Investigadores de la UdeA avanzan en terapias contra el cáncer gástrico, el más letal en Colombia

El cáncer gástrico causa 6.757 muertes anuales en Colombia, siendo la principal causa de mortalidad oncológica en el país.
El sistema inmune intenta atacar, pero el tumor activa un freno
Los investigadores descubrieron cómo el cáncer gástrico bloquea la respuesta inmunológica, abriendo oportunidades para inmunoterapia.
Mark

¿Por qué es importante que este virus haya sido identificado específicamente en pacientes antioqueños?

Mimi

Porque hasta ahora la mayoría de los estudios sobre este subtipo venían de Asia, Europa y Norteamérica. Los investigadores estaban usando datos que no reflejaban necesariamente cómo se comporta la enfermedad en nuestra población. Ahora tienen evidencia propia.

Luke

Pero espera, el 42,9 por ciento que encontraron, ¿eso significa que casi la mitad de los cánceres gástricos en Antioquia son de este tipo?

Mimi

No, eso es importante aclarar. Ese porcentaje es solo de los 35 tumores que estudiaron, y esa muestra fue seleccionada intencionalmente. No es un reflejo de la prevalencia general.

Mark

Entonces, ¿cuál es el valor real del hallazgo?

Mimi

Que confirma que este subtipo existe aquí y que vale la pena buscarlo sistemáticamente. Además, descubrieron que estos tumores tienen muchas células inmunológicas intentando atacarlos, pero el tumor activa un freno.

Luke

¿Y eso abre la puerta a tratamientos nuevos?

Mimi

Exactamente. Los tratamientos de inmunoterapia funcionan desactivando ese freno. Ahora podrían identificar antes de tratar cuáles pacientes podrían beneficiarse.

Mark

¿Pero sigue siendo el diagnóstico temprano lo más importante?

Mimi

Sí. Los investigadores fueron claros en eso. El pronóstico cambia dramáticamente si se detecta en etapas iniciales. Todo lo demás es complementario.

Luke

¿Cuánto tiempo hasta que estas pruebas estén disponibles en los laboratorios del país?

Mimi

El estudio abre la posibilidad, pero no hay un cronograma. Eso dependerá de decisiones de política sanitaria y de capacidad institucional.

  • Colombia enfrenta una emergencia silenciosa: 6.757 muertes anuales por cáncer gástrico convierten al país en uno de los más golpeados del mundo por esta enfermedad.
  • La ausencia de datos locales obligaba a los médicos colombianos a tomar decisiones clínicas basadas en estudios de Asia o Europa, realidades biológicas y epidemiológicas distintas.
  • El equipo de la UdeA encontró el virus de Epstein-Barr en casi la mitad de los tumores analizados, confirmando que este subtipo existe en Antioquia y merece búsqueda sistemática.
  • La presencia masiva de linfocitos y la expresión de PD-L1 en los tumores revela que el sistema inmune intenta combatir el cáncer, pero el tumor activa un freno que la inmunoterapia podría desactivar.
  • Los investigadores proyectan que pruebas como EBER-ISH podrían incorporarse de forma rutinaria en laboratorios de patología para identificar candidatos a inmunoterapia antes de iniciar cualquier tratamiento.

En un país donde el cáncer gástrico cobra más vidas que cualquier otro tumor, investigadores de la Universidad de Antioquia han identificado en pacientes locales un subtipo de la enfermedad vinculado al virus de Epstein-Barr, hasta ahora documentado principalmente en otras latitudes. El hallazgo no es solo un dato clínico: es el comienzo de una evidencia propia que podría guiar tratamientos de inmunoterapia más precisos para quienes más los necesitan. La ciencia, cuando se arraiga en el territorio que habita, se convierte en una forma de justicia.

Colombia lidera, con una cifra que pesa, la mortalidad por cáncer gástrico en el continente: más de 6.700 muertes al año, más que cualquier otro tumor. Frente a esa realidad, un equipo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia decidió mirar de cerca lo que ocurre en los propios tejidos de los pacientes antioqueños.

El grupo reunió a especialistas en gastrohepatología, patología y virología, junto con dos hospitales de referencia regional, para analizar muestras tumorales de 35 pacientes operados de cáncer gástrico. Su objetivo era caracterizar un subtipo de la enfermedad asociado al virus de Epstein-Barr —el mismo que causa la mononucleosis infecciosa— que hasta ahora había sido descrito casi exclusivamente en Asia, Europa y Norteamérica. La investigadora Ana María Muñoz Restrepo subrayó lo esencial: sin datos propios, los médicos colombianos debían extrapolar evidencia extranjera que no siempre refleja la realidad local.

Usando una técnica especializada de laboratorio, el equipo detectó el virus en el 42,9% de los tumores estudiados. Más allá del porcentaje, el hallazgo confirma que este subtipo existe en la región y justifica buscarlo de manera sistemática. Lo más revelador fue el entorno inmunológico de esos tumores: casi todos presentaban una alta densidad de linfocitos —señal de que el sistema inmune intenta atacar las células cancerosas— y cerca de un tercio expresaba la proteína PD-L1, un mecanismo que el tumor usa para frenar esa respuesta defensiva.

Esa dinámica es precisamente la que aprovecha la inmunoterapia moderna. Al desactivar ese freno, los tratamientos permiten que las defensas del organismo actúen con mayor fuerza contra el tumor. Los investigadores plantean que pruebas como EBER-ISH y la evaluación de PD-L1 podrían incorporarse de forma rutinaria en los laboratorios de patología del país, para identificar antes del tratamiento qué pacientes podrían beneficiarse de estas terapias.

