En las profundidades de la tierra cubana reposa uno de los depósitos de cobalto más grandes del mundo, y su destino está siendo negociado no en La Habana, sino en los pasillos del poder financiero y político de Washington. Sherritt International, atrapada entre sanciones estadounidenses y pérdidas millonarias, busca ceder su participación en las minas de Moa a inversionistas con los contactos necesarios para desbloquear lo que la ley ha cerrado. Lo que parece una transacción comercial es, en realidad, una pugna por el control de recursos críticos en un momento en que las grandes potencias rede
Inversionistas estadounidenses compiten por control de minerales críticos de Cuba
No es sólo adquirir esas acciones. Es lograr un acuerdo con la administración.
¿Por qué una sanción contra una empresa mixta terminó paralizando a toda Sherritt?
Porque Sherritt era accionista de esa empresa mixta. Cuando Washington sancionó a Moa Nickel, quedó vinculada automáticamente. No podía seguir operando sin violar las sanciones.
Entonces la solución es vender a alguien estadounidense que tenga conexiones políticas.
Exactamente. Pero no es solo vender. Es vender a alguien que pueda negociar una excepción con la administración. Sin eso, el nuevo dueño tendría el mismo problema.
¿Por qué Ray Washburne tiene ventaja sobre el consorcio europeo?
Porque es transparente, tiene un historial en la administración Trump, y representa exactamente lo que Trump quiere: control estadounidense. El socio estadounidense del consorcio europeo se mantiene oculto, lo cual genera desconfianza.
¿Qué hace tan valioso el cobalto cubano?
Cuba tiene 500 mil toneladas confirmadas, el quinto depósito mundial. Es esencial para baterías y transición energética. Y es el único con cantidades accesibles significativas en el hemisferio occidental.
¿Qué pasa si Sherritt elige un comprador?
Aún tendría que superar demandas por expropiaciones históricas y obtener licencias especiales. La venta es solo el primer paso de un proceso mucho más largo.
El Pulso
- Las sanciones de Washington contra Moa Nickel S.A. paralizaron de golpe las operaciones de Sherritt en Cuba, dejando a la empresa canadiense con pérdidas de más de 51 millones de dólares en un solo trimestre.
- Cuba alberga el quinto mayor depósito de cobalto del mundo —500 mil toneladas esenciales para baterías y transición energética— convirtiendo estas minas en un activo geopolítico de primer orden.
- Dos candidatos compiten por adquirir el 50% de Sherritt: Ray Washburne, financista republicano con acceso directo a la Casa Blanca, y un consorcio europeo con un socio estadounidense que se niega a revelar su identidad.
- El silencio del socio anónimo genera desconfianza en Washington; analistas advierten que la transparencia será decisiva para obtener la bendición política que hace viable cualquier operación en suelo cubano.
- La administración Trump tiene dos meses para inclinarse por un ganador, pero incluso con su respaldo, el comprador deberá sortear demandas de expropiación y obtener licencias especiales que aún no existen.
En las profundidades de la tierra cubana reposa uno de los depósitos de cobalto más grandes del mundo, y su destino está siendo negociado no en La Habana, sino en los pasillos del poder financiero y político de Washington. Sherritt International, atrapada entre sanciones estadounidenses y pérdidas millonarias, busca ceder su participación en las minas de Moa a inversionistas con los contactos necesarios para desbloquear lo que la ley ha cerrado. Lo que parece una transacción comercial es, en realidad, una pugna por el control de recursos críticos en un momento en que las grandes potencias redefinen quién posee las cadenas de suministro del futuro energético.
Dos inversionistas estadounidenses libran una batalla silenciosa por controlar las minas de cobalto más importantes del hemisferio occidental, ubicadas en Moa, Cuba. El premio es la participación accionaria de Sherritt International, empresa canadiense que operó esas minas durante décadas junto al gobierno cubano, hasta que una sanción de Washington lo cambió todo.
En mayo de 2026, el Departamento del Tesoro incluyó a Moa Nickel S.A. —la empresa mixta que Sherritt compartía al 50% con el Estado cubano— en su lista negra de entidades sancionadas. La consecuencia fue inmediata: Sherritt suspendió todas sus operaciones en la isla y su refinería en Alberta dejó de funcionar. Las pérdidas superaron los 51 millones de dólares solo en el segundo trimestre del año.
Ahora Sherritt busca vender su participación a inversionistas estadounidenses capaces de negociar con la administración Trump una excepción que permita reanudar las operaciones. Según el abogado Eloy Viera, no se trata solo de comprar acciones: se trata de conseguir que Washington autorice que esas minas vuelvan a funcionar.
El candidato más visible es Ray Washburne, financista republicano que integró la primera administración Trump y hoy dirige Gillon Capital desde Dallas. Su historial de acceso a la Casa Blanca lo convierte en el favorito natural. Frente a él compite un consorcio de empresas europeas que incluye un socio estadounidense que, hasta ahora, ha preferido el anonimato —una opacidad que genera sospechas en el Congreso y entre los analistas.
