Identifican bacterias y metabolitos en el intestino vinculados a rasgos psicopáticos

Una asociación observable, pero sin prueba de causalidad
Los investigadores subrayan que los datos muestran correlación entre microbiota y rasgos psicopáticos, pero no demuestran que una cause la otra.
Mark

¿Por qué importa encontrar bacterias asociadas con rasgos psicopáticos si no podemos demostrar que las bacterias causen esos rasgos?

Mimi

Porque si existe una correlación real, eso abre preguntas fundamentales. Si ciertos perfiles bacterianos se asocian consistentemente con impulsividad o falta de empatía, entonces tal vez podamos entender mejor cómo funciona la personalidad a nivel biológico. Y si podemos medir eso objetivamente, sin depender de cuestionarios que la gente puede manipular, eso tiene valor clínico.

Mark

Pero ¿no es arriesgado sugerir que el intestino tiene algo que ver con la psicopatía cuando apenas estamos comenzando a entender el eje microbiota-intestino-cerebro?

Mimi

Es por eso que los investigadores fueron tan cuidadosos en sus conclusiones. No dicen que las bacterias hagan psicópatas. Dicen que hay una asociación observable. Es un primer paso, no una respuesta final. El riesgo real sería ignorar la asociación porque no es perfecta.

Mark

¿Qué pasa con la gente que tiene esas bacterias pero no tiene rasgos psicopáticos? ¿O al revés?

Mimi

Esa es exactamente la pregunta que los investigadores no pueden responder con este estudio. Por eso insisten en que se necesita más investigación en otras poblaciones. Una asociación estadística no es una regla universal. Algunos tendrán las bacterias sin los rasgos, otros tendrán los rasgos sin las bacterias.

Mark

¿Entonces cuál es el verdadero valor de este hallazgo en este momento?

Mimi

Es cartografía. Están mapeando un territorio que nadie había explorado antes. Si otros equipos en otros países encuentran patrones similares, entonces empezamos a tener algo sólido. Si no, entonces tal vez fue una particularidad de los adultos portugueses que estudiaron. Pero sin este primer paso, nunca lo sabríamos.

  • Por primera vez, un estudio identifica bacterias específicas —Allisonella, Prevotella y Cloacibacillus evryensis— presentes en mayor cantidad en personas con rasgos psicopáticos, añadiendo una dimensión biológica a un fenómeno que solía medirse solo con cuestionarios.
  • Los niveles elevados de glucosa y taurina en las heces de los participantes con más rasgos psicopáticos sugieren alteraciones en el metabolismo energético y en la regulación del sistema nervioso, lo que complica aún más el cuadro.
  • La posibilidad de desarrollar pruebas no invasivas basadas en muestras biológicas genera tanto entusiasmo como cautela: podrían complementar los cuestionarios actuales, pero también plantean dilemas éticos sobre el etiquetado biológico de la personalidad.
  • Los propios autores advierten con insistencia que los datos muestran correlación, no causalidad, y que la muestra —adultos portugueses sin enfermedades psiquiátricas graves— limita la generalización de los resultados.
  • El hallazgo se inscribe en la creciente evidencia sobre el eje microbiota-intestino-cerebro, pero la pregunta central permanece abierta: ¿son las bacterias las que influyen en la personalidad, o es la personalidad la que da forma al ecosistema microbiano?

En el cruce entre la biología y la identidad humana, investigadores de Porto y Oxford han hallado que ciertas bacterias intestinales y orales guardan una correlación estadística con rasgos psicopáticos como la impulsividad y la falta de empatía. El estudio, realizado con 200 adultos portugueses, no afirma que los microbios moldeen el carácter, sino que abre una pregunta más profunda: ¿hasta qué punto el cuerpo lleva inscrita la personalidad? La ciencia avanza con cautela, reconociendo que una asociación observable no es una causa demostrada, pero el hallazgo invita a repensar los límites entre lo biológico y lo conductual.

