Nunca había visto tantos cadáveres llegar para la incineración
En la primera semana de mayo de 2021, India se convirtió en el epicentro más doloroso de la pandemia global: casi la mitad de todos los contagios del mundo y una de cada cuatro muertes ocurrían en su territorio. Detrás de los números oficiales —ya de por sí devastadores— los expertos advertían que la realidad podía ser hasta diez veces peor. Los crematorios ardiendo sin descanso, con familias esperando en calles y parques, revelaban lo que las estadísticas no alcanzaban a contener: una catástrofe humana de proporciones históricas.
- India registró 3.780 muertes en un solo día, su cifra más letal desde el inicio de la pandemia, mientras los contagios diarios superaban los 382.000 casos.
- Los expertos advierten que las cifras reales podrían ser entre cinco y diez veces mayores a las reportadas oficialmente, sugiriendo un subregistro masivo y sistemático.
- Los crematorios de ciudades como Surat operan las veinticuatro horas, incinerando más de cien cadáveres diarios —una cifra que por sí sola supera los muertos oficiales por COVID-19 que reconoce el gobierno.
- Las familias aguardan durante horas en calles y parques para cremar a sus difuntos, mientras algunos operarios cobran hasta veinte veces la tarifa habitual ante la demanda desbordada.
- Lo que comenzó como una crisis sanitaria se ha transformado en una emergencia humanitaria visible en cada rincón de las ciudades indias, sin señales inmediatas de alivio.
En la primera semana de mayo de 2021, India atravesaba una catástrofe sanitaria sin precedentes. El miércoles de esa semana el país registró 3.780 muertes por coronavirus en veinticuatro horas, su cifra más alta desde el inicio de la pandemia, como reflejo de una segunda ola que había llevado al sistema de salud al borde del colapso.
Según la OMS, India concentraba el 46% de todos los casos globales de esa semana y el 25% de las muertes mundiales. Los datos oficiales del Ministerio de Salud indio registraban 20,6 millones de casos activos y 226.188 fallecidos acumulados. Sin embargo, los expertos en salud pública advertían que los números reales podían ser entre cinco y diez veces superiores a los reportados. La velocidad del avance era igualmente alarmante: India había duplicado sus primeros diez millones de infecciones en menos de la mitad del tiempo que le tomó acumularlos.
La magnitud de la crisis se hacía visible en los crematorios. En ciudades como Surat, estas instalaciones funcionaban sin pausa, procesando tres o cuatro veces más cadáveres de lo habitual. Prashant Kabrawala, gerente del crematorio Ashwinikumar con décadas de experiencia, declaró a Reuters que nunca había presenciado nada semejante. Los crematorios incineraban más de cien cuerpos diarios, una cifra que por sí sola superaba las muertes oficiales por COVID-19 que reconocía el gobierno.
Las familias esperaban durante horas en calles y parques cercanos, mientras algunos operarios cobraban hasta veinte veces la tarifa normal por realizar las incineraciones. La infraestructura funeraria del país estaba completamente desbordada. Lo que había comenzado como una crisis de salud pública se había convertido en una crisis humanitaria visible en cada esquina de las ciudades indias.
En la primera semana de mayo de 2021, India estaba atravesando una catástrofe sanitaria sin precedentes. El miércoles de esa semana, el país registró 3.780 muertes por coronavirus en apenas veinticuatro horas, la cifra más alta desde el comienzo de la pandemia. No era un pico aislado sino el reflejo de una segunda ola que había puesto al sistema de salud al borde del colapso total. Cada día traía nuevos récords de contagios y fallecimientos.
Según la Organización Mundial de la Salud, India concentraba el 46 por ciento de todos los casos de coronavirus reportados globalmente en esa semana, además del 25 por ciento de las muertes mundiales por la enfermedad. Los números oficiales del Ministerio de Salud indio mostraban 20.6 millones de casos activos en el país, con 382.315 nuevas infecciones registradas en un solo día y un total acumulado de 226.188 fallecidos. Entre el 27 de abril y el 4 de mayo, de los 5.7 millones de casos confirmados a nivel mundial, 2.6 millones correspondían a India. En ese mismo período, de las 93.523 muertes reportadas en todo el mundo, 23.231 ocurrieron en territorio indio.
Pero los expertos en salud pública advertían que estas cifras oficiales ocultaban la verdadera magnitud de la crisis. Estimaban que los números reales podrían ser entre cinco y diez veces superiores a los que difundían el gobierno y los organismos internacionales. La velocidad del avance era también alarmante: India había acumulado diez millones de infecciones en poco más de cuatro meses, mientras que los primeros diez millones habían tardado diez meses en acumularse.
La realidad de la catástrofe se hacía visible en los crematorios de las ciudades indias. Las imágenes de piras ardiendo con cuerpos de víctimas del coronavirus circulaban por todo el mundo. En ciudades como Surat, en el oeste del país, los crematorios funcionaban sin parar, veinticuatro horas al día, procesando tres o cuatro veces más cadáveres de lo que era normal. Prashant Kabrawala, gerente del crematorio Ashwinikumar en Surat, llevaba trabajando en ese lugar desde 2005 y había estado visitándolo regularmente desde 1987, pero nunca había presenciado nada parecido. "En todos estos años nunca había visto tantos cadáveres llegar para la incineración", declaró a Reuters.
Los crematorios estaban incinerando más de cien cadáveres diarios, una cifra que por sí sola superaba los números oficiales de muertes por coronavirus que reportaba el gobierno. Las familias de los difuntos se quedaban esperando alrededor de los crematorios, en las calles o en parques cercanos, mientras negociaban con los operarios. Algunos cobraban cien dólares o incluso veinte veces más de la tarifa normal por realizar las incineraciones. La infraestructura funeraria del país estaba completamente desbordada, incapaz de procesar la cantidad de muertes que la segunda ola estaba generando. Lo que había comenzado como una crisis de salud pública se había convertido en una crisis humanitaria visible en cada esquina de las ciudades indias.
Notable Quotes
En todos estos años nunca había visto tantos cadáveres llegar para la incineración— Prashant Kabrawala, gerente del crematorio Ashwinikumar en Surat
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué India llegó a concentrar casi la mitad de los casos mundiales en ese momento específico?
La segunda ola fue devastadora porque el virus encontró una población vulnerable después de meses de relajación de medidas. Además, las variantes más transmisibles circulaban sin control.
Los números oficiales parecen ser solo la punta del iceberg. ¿Qué tan grave era realmente la situación?
Los expertos creían que las cifras reales eran cinco a diez veces mayores. Los crematorios incineraban más de cien cuerpos diarios, lo que sugería que muchas muertes nunca se registraban oficialmente.
¿Cómo llegó el sistema funerario a ese punto de colapso?
Los crematorios estaban diseñados para procesar una cantidad normal de cuerpos. De repente, se vieron obligados a trabajar veinticuatro horas al día, triplicando o cuadriplicando su capacidad. Simplemente no había infraestructura suficiente.
¿Qué significa para las familias esperar en la calle para cremar a sus muertos?
Significa que la muerte se volvió pública, sin dignidad. Las familias negociaban precios inflados, esperaban horas en parques, mientras el país intentaba ocultar la verdadera escala de lo que estaba sucediendo.
¿Cómo se llegó a acumular diez millones de casos en cuatro meses cuando antes había tardado diez meses?
La segunda ola fue exponencialmente más rápida y más letal. El virus se propagaba más fácilmente, las variantes eran más transmisibles, y la población estaba menos protegida de lo que se creía.