En un momento en que el crimen organizado desafía los fundamentos del orden civil, el gobierno del presidente José Antonio Kast ha presentado ante el Senado una reforma constitucional que redefine el papel del Estado como garante de la seguridad pública. La iniciativa, ingresada con suma urgencia y apenas 15 días para su debate, propone ocho modificaciones que amplían los poderes ejecutivos, crean un nuevo estado de excepción y establecen regímenes diferenciados para quienes delinquen desde las sombras del crimen organizado. Es una apuesta por reconfigurar el contrato entre el Estado y sus ciu
Kast ingresa reforma de seguridad con suma urgencia: 8 medidas contra crimen organizado
El presidente podría suspender libertades fundamentales en zonas bajo control militar
¿Por qué el Gobierno eligió ingresar esto con suma urgencia en lugar de permitir un debate más lento?
La suma urgencia comprime el plazo a 15 días. Eso refleja cómo el Ejecutivo ve la situación de seguridad: no como un problema que puede esperar, sino como algo que requiere respuesta inmediata. Aunque también es cierto que acelera el trámite legislativo.
¿Qué cambia realmente para una persona condenada por crimen organizado bajo estas nuevas reglas?
Prácticamente todo. Pierde la posibilidad de ocupar cargos públicos de por vida. Sus comunicaciones pueden ser monitoreadas o cortadas. Sus visitas pueden ser restringidas. Incluso los beneficios penitenciarios que normalmente llegarían con el tiempo quedan fuera de su alcance. Es un régimen completamente diferente.
¿Y qué pasa con el nuevo estado de excepción? ¿Cuán amplio es realmente?
Es muy amplio. El presidente puede suspender libertad de movimiento, derecho de reunión, derecho de asociación. Puede interceptar comunicaciones, abrir documentos. Puede requisar bienes. Todo esto en zonas que quedarían bajo control de un oficial general. Son facultades extraordinarias.
¿Quién decide si una organización es criminal o terrorista?
Formalmente, el Senado con dos tercios de votos. Pero el presidente propone la declaración basado en un informe del Ministerio Público o del Consejo de Seguridad Nacional. El Senado tiene cinco días para aprobar o rechazar, sin poder modificar nada. Es un poder presidencial con un filtro legislativo, pero un filtro bastante estrecho.
¿Esto es constitucional bajo las reglas actuales?
No. Por eso es una reforma constitucional. Requiere cambiar la Constitución misma. Eso es lo que hace esto tan significativo: no es una ley ordinaria. Es una reconfiguración del marco fundamental de poderes.
El Pulso
- El gobierno ingresó la reforma con suma urgencia, dejando al Senado apenas 15 días para debatir cambios constitucionales de enorme alcance.
- La propuesta otorga al presidente facultades para declarar organizaciones terroristas o criminales, con aprobación del Senado por dos tercios en sesión secreta, concentrando un poder inédito en el Ejecutivo.
- Un nuevo estado de excepción de seguridad pública permitiría suspender libertades fundamentales —de movimiento, reunión y comunicación— por hasta 120 días prorrogables, generando tensión con las garantías constitucionales vigentes.
- Los condenados por crimen organizado enfrentarían inhabilitación perpetua para cargos públicos y restricciones severas en cárceles, buscando cortar los hilos de coordinación ilícita desde el interior de los penales.
- El proyecto lleva las firmas de cuatro ministros clave y abre un período de debate legislativo intenso sobre hasta dónde puede llegar el Estado en nombre de la seguridad.
En un momento en que el crimen organizado desafía los fundamentos del orden civil, el gobierno del presidente José Antonio Kast ha presentado ante el Senado una reforma constitucional que redefine el papel del Estado como garante de la seguridad pública. La iniciativa, ingresada con suma urgencia y apenas 15 días para su debate, propone ocho modificaciones que amplían los poderes ejecutivos, crean un nuevo estado de excepción y establecen regímenes diferenciados para quienes delinquen desde las sombras del crimen organizado. Es una apuesta por reconfigurar el contrato entre el Estado y sus ciudadanos en materia de seguridad, con todo lo que ello implica para el equilibrio entre libertad y orden.
El lunes, el gobierno del presidente José Antonio Kast presentó en el Senado una ambiciosa reforma constitucional enmarcada en la Agenda Contra el Crimen Organizado y el Terrorismo. Con apenas 15 días para su discusión legislativa —plazo que además coincide con una semana distrital—, la iniciativa propone ocho modificaciones que buscan reconfigurar el marco legal de seguridad pública en Chile.
Entre las medidas más relevantes, la reforma incorpora la seguridad pública como deber explícito del Estado y crea un nuevo artículo constitucional que reconoce la protección frente al crimen organizado. Los condenados por estos delitos enfrentarían inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos, restricciones en beneficios penitenciarios y limitaciones en comunicaciones y visitas, con el fin de impedir que sigan coordinando actividades ilícitas desde las cárceles.