Un equipo de la Universidade do Porto y la University of Oxford ha publicado un hallazgo que hasta hace poco parecía improbable: ciertas bacterias presentes en el intestino y la boca se correlacionan con rasgos psicopáticos como la impulsividad, la manipulación y la falta de empatía. El estudio, publicado en abril de 2026 en Translational Psychiatry, trabajó con 200 adultos portugueses reclutados entre 2024 y 2025, excluyendo cuidadosamente a personas con obesidad, enfermedades psiquiátricas activas o consumo reciente de antibióticos.

Cada participante completó cuestionarios psicológicos validados y proporcionó muestras de heces, saliva y sangre. Los resultados mostraron que la diversidad general de la microbiota no difería entre grupos, pero sí aparecieron patrones específicos: tres bacterias intestinales —Allisonella, Prevotella y Cloacibacillus evryensis— eran más abundantes en quienes obtenían puntuaciones altas en rasgos psicopáticos, mientras que la bacteria bucal Treponema vincentii aparecía en menor proporción en ese mismo grupo. Además, los niveles de glucosa y taurina en las heces eran más elevados en personas con más características psicopáticas, independientemente de su edad, sexo o peso.

Los investigadores señalan que la conexión entre Allisonella y esos metabolitos podría indicar cambios en cómo el cuerpo utiliza la energía y regula el sistema nervioso, abriendo la puerta a pruebas biológicas no invasivas que complementen los cuestionarios tradicionales. Sin embargo, subrayan con énfasis que sus datos muestran asociación, no causalidad: ningún microbio transforma a una persona en psicópata.

El hallazgo se suma a la evidencia acumulada sobre el eje microbiota-intestino-cerebro, ese sistema de comunicación bidireccional por el que las bacterias intestinales pueden producir neurotransmisores y señales químicas que influyen en el estado de ánimo y la conducta. Pero la pregunta fundamental permanece sin respuesta: ¿influyen las bacterias en la personalidad, o es la personalidad la que da forma al ecosistema microbiano? Responderla requerirá estudios en poblaciones más diversas y diseños capaces de establecer causalidad.

Un equipo de investigadores de la Universidade do Porto y la University of Oxford ha encontrado algo que parecía improbable hace apenas unos años: marcas biológicas en el intestino y la boca que se correlacionan con rasgos psicopáticos. El descubrimiento, publicado en abril de 2026 en la revista Nature bajo el título Translational Psychiatry, sugiere que ciertos perfiles bacterianos y metabolitos presentes en las heces y la saliva mantienen vínculos cuantificables con características como la impulsividad, la manipulación y la falta de empatía. No es una prueba de que las bacterias hagan psicópatas a las personas, pero sí una asociación estadística observable que abre nuevas preguntas sobre cómo funciona la personalidad a nivel biológico.

El estudio, coordinado por Carolina F.F.A. Costa del Instituto de Ciências Biomédicas Abel Salazar, junto con Philip W.J. Burnet y Benedita Sampaio-Maia, trabajó con 200 adultos portugueses reclutados durante 2024 y 2025. Los investigadores fueron cuidadosos en su selección: excluyeron a personas con obesidad, enfermedades psiquiátricas activas (excepto ansiedad), consumo reciente de drogas o antibióticos. Cada participante respondió a cuestionarios validados supervisados por psicólogos especializados, utilizando la versión portuguesa de la Self-Report Psychopathy Scale-Short Form, un instrumento de 29 ítems que mide cinco dimensiones: manipulación interpersonal, insensibilidad afectiva, estilo de vida errático, antisocialidad y una puntuación total de psicopatía. Simultáneamente, se recogieron muestras de heces, saliva y sangre para analizar la composición microbiana mediante secuenciación y espectrometría de masas.

