Cada invierno, cuando los días se acortan y el sol se vuelve escaso, el cuerpo humano enfrenta en silencio una merma en la producción de vitamina D, nutriente que sostiene desde los huesos hasta las defensas inmunitarias. No todos corren el mismo riesgo: adultos mayores, trabajadores de espacios cerrados y quienes habitan las zonas más australes del país son los más vulnerables a esta carencia estacional. La ciencia y la experiencia clínica coinciden en que la respuesta no está en la automedicación, sino en hábitos cotidianos sostenidos y en la orientación de un profesional de salud que evalúe
Invierno y déficit de vitamina D: cómo prevenir con alimentación y exposición solar responsable
La suplementación nunca debiera iniciarse por iniciativa propia
¿Por qué la vitamina D es tan importante si la mayoría de la gente solo piensa en ella para los huesos?
Porque actúa como hormona en el cuerpo. Sí, fortalece los huesos, pero también regula el sistema inmunológico y otros procesos metabólicos. Es más fundamental de lo que la gente cree.
¿Entonces en invierno todos estamos en riesgo de deficiencia?
No todos por igual. Los adultos mayores, quienes trabajan en espacios cerrados, y las personas con enfermedades hepáticas o renales están en mayor riesgo. Pero cualquiera que pase poco tiempo al aire libre puede tener problemas.
¿Puedo simplemente comer más pescado y resolver el problema?
Ayuda, pero no es suficiente. La alimentación contribuye, pero generalmente no cubre los requerimientos completos. Necesitas combinarla con exposición solar responsable.
¿Cuánto tiempo debo estar al sol?
No hay un tiempo único para todos. Depende de tu piel, la hora del día, la latitud donde vivas. Lo importante es que sea responsable, con protección solar, sin quemaduras.
¿Entonces debería tomar suplementos?
Solo si un médico lo confirma con exámenes. La automedicación es el error más común. No todos necesitan suplementarse, y las dosis deben ser personalizadas.
¿Qué puedo hacer ahora mismo?
Mantén buenos hábitos: duerme bien, come equilibrado, haz actividad física, sal al aire libre cuando puedas, y si tienes factores de riesgo, consulta a un profesional.
The Pulse
- La reducción de luz solar en invierno compromete silenciosamente la producción de vitamina D, afectando la salud ósea, muscular e inmunológica de la población.
- Adultos mayores, personas sedentarias en espacios cerrados y habitantes de zonas australes enfrentan un riesgo elevado de deficiencia que puede acumularse con consecuencias serias.
- La alimentación con pescados grasos, huevos y alimentos fortificados ayuda, pero por sí sola no cubre los requerimientos completos que el organismo necesita en los meses fríos.
- La automedicación con suplementos de vitamina D es un error frecuente y potencialmente dañino; solo una evaluación clínica puede confirmar la deficiencia y determinar la dosis correcta.
- La estrategia más efectiva combina alimentación equilibrada, actividad física al aire libre, buen descanso y controles médicos periódicos, sin necesidad de medidas costosas ni drásticas.
Cada invierno, cuando los días se acortan y el sol se vuelve escaso, el cuerpo humano enfrenta en silencio una merma en la producción de vitamina D, nutriente que sostiene desde los huesos hasta las defensas inmunitarias. No todos corren el mismo riesgo: adultos mayores, trabajadores de espacios cerrados y quienes habitan las zonas más australes del país son los más vulnerables a esta carencia estacional. La ciencia y la experiencia clínica coinciden en que la respuesta no está en la automedicación, sino en hábitos cotidianos sostenidos y en la orientación de un profesional de salud que evalúe cada caso con la atención que merece.
El invierno no solo acorta los días: también reduce de manera considerable la producción de vitamina D en el organismo, un nutriente que va mucho más allá de la salud ósea. Actúa como hormona, regula la absorción de calcio y fósforo, fortalece el sistema inmunológico y participa en procesos metabólicos esenciales. Sin ella, el cuerpo no puede fijar adecuadamente el calcio ni mantener la salud muscular que necesita.
Roxana Soto, docente adjunta de Nutrición y Dietética en la Universidad de O'Higgins, explica que la vitamina D proviene de la radiación ultravioleta B sobre la piel y de ciertos alimentos. En invierno, la combinación de días cortos, mayor tiempo en espacios cerrados, latitud geográfica y nubosidad conspira contra esa producción natural. Los grupos más vulnerables son los adultos mayores, quienes trabajan habitualmente en oficinas, las personas con enfermedades hepáticas o renales, y quienes viven en las zonas australes del país.
Incorporar pescados grasos, huevos y alimentos fortificados a la dieta diaria es una medida útil, aunque insuficiente por sí sola para cubrir los requerimientos completos. Las caminatas al aire libre permiten aprovechar la luz disponible, pero la exposición solar debe ser responsable: sin quemaduras y siguiendo las recomendaciones de fotoprotección del Ministerio de Salud.
