En el silencio de los servidores, una sombra rusa ha recorrido durante un año los correos de científicos nucleares, contratistas de defensa y funcionarios estadounidenses, buscando los secretos de la fusión y los mapas de una guerra que aún no ha terminado. La campaña, confirmada esta semana por más de una docena de agencias aliadas, no es un acto aislado sino parte de un patrón más antiguo: probar las armas digitales en Ucrania antes de apuntarlas hacia Occidente. En la intersección entre la tecnología más avanzada y el conflicto más urgente, el espionaje cibernético revela cuánto depende la