Lo que encontraron fue específico. La diversidad general de la microbiota intestinal y oral no mostraba diferencias notables entre grupos, pero sí aparecieron patrones claros en bacterias individuales. Tres especies bacterianas intestinales—Allisonella, Prevotella y Cloacibacillus evryensis—se presentaban en mayor cantidad en personas con puntuaciones altas en rasgos psicopáticos. En contraste, una bacteria bucal llamada Treponema vincentii aparecía en menor proporción en quienes mostraban estos mismos rasgos. Además, las personas con más características psicopáticas presentaban niveles más altos de glucosa y taurina en sus heces, independientemente de su edad, sexo o peso. Estos hallazgos sugieren que podría haber cambios en cómo el cuerpo absorbe la energía o regula el sistema nervioso, posiblemente vinculados al funcionamiento de los neurotransmisores y los ácidos biliares, que no solo colaboran en la digestión de grasas sino que también actúan como señales para controlar el metabolismo.

Los investigadores observaron una conexión entre la abundancia de Allisonella y los niveles de glucosa y taurina en las heces, lo que sugiere que ciertas bacterias podrían influir en cómo el cuerpo utiliza la energía y estar vinculadas a los rasgos psicopáticos. Este descubrimiento abre la puerta a la posibilidad de desarrollar pruebas sencillas y no invasivas, basadas en muestras biológicas, para detectar tendencias psicopáticas. Tales pruebas podrían complementar los cuestionarios habituales, que a veces pueden ser manipulados o estar sesgados por la intención del respondiente.

Pero aquí está el punto crucial que los propios autores subrayan con insistencia: los datos muestran asociación, no causalidad. En palabras del equipo liderado por Costa, plantearon la hipótesis de que la composición de la microbiota intestinal y oral podría estar asociada con rasgos de personalidad psicopática subclínica, y afirman que este es el primer estudio que explora esta asociación específica. Los investigadores son claros: estos resultados no significan que un microbio pueda transformar a una persona en psicópata. Existe una relación estadística observable, pero sin prueba alguna de que una cosa cause la otra. Además, advierten que la muestra incluyó solo adultos portugueses sin enfermedades psiquiátricas graves, por lo que será necesario realizar estudios en otras poblaciones y contextos para obtener conclusiones más amplias.

El principal aporte de este trabajo es la identificación de una posible huella biológica de los rasgos psicopáticos en adultos sanos, lo que contribuye a ampliar el conocimiento sobre la relación entre la microbiota y la personalidad. El contexto científico es importante: la relación entre la microbiota intestinal y oral y el funcionamiento del cerebro ha sido demostrada en numerosos estudios previos. El denominado eje microbiota-intestino-cerebro constituye un sistema de comunicación bidireccional entre el tubo digestivo y el sistema nervioso central. Las bacterias presentes en el intestino pueden producir neurotransmisores y señales químicas que viajan a través del nervio vago, influyendo en el estado de ánimo, la memoria, el estrés y otros aspectos de la salud mental. Este hallazgo portugués-británico se suma a esa comprensión más amplia, pero los propios autores reconocen que sus resultados están lejos de ser una prueba definitiva de lo que sugieren. Lo que queda es una puerta abierta: si estas asociaciones son reales, ¿qué las causa? ¿Influyen las bacterias en la personalidad, o la personalidad influye en las bacterias? Las respuestas requerirán más investigación, en poblaciones más diversas y con diseños que permitan establecer causalidad.

Planteamos la hipótesis de que la composición de la microbiota intestinal y oral podría estar asociada con rasgos de personalidad psicopática subclínica. Hasta donde sabemos, este es el primer estudio que explora esta asociación.
— Equipo liderado por Carolina F.F.A. Costa, Universidade do Porto
Los datos obtenidos únicamente muestran una asociación y no permiten afirmar que exista una relación de causa y efecto.
— Investigadores del estudio
Quer a matéria completa? Leia o original em Infobae ↗
Fale Conosco FAQ