Kiguel advierte que Argentina debe transitar hacia flotación cambiaria en momento crítico

Es un cuerpo que se va debilitando con cada venta de dólares
Kiguel describe la erosión de las reservas del Banco Central como un proceso de deterioro progresivo.
Mark

¿Por qué Kiguel dice que 20 mil millones de dólares en reservas es poco? ¿No es una cifra considerable?

Mimi

En términos absolutos suena grande, pero en relación a lo que Argentina necesita para defenderse de una corrida cambiaria, es insuficiente. Otros países de la región tienen reservas que superan su deuda externa. Argentina tiene reservas netas de apenas 4 a 5 mil millones, y el resto está en caja que se agota cada vez que lo usa.

Mark

Entonces el Gobierno hizo bien en controlar la inflación y el déficit, ¿pero se olvidó de algo fundamental?

Mimi

Exactamente. Fue un trade-off que no debería haber existido. Puedes bajar inflación y mantener equilibrio fiscal sin descuidar las reservas. El error fue minimizar esa acumulación desde el principio, como si no fuera crítica.

Mark

¿Y qué pasa si el Banco Central sigue vendiendo dólares hasta enero?

Mimi

Se debilita más. Después de enero tiene que empezar a comprar de vuelta, pero para hacerlo sin que caiga el dólar, tendría que emitir pesos. Eso genera presión inflacionaria de nuevo.

Mark

¿La flotación cambiaria es la solución?

Mimi

No es una solución mágica, pero sí reduce la vulnerabilidad. Si el dólar flota, el banco central no tiene que defender una paridad artificial con reservas que se agotan. El mercado encuentra su nivel y la presión especulativa disminuye.

Mark

¿Por qué el Gobierno no hizo esto antes?

Mimi

Probablemente porque la flotación genera volatilidad a corto plazo y el Gobierno quería proyectar estabilidad. Pero esa estabilidad artificial es más frágil que la que da un mercado que funciona.

  • El dólar oficial ya ronda los $1515 en el Banco Nación y la demanda de divisas no cede, señal de que la desconfianza del mercado es persistente y no coyuntural.
  • El Gobierno llega a las elecciones de octubre debilitado: derrota en Buenos Aires, vetos rechazados en el Congreso y una narrativa económica que ya no convence.
  • Las reservas netas del BCRA apenas alcanzan entre 4 y 5 mil millones de dólares, una cifra que los mercados monitorean con cada venta de divisas como si contaran los latidos que le quedan.
  • Cada intervención del Banco Central para contener el tipo de cambio deteriora su posición, y entre octubre y enero deberá revertir el proceso emitiendo pesos para recomprar dólares.
  • Kiguel propone la flotación cambiaria como salida estructural: no una solución mágica, sino el mecanismo que permitiría al mercado encontrar equilibrio sin agotar las reservas en una defensa artificial.

En el umbral de unas elecciones legislativas que ya muestran el desgaste del oficialismo, el economista Miguel Kiguel advierte que Argentina no enfrenta un colapso inmediato, sino algo quizás más peligroso: una erosión silenciosa de sus reservas cambiarias que deja al país cada vez más expuesto. El diagnóstico señala que el Gobierno priorizó la baja de inflación y el equilibrio fiscal, pero descuidó la construcción del colchón de divisas que toda economía necesita para sostenerse ante la presión de los mercados. La recomendación es tan antigua como urgente: dejar flotar el peso, como lo hacen los vecinos, y dejar de defender una paridad que se sostiene a costa de reservas que se agotan.

La cotización del dólar oficial rondando los $1515 en el Banco Nación es apenas el síntoma visible de una tensión más profunda que el economista Miguel Kiguel diseccionó con precisión, apenas un mes antes de las elecciones legislativas de octubre. El contexto político agrava todo: el oficialismo acumula derrotas en el Congreso y llega a las urnas con una capacidad de maniobra cada vez más estrecha, lo que alimenta la demanda de divisas en un círculo difícil de romper.

Kiguel no anuncia una crisis bancaria ni un default. Lo que describe es una presión cambiaria sostenida y un error de origen: el Gobierno fue exitoso en bajar la inflación y mantener el equilibrio fiscal, pero nunca priorizó la acumulación de reservas. Mientras en casi toda América Latina los bancos centrales poseen más reservas que la deuda externa del país, Argentina tiene reservas netas de apenas 4 a 5 mil millones de dólares. Los 19 o 20 mil millones disponibles existen, pero cada vez que se utilizan, los mercados cuentan cuántos quedan.