Aun así, el equipo insiste en que el arma más poderosa sigue siendo el diagnóstico temprano. La endoscopia digestiva alta puede detectar lesiones premalignas cuando aún son tratables, y el pronóstico mejora de forma significativa en etapas iniciales. Factores como la infección por Helicobacter pylori, la edad avanzada, el tabaquismo y los alimentos ultraprocesados elevan el riesgo. Investigar nuevos tratamientos y fortalecer la prevención no son caminos opuestos: en este caso, van de la mano.

En Colombia, el cáncer gástrico mata más personas que cualquier otra enfermedad oncológica. Durante 2024, según datos de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, el país enfrentó 9.010 nuevos diagnósticos y 6.757 muertes por esta enfermedad. Aunque ocupa el cuarto lugar en incidencia entre los cánceres, lidera sin competencia en mortalidad. Frente a esa realidad, un equipo de investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia acaba de dar un paso que podría transformar cómo se diagnostican y tratan algunos de estos casos.

El trabajo reunió al Grupo de Gastrohepatología, el Departamento de Patología y el Grupo Bacterias y Cáncer de la UdeA, en alianza con el Hospital Alma Mater de Antioquia y el Hospital San Vicente Fundación. Analizaron muestras de tejido tumoral de 35 pacientes con cáncer gástrico que fueron operados en esas dos instituciones. El propósito era identificar y caracterizar en la población antioqueña un subtipo específico de la enfermedad asociado al virus de Epstein-Barr, un virus que hasta ahora había sido descrito principalmente en Asia, Europa y Norteamérica. Ana María Muñoz Restrepo, médica general e investigadora del Grupo de Gastrohepatología, explicó la importancia del hallazgo: casi no existía información específica sobre este subtipo en pacientes atendidos en Antioquia. Caracterizarlo en población colombiana permite dejar de extrapolar únicamente datos extranjeros y comenzar a construir evidencia propia, adaptada a la realidad epidemiológica y a los hospitales locales.

El virus de Epstein-Barr es uno de los más distribuidos en el mundo. Se transmite principalmente por la saliva —al besar o compartir objetos que han estado en contacto con la boca— y la mayoría de las personas lo contrae durante la adolescencia. En muchos casos no produce síntomas; en otros, causa la mononucleosis infecciosa, conocida como la enfermedad del beso. Los investigadores aclararon un punto importante: que alguien haya tenido el virus no significa que vaya a desarrollar cáncer. El cáncer gástrico asociado a este virus es poco común y requiere la interacción de distintos factores —genéticos, ambientales e inmunológicos— para desarrollarse. El estudio no examinaba personas infectadas por el virus, sino tumores ya diagnosticados, para comprender mejor su biología y encontrar oportunidades de tratamiento.

Usando una técnica de laboratorio especializada llamada EBER-ISH, el equipo detectó la presencia del virus en el 42,9 por ciento de los tumores analizados. Ese porcentaje no refleja la prevalencia general del subtipo en la población, sino la proporción dentro de una muestra seleccionada intencionalmente. Lo relevante, según los investigadores, es que confirma que este tipo de tumor sí existe en pacientes de la región y que justifica buscarlo de forma sistemática. El hallazgo más significativo fue la descripción del entorno donde las células cancerosas interactúan con el sistema inmunológico. Prácticamente todos los tumores estudiados contenían una gran cantidad de linfocitos —células del sistema inmunológico— dentro del tumor, lo que indica que las defensas del organismo intentan reconocer y atacar las células cancerosas. Al mismo tiempo, cerca de un tercio de los tumores expresaba la proteína PD-L1, según explicó María Cristina Navas Navas, viróloga y coordinadora del Grupo de Gastrohepatología.

Esta dinámica es crucial: el sistema inmune intenta atacar el tumor, pero este activa mecanismos para frenar esa respuesta. Precisamente esa dinámica es la que aprovechan los tratamientos de inmunoterapia, que buscan desactivar ese freno y permitir que las defensas del cuerpo actúen con mayor fuerza. El estudio abre la posibilidad de que pruebas como EBER-ISH y la evaluación de la proteína PD-L1 se incorporen de manera más rutinaria en los laboratorios de patología del país, para identificar qué pacientes podrían beneficiarse de tratamientos específicos antes de iniciarlos.

Sin embargo, los investigadores insisten en que la mejor herramienta sigue siendo el diagnóstico temprano. La endoscopia digestiva alta permite detectar lesiones premalignas en etapas iniciales, cuando las posibilidades de tratamiento son considerablemente mayores. El pronóstico del cáncer gástrico cambia de manera importante cuando se diagnostica en etapas iniciales. Por eso, además de seguir investigando nuevos tratamientos, es fundamental fortalecer las estrategias de prevención, acudir al médico ante síntomas digestivos persistentes y promover el diagnóstico oportuno en las personas con mayor riesgo. Entre los factores de riesgo están la infección crónica por Helicobacter pylori, tener más de 60 años, el consumo frecuente de alimentos ultraprocesados o preservados con sal, el alcohol, el tabaquismo y el sobrepeso.

Caracterizarlo en pacientes colombianos nos permite dejar de extrapolar únicamente datos extranjeros y empezar a construir evidencia propia, adaptada a nuestra realidad epidemiológica
— Ana María Muñoz Restrepo, investigadora del Grupo de Gastrohepatología
El pronóstico del cáncer gástrico cambia de manera importante cuando se diagnostica en etapas iniciales
— María Cristina Navas Navas, coordinadora del Grupo de Gastrohepatología
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