Ahmadi publicó un vídeo de 27 minutos en YouTube el 11 de diciembre mostrándose sin velo con hombros descubiertos, violando códigos de vestimenta y prohibiciones de canto público para mujeres. El tribunal de Qom condenó a Ahmadi y ocho miembros de su equipo a 74 latigazos, dos años sin salir del país y dos años sin ejercer actividades artísticas por 'atentar contra la moral pública'.
Irán condena a 74 latigazos a cantante por concierto sin velo en YouTube
Cantó sin permiso, sin velo, sin apología.
¿Por qué un video en YouTube, algo que sucede en internet, termina siendo juzgado por un tribunal iraní como si fuera un delito público?
Porque para el estado iraní, la jurisdicción no termina en las fronteras. Si el contenido desafía las leyes islámicas y puede ser visto por ciudadanos iraníes, lo consideran un acto de transgresión dentro de su territorio legal.
Pero eso plantea una pregunta: ¿cuántas personas en Irán vieron realmente el video antes de que fuera denunciado? El reportaje no lo dice. Sabemos que las autoridades lo encontraron en menos de 24 horas, pero no sabemos si fue viral o si fue reportado por alguien específico.
¿Qué hace que este caso sea diferente de otros desafíos al código de vestimenta que vemos en las calles de Teherán?
La diferencia es la intención y la amplificación. Las mujeres que salen sin velo en la calle están ejerciendo desobediencia civil. Ahmadi creó un producto artístico, lo documentó, lo distribuyó. Eso es una declaración pública, no solo un acto personal.
Aunque hay que notar que las autoridades no están aplicando la ley del velo obligatorio en las calles desde 2025. Entonces ¿por qué persiguen a Ahmadi por algo que técnicamente ya no están forzando? Eso sugiere que el problema no es solo el velo, sino el acto de desafío articulado y grabado.
¿Cuál es el significado de que nueve personas reciban la misma sentencia?
Significa que el estado no ve esto como un acto individual de una cantante. Ve una conspiración, una producción coordinada. Todos los que participaron—músicos, técnicos, productores—son cómplices en los ojos de la ley.
Aunque el reportaje no especifica qué rol exacto jugó cada una de esas ocho personas. Sabemos que cuatro eran músicos, pero ¿quiénes eran los otros cuatro? ¿Técnicos de video? ¿Productores? La sentencia es igual para todos, pero sus grados de responsabilidad podrían ser muy diferentes.
¿Qué nos dice el hecho de que Ahmadi ya había sido denunciada antes, en 2022?
Que es una artista que ha elegido repetidamente usar su voz para desafiar. No es un acto impulsivo. Es un patrón de resistencia.
O podría significar que ya estaba en la mira de las autoridades. Cuando alguien ha sido denunciado una vez, es más probable que sea vigilado. No sabemos si Ahmadi fue específicamente buscada o si simplemente fue más fácil encontrarla porque ya era conocida.
The Pulse
- Video de 27 minutos publicado en YouTube el 11 de diciembre de 2024
- Sentencia: 74 latigazos, dos años sin salir del país, dos años sin actividades artísticas
- Nueve personas condenadas: Ahmadi y ocho miembros de su equipo
- Tribunal Penal de Qom, junio de 2026
- Desafío a leyes que prohíben a mujeres grabar discos y cantar en público sin velo
Ahmadi publicó un vídeo de 27 minutos en YouTube el 11 de diciembre mostrándose sin velo con hombros descubiertos, violando códigos de vestimenta y prohibiciones de canto público para mujeres. El tribunal de Qom condenó a Ahmadi y ocho miembros de su equipo a 74 latigazos, dos años sin salir del país y dos años sin ejercer actividades artísticas por 'atentar contra la moral pública'.
Un tribunal iraní ha condenado a la cantante Parastoo Ahmadi a 74 latigazos y dos años de prohibición artística por publicar un concierto en línea sin velo, desafiando las leyes islámicas sobre vestimenta y actuaciones femeninas.
A 27-minute video uploaded to YouTube on December 11th became the basis for a sentence that would reshape one woman's life. Parastoo Ahmadi, an Iranian singer, had filmed what she called a hypothetical concert inside a historic caravanserai—a traditional roadside inn. She wore a long black dress with bare shoulders. She wore no veil. She sang, accompanied by four musicians, in a space that under Iranian law should never have hosted such a performance.
On June 18th, 2026, a court in Qom handed down its judgment. Ahmadi and eight members of her team—musicians, production staff, collaborators—were each sentenced to 74 lashes. They were barred from leaving the country for two years. They were prohibited from engaging in any artistic work for the same period. The charge, as the Qom Criminal Court framed it, was attacking public morality through the production and distribution of obscene content that violated ethical standards in the digital sphere.
The sentence was announced via Ahmadi's Instagram account, a detail that underscores the peculiar nature of the crime: a performance that existed only online, in a space nominally beyond the reach of Iranian authorities, had been prosecuted as though it were a public transgression. Under the Islamic Republic's rules, women cannot record albums. They are permitted to perform only for female audiences, and never before cameras or photographers. Ahmadi had violated both prohibitions simultaneously, broadcasting her concert to anyone with an internet connection.
The response from Iranian authorities was swift. Within 24 hours of the video's publication, judicial officials announced they had filed charges against Ahmadi and her collaborators for holding the concert without permission and for disregarding legal and religious norms. The machinery of enforcement moved quickly, as it does in cases involving challenges to state-mandated codes of conduct.
This was not Ahmadi's first brush with the system. In 2022, during the protests that erupted after Mahsa Amini died in police custody for allegedly wearing her headscarf improperly, Ahmadi released a song titled "From the Blood of the Nation's Youth." That act of artistic solidarity had already marked her as someone willing to use her voice against the state's restrictions. The current sentence suggests the authorities had been waiting for another opportunity to make an example.
The timing of Ahmadi's concert video, however, placed it within a broader shift in Iranian society. Two years had passed since Amini's death and the mass protests that followed. In the intervening period, many Iranian women had stopped wearing the veil as an act of civil disobedience. By early 2025, authorities had effectively ceased enforcing the laws that made the hijab mandatory. On the streets of Tehran and other Iranian cities, it had become commonplace to see women with uncovered heads. The state's grip on this particular form of control had loosened, at least in practice.
Yet the court's sentence suggests that the legal framework remains intact, and that those who challenge it through public performance—especially through media that reaches beyond Iran's borders—will still face punishment. Ahmadi's case sits at the intersection of two realities: a society where women are increasingly ignoring dress codes in daily life, and a judiciary that continues to prosecute artistic expression that violates those same codes. The 74 lashes, the travel ban, the two-year prohibition on performing—these are the state's answer to a woman who sang without permission, without a veil, and without apology.
Notable Quotes
Parastoo Ahmadi, junto con otras ocho personas del equipo y músicos del concierto virtual, fue condenada a 74 latigazos de carácter correctivo, dos años de prohibición de salida del país y dos años de inhabilitación para ejercer actividades artísticas— Comunicado en la página de Instagram de Parastoo Ahmadi
Atentar contra la moral pública mediante la producción y difusión de contenidos obscenos y contrarios a la ética en el entorno virtual— Tribunal Penal de Qom, acusación formal