En una sociedad que a menudo celebra los atajos, Ignacio González Prieto eligió el camino largo: cinco títulos universitarios construidos noche a noche, entre el trabajo periodístico y la vida familiar. Su reciente maestría en Criminología en UCES —obtenida con promedio de 9 y entre apenas tres egresados de veintisiete inscriptos— no es solo un logro académico, sino una declaración sobre el valor de los compromisos que uno se hace a sí mismo. El diploma que tembló en sus manos es, en el fondo, el peso acumulado de todas las noches en que pudo haber elegido descansar.