John Kavulich, del Consejo de Comercio entre Estados Unidos y Cuba, advierte que ese silencio puede ser fatal: la administración Trump difícilmente entregará licencias a una empresa extranjera cuando el objetivo declarado del presidente es que Estados Unidos controle las cadenas de suministro globales. El cobalto cubano —quinto depósito mundial, esencial para las baterías de la transición energética— encaja perfectamente en esa estrategia.
Sherritt tiene dos meses para decidir. Pero incluso con el respaldo político de Washington, el comprador elegido deberá enfrentar demandas de ciudadanos estadounidenses con bienes expropiados en Cuba y tramitar licencias de inversión que aún no existen. La transacción, si se concreta, será apenas el primer paso de un proceso mucho más largo y complejo.
En las últimas semanas, dos potencias financieras estadounidenses se han lanzado a una batalla por controlar más de la mitad de Sherritt International, la empresa canadiense que operaba las minas de cobalto más importantes del hemisferio occidental en Moa, Cuba. Lo que está en juego no es solo una transacción comercial, sino acceso a 500 mil toneladas de cobalto—reservas que posicionan a Cuba como el quinto productor mundial de este mineral esencial para las baterías de la transición energética global.
La historia comienza con una sanción. En mayo de este año, Washington incluyó a Moa Nickel S.A. en su lista negra de entidades sancionadas. Moa Nickel no era Sherritt directamente, sino la empresa mixta que Sherritt había creado décadas atrás con el gobierno cubano, operada al 50 por ciento por cada parte. Pero esa estructura legal resultó ser una trampa. Al ser accionista de una entidad sancionada, Sherritt quedó vinculada a las restricciones. La empresa canadiense no tuvo opción: suspendió todas sus operaciones en Cuba. Su refinería en Alberta, que dependía del material prima cubano, dejó de funcionar. En agosto, Sherritt reportó pérdidas de más de 51 millones de dólares en el segundo trimestre de 2026 solamente.
Ahora, con sus operaciones paralizadas y sus finanzas sangrando, Sherritt busca una salida. La solución que ha identificado es vender su participación accionaria a inversionistas estadounidenses que tengan los contactos políticos necesarios para navegar el laberinto de sanciones. Según Eloy Viera, abogado y analista legal, el objetivo no es simplemente comprar acciones. Es lograr que la administración estadounidense otorgue una excepción que permita que la operación continúe. "No es sólo adquirir esas acciones. Es lograr que se llegue a un acuerdo con la administración que les permita seguir operando esas empresas", explica.
Ray Washburne, financista republicano que formó parte de la primera administración Trump y ahora lidera Gillon Capital con sede en Dallas, es el candidato más visible. Sherritt ha confirmado estar en negociaciones con él. Su ventaja es clara: tiene un historial de acceso directo a la Casa Blanca y representa exactamente el tipo de componente estadounidense que la administración Trump busca favorecer. John Kavulich, del Consejo de Comercio y Economía entre Estados Unidos y Cuba, lo describe como "el más público de los dos" candidatos. Pero hay un segundo consorcio en la contienda, liderado por empresas europeas pero que incluye un socio estadounidense que hasta ahora ha preferido permanecer en el anonimato.
Esta opacidad preocupa a los observadores. Kavulich señala que la transparencia será fundamental. "Lo que habríamos esperado es que el componente estadounidense diera un paso al frente de inmediato y dijera: 'Oiga, Señor Presidente, hay un componente estadounidense en esto, y soy yo'", comenta. El silencio del socio estadounidense del consorcio europeo genera sospechas en Washington y en el Congreso.
La administración Trump tiene razones claras para preferir un ganador. El presidente ha dejado explícito su objetivo: que Estados Unidos posea y controle las cadenas de suministro globales. El cobalto cubano es precisamente el tipo de recurso crítico que encaja en esa estrategia. Kavulich explica que es "poco probable que la administración Trump entregue esos documentos a una empresa extranjera". Los inversionistas estadounidenses ya han recibido autorización preliminar del Departamento de Estado y del Tesoro para negociar, aunque esto no representa una aprobación definitiva.
Sherritt tiene dos meses para decidir. Pero incluso si elige un comprador y obtiene la bendición política de Washington, los obstáculos no terminan. La empresa enfrentaría demandas de ciudadanos estadounidenses cuyos bienes fueron expropiados en Cuba hace décadas, y necesitaría obtener licencias especiales que autoricen la inversión estadounidense en la isla. La transacción, si prospera, será solo el primer paso de un proceso mucho más complejo que dependerá de cómo la administración Trump decida equilibrar sus objetivos de control de cadenas de suministro con las complejidades políticas de cualquier operación en territorio cubano.
Citas Notables
No es sólo adquirir esas acciones. Es lograr que se llegue a un acuerdo con la administración que les permita seguir operando esas empresas.— Eloy Viera, abogado y analista legal
Es poco probable que la administración Trump entregue esos documentos a una empresa extranjera, porque el presidente Trump quiere que todo vuelva a los EE. UU.— John Kavulich, U.S.-Cuba Trade and Economic Council