Estudio italiano sugiere que COVID-19 circulaba en septiembre de 2019, meses antes del reconocimiento chino

Más de 1.300.000 muertes globales atribuidas al COVID-19; represalias contra médicos denunciantes como Li Wenliang, quien falleció tras contraer el virus.
El virus circulaba silenciosamente mientras las autoridades lo ocultaban deliberadamente
Investigadores italianos descubrieron que el SARS-CoV-2 se propagaba en Italia desde septiembre de 2019, meses antes de que China informara a la OMS.

Meses antes de que China reconociera la existencia de un nuevo patógeno, el SARS-CoV-2 ya circulaba silenciosamente entre ciudadanos italianos, según revela un estudio serológico del Instituto Nacional de Cáncer de Milán. El hallazgo, que sitúa la presencia del virus en septiembre de 2019, desplaza la cronología oficial de la pandemia y reaviva preguntas sobre la responsabilidad de quienes guardaron silencio mientras el mundo permanecía sin defensas. En la historia de las grandes epidemias, el tiempo perdido siempre tiene un precio humano; esta vez, ese precio superó el millón de vidas.

  • Anticuerpos hallados en el 11,6% de voluntarios italianos sanos demuestran que el virus infectaba personas meses antes del primer caso oficial del país, el 21 de febrero de 2020.
  • Funcionarios locales y militares chinos ocultaron información sobre el brote de Wuhan, mientras el régimen censuraba a médicos como Li Wenliang, quien murió tras contraer el virus que intentó denunciar.
  • La OMS no fue notificada hasta el último día de 2019, privando al mundo de semanas o meses críticos para preparar una respuesta coordinada.
  • Investigadores italianos también registraron un número inusualmente alto de neumonías graves en Lombardía durante el último trimestre de 2019, convergiendo con los datos serológicos para trazar un mapa de propagación silenciosa.
  • La pregunta que queda sin respuesta —cuántas muertes habrían podido evitarse con información oportuna— convierte este hallazgo científico en un asunto de justicia histórica.

En septiembre de 2019, tres meses antes de que China reconociera públicamente la existencia de un nuevo virus, el coronavirus ya circulaba entre la población italiana. Un estudio del Instituto Nacional de Cáncer de Milán, basado en muestras de sangre de casi mil voluntarios sanos inscritos en un ensayo de detección de cáncer de pulmón, encontró que el 11,6% de los participantes ya había desarrollado anticuerpos contra el SARS-CoV-2, semanas o meses antes del primer caso oficial italiano registrado el 21 de febrero de 2020. Pruebas adicionales de la Universidad de Siena confirmaron el patrón: casos datados en la primera semana de octubre mostraban anticuerpos neutralizantes, lo que implica que la infección ocurrió en septiembre.

Giovanni Apolone, coautor del estudio, señaló que el hallazgo era especialmente significativo porque las personas sin síntomas no solo dieron positivo en pruebas serológicas, sino que poseían anticuerpos capaces de neutralizar el virus. Esto sugería que el coronavirus podía circular durante períodos prolongados con una tasa de letalidad baja, no porque estuviera desapareciendo, sino esperando para resurgir.

Mientras tanto, en China, la cadena de mando era opaca y fragmentada. Funcionarios locales y militares de Hubei ocultaban información a Beijing, una práctica habitual en el sistema de gobierno chino. Sin embargo, evaluaciones de inteligencia estadounidense, incluida la CIA, concluyeron que Xi Jinping y altos funcionarios conocían los peligros del nuevo virus en una etapa temprana y aun así optaron por ocultarlos. La OMS no fue notificada hasta el último día de 2019.

Durante ese período de silencio, el gobierno chino también reprimió a los médicos que intentaban alertar al público. Li Wenliang, quien advirtió a colegas sobre un virus similar al SARS, fue castigado, censurado y condenado al ostracismo; posteriormente contrajo COVID-19 y murió. La médica Ai Fen corrió una suerte similar. Los investigadores italianos también reportaron un número inusualmente alto de neumonías graves en Lombardía durante el último trimestre de 2019, una señal adicional de propagación temprana.

El costo global fue devastador: más de 1.300.000 muertes en todo el mundo. Lo que permanece sin respuesta es cuántas vidas se habrían salvado si la información hubiera fluido libremente desde el principio.

En septiembre de 2019, tres meses antes de que China reconociera públicamente la existencia de un nuevo virus, el coronavirus ya circulaba entre la población italiana. Así lo sugiere un estudio del Instituto Nacional de Cáncer de Milán que analizó muestras de sangre de casi mil voluntarios sanos inscritos en un ensayo de detección de cáncer de pulmón. El hallazgo reescribe la cronología conocida de la pandemia y plantea preguntas incómodas sobre cuándo exactamente el SARS-CoV-2 comenzó su expansión global.