El economista describe cada venta de dólares del BCRA como un acto de deterioro acumulativo. El compromiso cambiario actual vence en enero, y entre octubre y fin de año el banco central deberá revertir el proceso, comprando dólares y emitiendo pesos en cantidades significativas. La ventana es estrecha y la posición, frágil.

La conclusión de Kiguel es categórica: Argentina debe avanzar hacia un régimen de flotación cambiaria. No como fórmula mágica, sino como el mecanismo que sus vecinos ya adoptaron y que les ha permitido absorber presiones sin agotar sus reservas defendiendo paridades artificiales. La pregunta no es si el cambio es necesario, sino si habrá voluntad y tiempo para hacerlo antes de que el margen se cierre del todo.

La volatilidad del dólar se ha convertido en una prueba constante para el esquema cambiario que el Gobierno implementó a mediados de abril. En los últimos días, la cotización oficial ya ronda los $1515 en el Banco Nación, mientras la administración Milei enfrenta un escenario político cada vez más complicado: una derrota electoral en Buenos Aires, rechazos a sus vetos en el Congreso, y una capacidad de maniobra que se reduce semana a semana. En este contexto de incertidumbre, el economista Miguel Kiguel ofreció su diagnóstico sobre el estado de la economía argentina, apenas un mes antes de las elecciones legislativas de octubre.

Kiguel no ve un colapso inminente. No habla de crisis bancaria ni de default. Lo que sí observa es una presión cambiaria sostenida, evidencia clara de que los argentinos están comprando dólares de manera constante. Algo está pasando en el mercado, y es particularmente difícil contenerlo en medio de un proceso electoral donde el Gobierno pierde votación tras votación en el Congreso, llegando a las urnas cada vez más debilitado. La combinación de incertidumbre política y señales económicas negativas genera un círculo vicioso que alimenta la demanda de divisas.

El verdadero problema, según Kiguel, no es lo que está sucediendo hoy sino lo que podría suceder mañana. Las reservas del Banco Central rondan los 20 mil millones de dólares, una cifra que el economista considera insuficiente. Si esa cifra es ya escasa, y la tendencia es hacia una reducción futura, entonces hay motivo genuino para la preocupación. La dinámica positiva que caracterizó los primeros meses de la gestión se ha evaporado. El Gobierno perdió la narrativa de que todo marchaba bien, de que era un proyecto diferente. Ahora los argentinos ven problemas que ya conocen de administraciones anteriores.

Kiguel identifica un error fundamental en la estrategia económica del Gobierno: minimizar desde el inicio la importancia de acumular reservas. El programa fue exitoso en reducir la inflación y en mantener el equilibrio fiscal con una radicalidad notable, pero nunca priorizó la construcción de un colchón de divisas robusto. En casi todos los países de América Latina, el banco central posee más reservas que la deuda externa que el país mantiene. Argentina, en cambio, tiene reservas netas de apenas 4 a 5 mil millones de dólares. Existe caja disponible, esos 19 mil millones que pueden utilizarse, pero cada vez que se recurre a ellos, la posición se debilita y los mercados comienzan a contar cuántos dólares quedan. El enfoque fue desbalanceado: poca creación de empleo, poca expansión económica, y pocas reservas. Hoy se paga el precio de esas decisiones.

Cada venta de dólares por parte del Banco Central es un acto de debilitamiento. Kiguel lo describe con una metáfora clara: es un cuerpo que se va deteriorando con cada transacción. El compromiso que el Gobierno asumió vence en enero, y aunque la posición puede seguir deteriorándose hasta entonces, después tendrá que revertir el proceso. Entre el 27 de octubre y el 31 de enero, el banco central deberá comenzar a comprar dólares nuevamente, lo que requerirá emitir pesos en cantidades significativas.

En el cierre de su análisis, Kiguel fue categórico: Argentina está en un momento crítico y debe transitar hacia un régimen de flotación cambiaria. Todos los países vecinos operan con tipos de cambio flotantes, y esa flexibilidad les ha permitido evitar muchas de las crisis que Argentina ha enfrentado. La flotación no es una solución mágica, pero sí un mecanismo que reduce la vulnerabilidad a los ataques especulativos y permite que el mercado encuentre un equilibrio sin que el banco central tenga que defender una paridad artificial con reservas cada vez más escasas.

Ha sido un programa económico muy exitoso en bajar la inflación, muy radical en mantener el equilibrio fiscal, pero nunca se acumularon las reservas necesarias
— Miguel Kiguel
El país está en un momento crítico y tiene que ir hacia una flotación cambiaria. Todos los países que nos rodean tienen tipo de cambio flotante y han evitado muchas crisis
— Miguel Kiguel
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