Mercosur no puede resolver la crisis mundial de trigo pese a su reputación agrícola

El clima no negocia con los precios
Argentina enfrenta sequía que limita la siembra de trigo, independientemente de los precios récord del mercado global.

Cuando la guerra en Ucrania y las sanciones a Rusia sacudieron los mercados mundiales de trigo en 2022, el mundo miró hacia el Cono Sur como posible refugio alimentario. Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay —potencias agrícolas de reputación global— se encontraron, sin embargo, atrapados entre sequías, costos de guerra y demandas internas insatisfechas. La reputación de granero del mundo, se reveló, no es garantía de capacidad ejecutiva ante una crisis de esta escala.

  • La salida simultánea de Rusia, Ucrania e India del mercado exportador de trigo dejó un vacío que ninguna región puede llenar sola, disparando precios a máximos históricos de 460 dólares por tonelada.
  • Argentina, el actor más esperado, enfrenta una sequía que reduce el área sembrada en un 8% y fertilizantes prohibitivamente caros, haciendo que el clima y la economía de guerra conspiren contra cualquier expansión.
  • Brasil, lejos de ser un exportador neto, es el octavo importador mundial de trigo y depende en un 87% de Argentina para cubrir su déficit, revelando la fragilidad estructural del sistema regional.
  • Paraguay y Uruguay muestran buenos rendimientos y autoabastecimiento, pero sus volúmenes —menos de un millón de toneladas exportables cada uno— son gotas en un océano de demanda global.
  • Los precios récord que deberían incentivar la producción resultan impotentes ante limitantes técnicas y climáticas que el dinero simplemente no puede resolver.

Cuando Rusia invadió Ucrania en febrero de 2022, América del Sur pareció estar en posición de salvar al mundo de una crisis alimentaria. Rusia, sancionada, es el cuarto productor mundial de trigo; Ucrania, el séptimo, vio caer su producción un 30 por ciento; India, el tercero, cerró sus exportaciones. La lógica geográfica señalaba al Cono Sur. Pero la realidad agrícola resultó más complicada.

Brasil ilustra el dilema con claridad: aunque aumentará su superficie sembrada entre un 3 y un 11 por ciento en 2022, el país consume 12,7 millones de toneladas anuales y no se autoabastece. Es el octavo mayor importador mundial, y la lógica logística empuja a sus agricultores a exportar antes que vender localmente, profundizando su dependencia. El 87 por ciento de lo que Brasil importa proviene de Argentina, una relación que revela cuán frágil es el sistema.

Argentina, por su parte, enfrenta un obstáculo que ningún precio puede superar: la sequía. Se espera una caída del 8 por ciento en el área sembrada, no por razones económicas sino climáticas. Sembrar trigo con suelos secos comprometería la cosecha de soja posterior, más valiosa. A eso se suman fertilizantes encarecidos por la guerra, lo que lleva a los productores a reducir su paquete tecnológico y limitar rendimientos.

Paraguay y Uruguay tienen historias menos dramáticas pero igualmente insuficientes. Paraguay se autoabastece y exporta unas 700.000 toneladas; Uruguay exportó cerca de un millón el año anterior. Ambos tienen buenos rendimientos, pero sus contribuciones son marginales frente a la demanda global.

La ironía es que los precios del trigo alcanzaron máximos históricos —460 dólares por tonelada— sin lograr destrabar las limitantes reales. El clima, los costos y las necesidades internas trazan fronteras que la geografía agrícola, por sí sola, no puede borrar.

Cuando Rusia invadió Ucrania en febrero de 2022, los ojos del mundo se giraron hacia América del Sur. Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay —países con reputación mundial como potencias agrícolas— parecían estar en posición de llenar el vacío dejado por dos de los mayores productores de trigo del planeta. Rusia, sancionada internacionalmente, es el cuarto productor mundial. Ucrania, el séptimo, vio desplomarse su producción en un 30 por ciento. India, el tercero, cerró sus exportaciones. La lógica parecía simple: el Cono Sur podría convertirse en salvador de una crisis alimentaria global. Pero la realidad agrícola es más complicada que la geografía.

Brasil ilustra el dilema con claridad. El país aumentará su superficie de trigo sembrada entre un 3 y un 11 por ciento en 2022, pasando de 2,7 millones de hectáreas a poco más de tres millones, impulsado por precios récord y expectativas climáticas favorables. Sin embargo, Brasil consume 12,7 millones de toneladas anuales de trigo y esa cifra sigue creciendo. El país no se autoabastece. Peor aún: es el octavo mayor importador mundial, comprando 6,7 millones de toneladas a otros productores. Los costos de logística y transporte hacen que los agricultores del sur brasileño encuentren más rentable exportar que vender localmente, lo que profundiza la dependencia de importaciones. Argentina provee el 87 por ciento de lo que Brasil importa, una relación que revela cuán frágil es el sistema.

