buscando varios trabajos para sobrevivir. El desánimo es profundo.

Alberto Kornblihtt, biólogo molecular del CONICET, describió una "destrucción por ahogamiento presupuestario". Se está cerrando la carrera de investigador. No otorgan las plazas. Hay mil personas esperando. Se terminaron las becas posdoctorales que tradicionalmente se continuaban hasta que se supiera si habían ingresado a la carrera de investigador. No hay subsidios. La Mesa Federal por la Ciencia y la Tecnología concluyó con una pregunta y una exigencia. La pregunta: ¿por qué cada vez resulta más difícil para un científico argentino construir una vida profesional digna haciendo ciencia en Argentina? La exigencia: hágase cargo. Si no está dispuesto a defender la ciencia, la tecnología y las capacidades soberanas de la Argentina, renuncie. Lo llamaron por su nombre: cientificidio.

Se está destruyendo la ciencia nacional, en forma lenta pero constante y segura
— Raquel Chan, investigadora superior del CONICET
La situación es realmente crítica. El problema principal es que existe una política que lleva a la destrucción del sistema científico-tecnológico
— Jorge Geffner, inmunólogo e investigador del CONICET
Estamos atravesando una situación completamente inédita para la ciencia argentina
— Diego Golombek, divulgador científico e investigador del CONICET
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