El proyecto también faculta al presidente para declarar que una agrupación constituye una organización terrorista o criminal, previo informe del Ministerio Público o del Consejo de Seguridad Nacional. Dicha declaración requeriría la aprobación del Senado con quórum de dos tercios en sesión secreta, con un plazo de cinco días para pronunciarse sin posibilidad de introducir modificaciones.
La pieza central de la reforma es la creación de un nuevo estado de excepción de seguridad pública, declarable ante amenazas graves e inminentes. Podría extenderse hasta 120 días con posibilidad de prórroga, y durante su vigencia el presidente podría suspender o restringir la libertad personal, de locomoción y de reunión, además de interceptar comunicaciones y disponer requisiciones de bienes. Las zonas afectadas quedarían bajo mando de un oficial general designado por el Ejecutivo.
Firmado por el presidente Kast y cuatro ministros, el proyecto representa una expansión significativa de los poderes ejecutivos y abre un debate legislativo intenso sobre los límites constitucionales de esas facultades.
El lunes, el Gobierno del presidente José Antonio Kast presentó ante el Senado una reforma constitucional ambiciosa diseñada para fortalecer las herramientas del Estado frente al crimen organizado y el terrorismo. El proyecto, ingresado con suma urgencia, forma parte de la Agenda Contra el Crimen Organizado y el Terrorismo (ACOT) y cuenta con un plazo de apenas 15 días para su discusión legislativa, un cronograma que se verá además condicionado por la próxima semana distrital.
La iniciativa propone ocho modificaciones constitucionales que, en conjunto, buscan reconfigurar significativamente el marco legal de seguridad pública. En primer lugar, la reforma incorpora explícitamente la seguridad pública como un deber del Estado, precisando así la obligación estatal de resguardar tanto la seguridad nacional como el orden público. Complementando esta base, el proyecto crea un nuevo artículo 9° bis que reconoce constitucionalmente la protección frente al crimen organizado, habilitando regímenes penitenciarios diferenciados para condenados por estos delitos. Quienes sean sentenciados por actividades vinculadas al crimen organizado enfrentarían inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos, además de restricciones en acceso a beneficios penitenciarios y penas sustitutivas. El Estado también podría restringir sus comunicaciones, visitas, traslados y otros derechos cuando sea necesario para impedir que continúen coordinando actividades ilícitas desde las cárceles.
Otra medida central permite que una ley establezca registros de organizaciones criminales, cuyos efectos se reflejarían en la determinación de responsabilidad penal de sus integrantes, aunque sin eliminar la obligación del Ministerio Público de acreditar participación individual. Estrechamente ligado a esto, el proyecto otorga al Presidente de la República la facultad de declarar que una agrupación constituye una organización terrorista o de crimen organizado, previo informe fundado del Ministerio Público o del Consejo de Seguridad Nacional. Tal declaración requeriría posteriormente aprobación del Senado con quórum de dos tercios en sesión secreta, y la Cámara Alta tendría cinco días para pronunciarse sin poder introducir modificaciones.
La reforma también amplía las causales constitucionales para considerar no solo la calamidad pública, sino también una amenaza grave e inminente o una afectación grave de la seguridad pública. Sobre esta base, el proyecto crea un nuevo estado de excepción constitucional de seguridad pública, que el presidente podría declarar ante una amenaza grave e inminente contra la seguridad pública o cuando esta ya haya sido gravemente afectada. Este estado podría extenderse por un máximo de 120 días, con posibilidad de prórroga por igual período, aunque sucesivas extensiones requerirían acuerdo del Congreso Nacional.
Durante la vigencia de este estado de excepción, las zonas afectadas quedarían bajo dependencia inmediata de un oficial general designado por el presidente. Una ley orgánica constitucional deberá establecer las atribuciones específicas de esa autoridad, las facultades de las Fuerzas de Orden y Seguridad Pública, y la eventual colaboración de las Fuerzas Armadas. Declarado el estado de excepción, el presidente podría suspender o restringir la libertad personal, la libertad de locomoción y el derecho de reunión. También podría restringir el ejercicio del derecho de asociación, interceptar, abrir o registrar documentos y comunicaciones, además de disponer requisiciones de bienes.
La iniciativa lleva las firmas del presidente Kast y de los ministros del Interior, Claudio Alvarado; Defensa, Fernando Barros; Seguridad Pública, Martín Arrau; y de la Secretaría General de la Presidencia, José García Ruminot. El proyecto representa una expansión significativa de los poderes ejecutivos en materia de seguridad pública y abre un período de debate legislativo intenso sobre los límites constitucionales de esas facultades.
Citas Notables
El proyecto busca fortalecer el sistema nacional de seguridad pública y crear un nuevo estado de excepción constitucional de seguridad pública— Descripción oficial del Gobierno