Argentina, por su parte, enfrenta un obstáculo que ningún precio récord puede superar: la sequía. Los analistas esperan una caída del 8 por ciento en el área sembrada de trigo, de 6,8 millones de hectáreas a 6,3 millones. La razón no es económica sino climática: falta humedad en el suelo. Los productores enfrentan una decisión difícil. El trigo se siembra tradicionalmente antes de la soja de verano, pero con las reservas de agua del terreno muy bajas, muchos deciden no arriesgarse. Reducir la humedad del suelo para sembrar trigo podría comprometer la cosecha de soja posterior, un cultivo más valioso. Además, los fertilizantes se han vuelto prohibitivamente caros por la guerra, y los productores anuncian que reducirán su paquete tecnológico, limitando aún más los rendimientos. El clima y la economía de guerra conspiran juntos contra la expansión.

Paraguay y Uruguay tienen historias menos dramáticas pero igualmente irrelevantes para resolver una crisis mundial. Paraguay es el único país subtropical que se autoabastece y exporta trigo, un logro notable. Pero sus números son pequeños: consume 700.000 toneladas y exporta otras 700.000, principalmente a Brasil y Chile. Los productores esperan una cosecha de entre 1 y 1,3 millones de toneladas en total. Uruguay exportó casi un millón de toneladas el año anterior y espera mantener volúmenes similares o levemente mayores. Ambos países tienen buenos rendimientos, pero sus contribuciones son gotas en un océano de demanda global.

La ironía es que los precios del trigo alcanzaron máximos históricos. El 16 de mayo de 2022, tras la prohibición de exportación de India, el grano cotizó a 438,25 euros por tonelada en el Euronext, aproximadamente 460 dólares. Esos precios deberían incentivar la expansión productiva. Pero no lo hacen. En Argentina, el clima seco es una limitante técnica que el dinero no puede resolver. En Brasil, la lógica económica de la logística empuja hacia las importaciones. En Paraguay y Uruguay, los volúmenes simplemente no son suficientes para mover la aguja global. La reputación de granero del mundo resulta ser un título sin poder ejecutivo en una crisis de esta magnitud. El Mercosur produce mucho trigo, pero no el suficiente para compensar la pérdida de Rusia, Ucrania e India. La geografía agrícola no es destino cuando el clima, los costos y las necesidades internas trazan sus propias fronteras.

Se espera una caída del área sembrada de trigo de alrededor del 8%. Esto se debe a una faltante de humedad muy importante. Es una limitante técnico climática la que incide en la reducción, algo que estos precios no van a compensar
— Tomás Rodríguez Zurro, analista de la Bolsa de granos de Rosario
Paraguay es el único país subtropical que se autoabastece y exporta trigo, pero nuestros volúmenes no son importantes en el juego mundial
— Héctor Cristaldo, presidente de la Unión de Gremios de la Producción de Paraguay
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué Brasil, siendo un productor importante, sigue importando tanto trigo?

Model

Porque los costos de transporte hacen que sea más rentable para los agricultores del sur vender al exterior que abastecer el mercado interno. Brasil consume más de lo que produce, así que termina importando lo que sus propios agricultores prefieren exportar.

Inventor

¿Y Argentina no puede simplemente sembrar más?

Model

No. Hay una sequía importante. Los productores necesitan agua en el suelo para la próxima cosecha de soja, que es más valiosa. Además, los fertilizantes están caros por la guerra, así que muchos reducen su inversión tecnológica. El clima no negocia con los precios.

Inventor

Entonces Paraguay y Uruguay son la solución.

Model

No. Paraguay exporta 700.000 toneladas, Uruguay casi un millón. Son números respetables localmente, pero insignificantes en un mercado mundial que necesita decenas de millones de toneladas. Son gotas en un océano.

Inventor

¿Qué pasó con los precios récord? ¿No deberían motivar más producción?

Model

Deberían, pero no pueden superar las limitaciones reales. Un precio alto no trae lluvia a Argentina ni cambia la ecuación de costos en Brasil. El dinero tiene límites cuando se enfrenta a la sequía y la logística.

Inventor

Entonces, ¿el Mercosur no es la solución?

Model

No. Produce mucho trigo, pero no lo suficiente para compensar lo que perdimos con Rusia, Ucrania e India. La reputación agrícola no es lo mismo que la capacidad real de resolver una crisis global.

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