En Lima, durante la asunción de Keiko Fujimori, una fotografía oficial de mandatarios latinoamericanos capturó algo que el protocolo diplomático no contemplaba: Karina Milei, hermana y secretaria general de la Presidencia argentina, posicionada entre jefes de Estado. El gesto, pequeño en apariencia, abre una pregunta que las democracias modernas conocen bien: ¿dónde termina el consejero y dónde comienza el gobernante? En la política, los espacios que se ocupan rara vez son inocentes.