Los investigadores italianos encontraron que el 11,6% de los 959 voluntarios que participaron en el estudio entre septiembre de 2019 y marzo de 2020 ya habían desarrollado anticuerpos contra el coronavirus. Esto significa que se habían contagiado semanas o meses antes de que Italia registrara su primer caso oficial el 21 de febrero en un pueblo cercano a Milán. La Universidad de Siena realizó pruebas adicionales que confirmaron el patrón: cuatro casos datados en la primera semana de octubre también mostraban anticuerpos neutralizantes, lo que implica que la infección ocurrió en septiembre. Giovanni Apolone, coautor del estudio publicado en Tumori Journal, explicó a Reuters que estos hallazgos eran particularmente significativos porque las personas sin síntomas no solo dieron positivo en las pruebas serológicas, sino que poseían anticuerpos capaces de neutralizar el virus. Esto sugería que el nuevo coronavirus podía circular entre la población durante períodos prolongados con una tasa de letalidad baja, no porque estuviera desapareciendo, sino simplemente esperando para resurgir.

Mientras tanto, en China, la cadena de mando estaba fragmentada y opaca. Según reportes publicados por The New York Times en agosto de ese año, la cúpula del Partido Comunista desconocía durante semanas lo que realmente sucedía en Wuhan y sus alrededores. Los funcionarios locales y militares de la provincia de Hubei ocultaban información, una práctica común en el sistema de gobierno chino donde los oficiales locales frecuentemente esconden datos a Beijing por temor a represalias. Sin embargo, las evaluaciones de agencias de inteligencia estadounidenses, incluyendo la CIA, concluyeron que Xi Jinping y otros altos funcionarios conocían los peligros del nuevo coronavirus en una etapa temprana y aún así se esforzaron por ocultarlos. El régimen no solo retuvo información de sus propios ciudadanos, sino que también la ocultó deliberadamente a la Organización Mundial de la Salud, que no fue notificada hasta el último día de 2019.

Durante este período de silencio sistemático, el gobierno chino también se dedicó a silenciar a los médicos que intentaban alertar al público. El caso más emblemático fue el de Li Wenliang, un profesional de la salud que informó a colegas sobre un nuevo virus similar al SARS que estaba causando estragos. Fue castigado por Beijing, censurado y condenado al ostracismo por sus advertencias. Posteriormente contrajo COVID-19 y murió. Su caso no fue aislado: otros médicos como Ai Fen también fueron ignorados y sancionados por intentar sonar la alarma.

Los investigadores italianos también reportaron a Reuters en marzo que habían observado un número inusualmente alto de casos de neumonía grave e influenza en Lombardía durante el último trimestre de 2019, una señal adicional de que el coronavirus circulaba antes de lo que se pensaba. Estos datos convergentes pintan un cuadro de un virus que se propagaba silenciosamente mientras las autoridades chinas lo ocultaban deliberadamente. El costo global fue devastador: más de 1.300.000 muertes en todo el mundo. Lo que permanece sin respuesta es cuántas vidas se habrían salvado si la información hubiera fluido libremente desde el principio, y cuán diferente habría sido la respuesta global si el mundo hubiera tenido semanas o meses adicionales de advertencia.

El nuevo coronavirus puede circular entre la población por mucho tiempo y con una baja tasa de letalidad no porque esté desapareciendo sino sólo para volver a surgir
— Giovanni Apolone, coautor del estudio del Instituto Nacional de Cáncer de Milán
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué un estudio sobre pacientes italianos de cáncer de pulmón termina revelando la verdadera cronología de una pandemia global?

Model

Porque esos voluntarios donaban sangre regularmente como parte del ensayo. Sus muestras quedaron congeladas, archivadas. Cuando la pandemia golpeó, los investigadores tuvieron la idea de volver atrás y probar esas muestras antiguas. Fue casi accidental.

Inventor

Entonces el virus estaba en Italia tres meses antes de que nadie lo supiera.

Model

Sí, pero aquí está lo perturbador: China ya sabía. O al menos, los altos funcionarios sabían. Los militares locales sabían. Simplemente no lo dijeron.

Inventor

¿Por qué ocultarían información sobre un virus mortal?

Model

Miedo a represalias, pérdida de cara política, control de la narrativa. En el sistema chino, los funcionarios locales ocultan malas noticias a Beijing constantemente. Pero esta vez, Beijing también ocultó la verdad al mundo.

Inventor

¿Y los médicos que intentaron advertir?

Model

Fueron castigados. Li Wenliang fue censurado, humillado públicamente. Luego contrajo el virus y murió. Su muerte fue un acto de silencio convertido en tragedia.

Inventor

¿Qué cambia si el mundo hubiera sabido en septiembre?

Model

Todo. Meses de preparación. Cadenas de suministro de equipos de protección. Investigación acelerada. Cuarentenas tempranas. Millones de vidas diferentes. Pero nunca lo sabremos.

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