En Tokio, la cámara alta del parlamento japonés ha decidido cambiar su nombre oficial en inglés —de Cámara de Consejeros a Senado— reconociendo que las palabras con las que una nación se presenta al mundo no son un detalle menor, sino un acto de identidad. Durante años, el término 'councillor' generaba confusión internacional, asociándose con cargos locales en lugar de legisladores nacionales. Este ajuste de nomenclatura, sin alterar ninguna estructura de poder, revela una verdad antigua: el lenguaje es también una forma de soberanía.