Soto es enfática respecto a los suplementos: iniciarlos por iniciativa propia es un error. El cansancio o la debilidad ósea no son razones suficientes para automedicarse. Lo correcto es consultar a un profesional que realice una evaluación clínica y, si corresponde, solicite exámenes que confirmen una deficiencia real. Las dosis deben ajustarse a cada paciente, porque tomar cantidades incorrectas puede traer consecuencias.
La prevención más efectiva no requiere medidas drásticas ni costosas. Una alimentación equilibrada, actividad física regular, buen descanso y controles médicos periódicos conforman la estrategia que realmente protege la salud a largo plazo, especialmente durante los meses en que el sol escasea.
El invierno trae consigo días más cortos y menos luz solar, y con ello viene un desafío silencioso para la salud: la producción de vitamina D en nuestro cuerpo se reduce significativamente. Este nutriente, que la mayoría asocia únicamente con huesos fuertes, cumple en realidad un papel mucho más amplio en el organismo. Actúa como hormona, participa en la absorción de calcio y fósforo, fortalece el sistema inmunológico y regula diversos procesos metabólicos. Sin ella, nuestro cuerpo no puede fijar adecuadamente el calcio ni mantener la salud ósea y muscular que necesita.
Roxana Soto, docente adjunta de Nutrición y Dietética en la Universidad de O'Higgins, explica que la vitamina D proviene de dos fuentes principales: la radiación ultravioleta B que recibe la piel y ciertos alimentos. Pero durante los meses fríos, cuando los días se acortan y pasamos más tiempo en espacios cerrados, esa producción natural cae de manera considerable. La cantidad que el cuerpo genera depende de múltiples factores: la estación, la hora del día, la latitud geográfica, la nubosidad y hasta el tipo de piel de cada persona. En invierno, todos estos factores conspiran contra nosotros.
No todos enfrentan el mismo riesgo. Los adultos mayores, las personas que trabajan habitualmente en oficinas o espacios cerrados, y quienes padecen enfermedades hepáticas o renales están particularmente vulnerables. Quienes viven en zonas australes del país tienen dificultades aún mayores para obtener vitamina D a través de la exposición solar durante buena parte del año. Para estos grupos, una deficiencia puede desencadenar problemas serios de salud ósea y muscular que se acumulan con el tiempo.
La alimentación puede ayudar, pero tiene límites. Soto recomienda incorporar pescados grasos, huevos y alimentos fortificados a la dieta diaria. Sin embargo, estos alimentos por sí solos generalmente no cubren los requerimientos completos de vitamina D que el cuerpo necesita. Una caminata al aire libre, además de aportar actividad física, permite aprovechar la luz natural disponible. Pero aquí viene un punto crucial: no existe un tiempo único de exposición solar que funcione para todos. La exposición debe ser responsable, evitando quemaduras solares y respetando las recomendaciones de fotoprotección del Ministerio de Salud, que aconseja usar protector solar y evitar las radiaciones ultravioleta prolongadas.
Antes de recurrir a suplementos, Soto es categórica: no se debe iniciar la suplementación por iniciativa propia. Muchas personas creen que si sienten cansancio o debilidad ósea, deben comenzar a tomar vitamina D, pero esto es un error. Lo correcto es consultar a un profesional de salud que realice una evaluación clínica y, si es necesario, solicite exámenes que confirmen una deficiencia real. Las dosis de suplementos deben determinarse según las características y necesidades específicas de cada paciente, no de manera genérica. No todas las personas necesitan suplementarse, y tomar dosis incorrectas puede traer consecuencias.
La prevención integral va más allá de la vitamina D. Soto subraya que mantener una rutina que incluya alimentación equilibrada, actividad física regular, buen descanso y controles de salud periódicos es lo que realmente protege la salud a largo plazo. Durante el invierno, cuando la tentación de quedarse en casa es mayor, estos hábitos se vuelven aún más importantes. Una buena noche de sueño, una comida nutritiva, una caminata al aire libre cuando sea posible, y visitas regulares al médico conforman la estrategia más efectiva. No se trata de medidas drásticas ni costosas, sino de decisiones cotidianas que, sumadas, mantienen los niveles de vitamina D en rangos saludables y previenen los problemas de salud que su deficiencia puede causar.
Notable Quotes
Actúa como una hormona y participa en diversos procesos del organismo. Su función más conocida es favorecer la absorción de calcio y fósforo para mantener una buena salud ósea, pero también existe evidencia sobre su participación en el funcionamiento del sistema inmune— Roxana Soto, docente de Nutrición y Dietética, Universidad de O'Higgins
Lo recomendable es realizar una evaluación clínica y, si corresponde, exámenes que permitan confirmar una deficiencia antes de definir la dosis y el tiempo de tratamiento— Roxana Soto